¿Clave perdida? -
Ud. está aquí >Inicio arrow Artículos arrow Identidad salteña arrow La ciudad de Salta, convertida en el 'nuevo Caminito' de Quinquela Martín
sáb 31 jul 2010
Estilosalta.com
La ciudad de Salta, convertida en el 'nuevo Caminito' de Quinquela Martín PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Caro Figueroa, el lunes, 16 de febrero de 2009 (Ha sido leído 1348 veces)
Tengo que reconocer que las tres semanas exactas que ha durado mi reciente estancia en Salta no han resultado suficientes para reflexionar, en su debida profundidad, acerca de los avances y retrocesos que la ciudad ha experimentado durante los últimos ocho años; los mismos que ha durado las más prolongada de mis ausencias del lugar natal.

Llegaba ciertamente influido por voces que proclamaban aquello de que la ciudad "está más bonita que nunca" y que la transformación urbanística impulsada por el tardorromerismo era sólo comparable al envión modernista y humanizador con que Carlos III, en nombre de la ilustración y el neoclasicismo, transformó a Madrid en el siglo XVIII.

Del otro lado, pesaban también las críticas de quienes afirmaban, y siguen afirmando aún, que la "parte noble" de la ciudad de Salta se hallaba reducida a un puñado de cuadras alrededor de la Plaza 9 de Julio y que el resto comenzaba a parecerse, peligrosamente, a las orillas de Calcuta.

Aunque el balance final está todavía por confeccionarse, tengo que decir que al plantarme allí, de cuerpo presente, no me ha sido concedida la gracia de experimentar ninguna de las dos sensaciones. Es decir, que no me he sentido ni deslumbrado por los avances de la ciudad, ni desencantado, en grado sumo, por sus problemas más graves y, aparentemente, más irresolubles.

Recuerdo vagamente una conversación que tuve, hace años, con el doctor Enrique Tanoni, que llevaba por entonces muy pocos días al frente de la intendencia municipal de Salta, a la sazón, intervenida por el gobierno provincial. Mientras Tanoni se lamentaba -de verdad- por haber encontrado dinero público detrás de un cuadro que adornaba su despacho y un cuaderno con una "contabilidad de carnicero", como toda herencia administrativa de sus antecesores, recuerdo que -hablando de bueyes perdidos- alcancé a comentarle mi preocupación por el hecho de que la ciudad, con casi medio millón de habitantes, carecía de accesos, mientras su área suburbana estaba creciendo en forma exponencial.

No fue a Tanoni sino a nuestro peculiar y desitalianizado Carlos III al que le tocó en suerte llevar adelante una especie de revolución en materia de accesos a la ciudad, que -para bien o para mal- hoy han cambiado la fisonomía y la fisiología de la ciudad y su relación con los espacios periféricos.

Pero no quisiera detenerme en esta cuestión, pues pienso que podría ser materia para un artículo aparte.

Sobre lo que sí quisiera llamar la atención ahora es acerca de esta especie de esquizofrenia urbanística y arquitectónica que padece la ciudad. Tal vez sea la misma el resultado de las tensiones y enfrentamientos entre quienes creen que todavía es posible rescatar los equilibrios urbanos de los años cincuenta y sesenta y aquellos otros que piensan que Salta debe abjurar de sus raíces y convertirse en una urbe "moderna", tallada hacia arriba entre verdes serranías, al estilo de Caracas o Bogotá.

Recuerdo a un cierto ingeniero que, a mediados de los 90 y como plataforma electoral de su candidatura a intendente, distribuía en el Shopping un "proyecto urbanístico" que contemplaba la "total reforestación de la ciudad", lo que -bien leído- equivalía a arrancar las casas y edificios de sus cimientos para, en su lugar, plantar árboles y especies del "monte nativo". Si de retroceder se trata, ¡Qué mejor que hacerlo hasta el momento del mismísimo big bang!

Aquel proyecto apuntaba a volver las cosas tal y como estaban aún antes de que aquel aborigen inspirado, presa de un síndrome de Stendhal por entonces no diagnosticado, se le ocurriera pronunciar aquello de "Sagta". Se trataba, obviamente, de una imperdonable confusión entre las políticas de reforestación y de arbolado urbano.

Algunos creen, pues, que toda solución principia en volver hacia atrás. Otros, en cambio, creen que no hay más remedio que mirar hacia adelante, pero muchas veces este "mirar hacia adelante" equivale a "mirar hacia arriba", y allí nos encontramos con un problema.

La absurda teoría del gran planificador urbano (a sueldo municipal) de que "en el centro de Salta ya no vive la gente", parece estar avalando soluciones deshumanizadas para aquella parte de la ciudad en dónde se supone -y muy mal, por cierto- que ya sólo hay pequeños comercios, ventas de sandwiches de miga y consultorios de profesionales liberales.

