Si bien estaba concertado desde algunos días atrás para el pasado día lunes 3, el encuentro de este cronista con el maestro Luis Gorelik, director de la Orquesta Sinfónica de Salta, se produjo de modo más o menos casual en la céntrica calle de Preciados en Madrid.
Cada vez que nuestros gobernantes invierten tiempo y esfuerzos para convertir a Salta en una "plaza fuerte" del turismo invernal, no puedo evitar pensar que el mito de Salta -y del norte argentino en general- como "paraíso de invierno" es una creencia forjada por las clases medias porteñas.
José Saicha y J. Armando Caro en el control técnico de Sonovisión - año 1963
En casi un siglo, Salta incorporó el telégrafo por alambre (1872), después la telegrafía sin hilos, las comunicaciones entre radioaficionados (1925), la radio comercial (1930), la televisión por cable (1964) y la TV de señal abierta (1966).
En agosto de 1920, un grupo de radioaficionados porteños realizó la primera trasmisión de radio en directo en el país. Treinta y un años después, algunos de esos técnicos dirigieron la primera emisión de la televisión argentina.
Como muchos salteños de mi generación, no tengo reparos en considerarme a mi mismo como un producto de la gran revolución audiovisual de la segunda mitad del siglo XX, que tuvo a la televisión como indiscutida protagonista.
Los problemas que no
se abordan y
aquellos que no se
comprenden suelen
convertirse en
crónicos; dejan de
ser meramente de
coyuntura y tienden
a adquirir carácter
estructural. La
incorporación de
innovaciones
globales no
acompañadas de
reflexión ni sujetas
a procesos de
apropiación local
pueden resultar
implantes
artificiales los
que, lejos
de ser expresiones
de modernidad,
terminan
reproduciendo y
reforzando
estructuras de
atraso.