A la divulgación de conocimientos se le adhirió, como una rémora, esa marca despectiva que, desde antaño, acompaña a lo vulgar. Con ligereza, se tendió a equiparar el trabajo de divulgación con falta de rigor, tosquedad de estilo, lugar común y ordinariez. La divulgación no sólo se percibe aún como lo opuesto a especialización y refinamiento: se presenta, además, como una degradación y una de sus más burdas negaciones.
Una de las conquistas más notables del decadente régimen político salteño es la de haber conseguido difuminar las fronteras entre el Estado y la sociedad civil, hasta el extremo de no poder distinguir dónde termina la esfera pública y dónde comienza la privada.
Por qué una Escuela de Artes en el siglo XXI en Rosario
Rosario de la Frontera
Cuando el pintor Santiago Javier Rodríguez leyó el poema El Imperio, dijo: "Hagamos un mural en el bar de Belgrano y Sarmiento, de Rosario de la Frontera".
“Tierra y poder en Salta” (1), el libro de Sara Mata de López marca una ruptura con cierta historiografía local excesivamente ensimismada, demasiado expuesta a diluirse en la crónica pintoresca o en el anecdotario simplista. Más predispuesta a la contemplación narcisista que al esfuerzo comprensivo; más interesada en producir biografías laudatorias que en abrir interrogantes y más dada a cultivar certezas que a usar las herramientas críticas, esa historiografía languidece aunque resistiéndose a abandonar la escena.
Más allá de fortuitas coincidencias de calendario, los actuales problemas políticos de la Argentina presentan ciertas semejanzas con los de finales del siglo XIX y principios del XX.