Don Julio GONZÁLEZ, último Secretario Privado de la Presidenta de la República doña María Estela MARTÍNEZ de PERÓN (1974/1976), acaba de publicar un imprescindible libro de memorias ("Isabel Perón. Intimidades de un Gobierno", Editorial El Ateneo. 2007) que recoge sus calificadas impresiones acerca de los acontecimientos que culminaron con el golpe militar encabezado por el dictador Jorge VIDELA.
Dando por sabidas la historia de la llegada del Cristo a Salta, su posterior olvido por la población que lo había recibido alborozada y su posterior intervención salvadora en los terremotos de los que Salta no se libra a lo largo de los siglos, en esta ocasión nos interesa abordar el tema desde una perspectiva carente de intenciones reservadas o adherencia a alguna tendencia espiritual.
“Sujeto de alta peligrosidad”, “motochorro”, “estafador”, “depravado”, “delincuente”, “ladronzuelo”, “ladrón”, “malviviente”. En el matutino del gobernador, basta la sospecha de la policía o alguna pesquisa trascendida para calificar así a hombres que aparecen en sus crónicas policiales con apellido y nombre completo.
El que se ha ido sin regresar, añora porque no vuelve. Unos, al no poder disfrutar de los buenos momentos que se guardan en la memoria; otros, a causa de los recuerdos gratos de episodios que no se olvidan y se quiere revivirlos; se añora también a los amigos, a los familiares... la nostalgia tiene muchos rostros, tantos, como nostálgicos. Esto vendría a suponer que añorar es algo que no supera lo estrictamente personal y que la psique atornilla a cada cual donde más le duele.
Proliferan en Salta manipuladores del amor que, por 10$, prometen someter a rebeldes, infieles arrepentidos o indiferentes, apelando e embrujos de sorprendente eficacia.