La edición digital de Clarín titula hoy "En España quedaron enloquecidos con Agüero". El contenido de la noticia recoge comentarios elogiosos con el desempeño del Kun en el partido que enfrentó a su equipo, el Atlético de Madrid, con la Vojvodina de Novi Sad por el acceso a la liguilla de la Copa de la UEFA.
El frío y el calor son sensaciones que acompañan al ser humano desde el alba de los tiempos. O, por lo menos, desde que aquel infausto desliz de Eva nos privó de vivir en un Paraíso en el que aquellas sensaciones térmicas tan pedestres no existían.
Aplaudimos la lucha de Nelson Mandela que terminó con un régimen que había conseguido discriminar la población sudafricana en guetos, pero en la Argentina ahora estamos ensayando un nuevo paso de cangrejo.
En mi niñez y adolescencia Salta nos era pequeña, dormida y encantada por un mago que administraba el silencio. Íbamos al ritmo de nuestra molicie y hablábamos del mismo modo, arrastrando la voz, con un lenguaje castellano-indígena, deformado por la dificultad de los criollos que creaban palabras y expresiones cuando les era insuperable la dificultad del castellano. Se creó un lenguaje bello y alegre que hablado sin reservas, se podría asegurar que no cualquier argentino fuera capaz de desentrañar, ni aun hoy. En nuestros correos cruzamos con Luis Caro Figueroa algunas de estas expresiones que nos llenan el alma de alegría, cuando por ejemplo, le pregunté en nuestro lenguaje salteño que a veces usamos por pura diversión, si existía algún peligro de intromisión de extraños en una web en la que trabajábamos juntos, y me repuso que no me preocupara porque el programa estaba protegido y nadie podría zangolotear el comué.
“Nada es tan miserable como el soberbio desdén de la mayor parte de nuestros contemporáneos hacia las cuestiones de las formas”. Alexis de Tocqueville.
Un colectivo lleva en algún año de los 60 a José Pablo Feinmann hacia la Facultad de Filosofía de Buenos Aires. Repentinamente inspirado, José Pablo se da cuenta de que siempre ha estado leyendo a Hegel, a Husserl, a Heidegger y le pregunta a un acompañante, en medio de los bocinazos y frenazos del bondi: “¿Alguien hizo filosofía en este país?”