Mi desorientada interlocutora no atinaba a encontrar las palabras
adecuadas para contraargumentar y replicar la temeraria afirmación que
acababa de hacerle. "La pobreza de las relaciones sociales en Salta es
alarmante", dije, y con ello no sólo no conseguí su aprobación, sino
que anticipé el final de un -hasta entonces- agradable paseo matinal
por las calles salteñas.
En 1592, diez años después de la fundación de Salta, morían en Madrid
dos personajes importantes cuyos recíprocos enconos marcaron a fuego
sus orígenes: el licenciado Hernando de Lerma, su controvertido
fundador, y el dominico Francisco de Victoria, primer obispo del
Tucumán. Lerma se apagó en una oscura celda, acosado por la pobreza
"sin tener con que se dijese una misa". En el convento de Atocha, cerca
de allí, murió el también discutido Victoria.
Nuevamente, en la zona norte de nuestra provincia, a cuatro años del
primer corte ocurrido en 1997, nos encontramos con un complejo
conflicto social, y las consecuencias de violencia y sus derivaciones
que reiteradamente este hecho produce. En esta oportunidad con dos
personas fallecidas que se agregan a una lista por demás ya extensa.
El economista de Chicago y profesor de la School of Management del
prestigioso MIT, ha hecho saltar por los aires el debate sobre la
crisis argentina, proponiendo recientemente que nuestro país renuncie
temporalmente a su soberanía en materia financiera y someta a un
estricto control exterior a su gasto público, a su emisión de moneda y
a su administración de impuestos.
El Noroeste de Salta, mi Provincia, es una zona rica y plena de
posibilidades de crecimiento económico y de desarrollo humano. Empero
muchos de sus habitantes carecen de empleo, viven en la pobreza o no
encuentran, sobre todos los jóvenes, un horizonte de futuro dentro del
cual construir sus vidas. Para colmo de males, de un tiempo a esta
parte vienen reiterándose prácticas violentas que se montan sobre
reivindicaciones generalmente legítimas.