Entre estas soluciones están los intentos de convertir el centro de la ciudad en un gran área de servicios para el turista. Parece que la consigna es llamar la atención del turista a como dé lugar; poco importa si en este empeño desconocemos nuestra propia esencia.

A veces olvidamos que el turista desea conocer Salta "tal como es" y rechaza los productos de compromiso. Un amasijo pensado para satisfacer los gustos y necesidades que los salteños imaginan que el turista posee, es sólo un ejercicio de fantasía que no beneficia a Salta en ningún sentido. Una Salta demasiado "turística" es, paradójicamente, una Salta cada vez menos atractiva turísticamente.

En un momento que no me atrevo a precisar, Salta ha dado un giro copernicano hacia la policromía urbana. Se trata de un fenómeno muy difícil de percibir por los salteños residentes, y sólo quienes visitamos la ciudad de tanto en tanto somos capaces de advertir. Alguien parece haber aconsejado a los arquitectos que cuanto más colorinches y pintarrajeados estén los inmuebles del centro, mayor será su atractivo turístico. Mucho me temo que se han equivocado.

Viejas casas, con nobles revoques envejecidos por el tiempo, con muros blanqueados con pulcritud andaluza o con prolijos revestimientos de piedra, están sustituyendo sus fachadas por agresivos colores, en nombre de vaya a saber uno qué escuela de urbanismo, que nos aleja culturalmente de los parámetros clásicos altoperuanos y nos coloca a la altura de lugares como el pelourinho de Salvador de Bahía o los suburbios de New Orleans.

Por mor de los colores chillones, algunas calles del centro de Salta se parecen hoy más a la Boca y a su famoso Caminito (pintado por Quinquela Martín e inmortalizado por Gabino Coria Peñaloza), que a la Salta más sobria que todos hemos conocido y admirado alguna vez. Quizá se trata de una adaptación incaica del Art Déco que predomina en algunas urbes modernas como Miami.

Recuerdo que algún despistado, de aquellos que nunca faltan, acudió a mi padre con la idea de que había que pintar el monumento a Facundo de Zuviría, esculpido por Lola Mora y que luce hoy apagado en algún rincón del Parque San Martín. Mi padre respondió con la energía vocal que lo caracterizaba: "¡Pero hijo, eso es como darle una mano de cal a las Pirámides de Egipto!"

Me gustaría hablar en broma, pero no puedo sino ponerme serio a la hora de decir que las huellas de la vieja arquitectura de la primera mitad del siglo XX en Salta, duermen hoy tapadas, de forma cruel y desproporcionada, por litros y litros de Duralba, sin que ello provoque la más mínima reacción de pudor ciudadano.

Probablemente el colorinche indique que en una vieja casona del centro ya no habitan sus viejos moradores sino que se ha convertido en un hostal, en una sandwichería, en un cíber o en un drugstore. Quienes aún viven en el centro parecen mantener sus casas como de costumbre, no vaya a ser cosa de que la gente comience a señalarlos con el dedo por aquello de vivir en la casa fucsia o en la de color zanahoria.

Va siendo hora de que el Concejo Deliberante, empeñado como está en luchar contra la polución estética y visual, emita una ordenanza regulando el aspecto que deben de tener las fachadas de la ciudad y que el color de las mismas pase a tener la consideración de un límite o restricción administrativa al dominio. Para que los amantes del "amarillo patito" lo utilicen para sus pijamas, pero no para esas paredes y muros con las que los salteños (y nuestras retinas) tenemos que convivir a diario.

Policromía urbana en Salta

Policromía urbana en Salta

Policromía urbana en Salta
 

Convocatoria Premio 2010

Premio Senador J. Armando Caro

Portal de Noticias

Nuestros números



 usuarios únicos.
104 online

Secuity Status

Un artículo que hizo historia

Malditos Pactos de La Moncloa

Las tribulaciones y los fracasos explícitos de la democracia argentina, que no son privativos de ningún gobierno en especial, y que se expresan cada tanto en sucesivas y cada vez más graves pérdidas del rumbo del sistema de gobierno, seguramente tienen algún responsable al que se podría identificar...

Contenido destacado

Sentimientos de un hincha en el exilio

Mundial de 1990 La primera escena transcurre en el bar de la estación de ferrocarril de Ávila, en España, un 18 de junio de 1990. La estación está desierta, pero, como sucede a menudo en este país cuando algún lugar está desierto, los bares no lo están en absoluto. Al contrario, aquel bar ...

Una ventana a Salta

a3.jpg
4 International Media & Newspapers
eXTReMe Tracker