Hace seis años tuve la suerte de participar en la puesta en marcha de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de Salta. Durante un periodo, breve pero intenso, me ocupé también de la dirección de estos estudios, tarea que intentaba compaginar con mi responsabilidad como decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de aquella Casa.
Un viejo profesor rosarino solía enseñar a sus discípulos que la constitución es aquel antiguo invento mediante el cual los seres humanos nos ponemos de acuerdo en lo fundamental para permitirnos luego disentir en todo lo demás. Se trataba de una forma ingeniosa, y no exenta de rigor, de poner de relieve el importantísimo papel que las constituciones desempeñan en las sociedades modernas, caracterizadas por la abundancia y multidimensionalidad sus conflictos, pero, al mismo tiempo también, por la existencia de cauces racionales e institucionalizados, cada vez más numerosos y sofisticados, para la resolución de aquellas controversias.
La reforma de la Constitución de Salta, que impulsan algunos incondicionales del gobernador Romero para favorecer su reelección indefinida, amenaza con convertirse en la operación política más inmoral de la historia institucional de nuestra Provincia. Las primeras reacciones sociales avisan que, tras casi ocho años de cerrada autocracia, los salteños ya no están tan dispuestos como antes a abrir créditos
Robert J. Lieber visitó Salta durante el invierno austral de 1998. Lo hizo en su carácter de profesor del Departamento de Gobierno de Georgetown University y en el marco del Certificate Program on Globalization que aquella prestigiosa universidad norteamericana impartió en concierto con la Universidad Católica de Salta. Fui alumno del profesor Lieber y compartí con él, además de las horas de clase,
Unas de las grandes paradojas de la política moderna es el hecho, suficientemente comprobado, de que la actividad política ya no es capaz de concitar el interés y promover la participación de los mejores, de los más capaces, de los más honrados. Esta circunstancia, que es especialmente grave en algunos sistemas políticos avanzados, es objeto de preocupación y estudio en países como los Estados Unidos, en donde, es sabido, que hasta el fenómeno natural más insignificante es capaz de proyectar consecuencias insospechadas sobre los delicados equilibrios del poder.