Martha Grondona construye una voz de mujer que, como muchas en nuestro espacio actual, busca agresivamente poner en circulación la voz de la propia otredad. Esta escritura -en su corta pero intensa trayectoria- emerge con fuerza casi violenta y se incorpora con eficacia en el contexto de una escritura femenina que, desde la primera expresión transgresora de J. M. Gorriti, entrama una mirada alternativa en nuestra cultura.
Desde que la recatada vida judicial ha empezado a reclamar algún protagonismo en los medios de comunicación, y más claramente aún, desde que éstos han encontrado en aquélla un inagotable filón para saciar su incontenible apetito de fisgar en las vidas y fortunas ajenas, el lenguaje de los tribunales se ha convertido en una caótica avenida de doble vía, de la que son tributarios, de un lado, jueces, secretarios, fiscales y abogados y, del otro, los tan modernos como improvisados analistas judiciales de la prensa.
Uno de los atractivos turísticos de renombre mundial en América Latina es la Casa de Moneda de Potosí, cuya historia fascina por su estructura arquitectónica, su insospechada tarea de acuñación durante siglos y por sus obras de arte y los documentos reveladores que guarda desde que se ha convertido en Museo de Arte retrospectivo y Archivo Histórico de América y el orbe entero.
Primera Casa de Moneda
La primera Casa de Moneda se levantó en Potosí entre 1572 y 1575 por orden del Virrey de Lima Francisco de Toledo atendiendo el pedido de los ya acaudalados mineros. Transcurrían treinta años del descubrimiento y explotación de la plata del Cerro Rico. Esta ceca funcionó hasta 1773 -nada menos que 198 años- acuñando monedas que, pese a su forma rudimentaria tenían circulación en América y Europa. Eran fabricadas a martillo, razón por la cual se denominaban "macuquinas" que proviene del vocablo quechua, "macaicuna" que quiere decir justamente "hechas a golpe".
El autor de esta nota biográfica del Dr. Zavaleta, el Dr. Julio Vicente Uriburu, es hijo y nieto de médicos y a su vez padre de un nuevo médico de su estirpe. Su padre y abuelo fueron salteños y él mismo vino a Salta varias veces, generalmente invitado por el Círculo Médico y núcleo de colegas de nuestra provincia donde pronunció conferencias muy celebradas.
Es miembro de la Academia Nacional de Medicina en Buenos Aires y su Boletín ha publicado numerosos trabajos suyos desde 1966, año en el que se incorporó como vocal a la Academia Nacional de Medicina, en la que desempeñó múltiples funciones como Secretario, Vicepresidente y Presidente de la Academia.
Los trabajos científicos del Dr. Uriburu han alcanzado relieve mundial y el Boletín de la Academia no sólo ha recogido sus publicaciones científicas sino también del orden literario y biográfico de eminentes médicos argentinos con quienes trabajó durante muchos años. Pronto el Dr. Uriburu ingresó a las salas de cirugía del propio Dr. Diego Zavaleta y de los Dres. Enrique y Ricardo Finochietto. Y el mismo Dr. Uriburu luego de muchos años de cirugía condujo salas de la especialidad a la que concurrieron médicos salteños.
Sus libros alcanzaron relieve internacional por traducciones al inglés, alemán, francés, ruso y también al idioma chino.
El Dr. Uriburu hizo la carrera en la Cátedra de Clínica Quirúrgica de la Universidad de Buenos Aires hasta alcanzar la titularidad de la misma por muchos años en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Numerosas veces fue invitado a Congresos Médicos de EE.UU., Inglaterra, Italia, España, Francia y países de América del Sur. En Salta dio cursos siempre calificados.
"Todo apóstol de una gran idea ha sido mártir de su propia causa"
Joaquín Castellanos
Pocos rasgos culturales caracterizan con tanta nitidez a los argentinos, como el de ser un pueblo que carece de memoria histórica, y esta reiterada anomalía no se debe precisamente a la inexistencia de investigadores de nuestro pasado - los hay y muy buenos - sino que lo paradójico, grave y enfermizo de ésta actitud colectiva es que la misma subyace y está latente, en el seno mismo de la sociedad nacional. Salta a pesar de poseer un invalorable caudal de testimonios acerca de nuestros más remotos orígenes, tampoco está exenta de padecer tal falencia. Tiempo atrás un reconocido periodista salteño planteaba la necesidad de enriquecer la comprensión de nuestro pasado de un modo tal, que nos permita reencontrarnos con nuestras raíces y explicitaba que la historia de Salta no podía quedar