¿Clave perdida? -
Ud. está aquí >Inicio arrow Textos rescatados arrow Textos rescatados arrow Las comparsas de indios en el carnaval norteño
sáb 13 mar 2010 purchase viagra onlinebuy CIALIS 20mgbuy cialis online
Estilosalta.com
Las comparsas de indios en el carnaval norteño PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Isabel Aretz – Thiele, el martes, 09 de junio de 2009 (Ha sido leído 1672 veces)

Antecedentes


Cuando llega el Carnaval, en los ingenios o en las poblaciones del noroeste argentino, los mozos del pueblo suelen organizar comparsas disfrazándose de indios. Hasta hace pocos años, esos "indios" daban lugar a grandes escándalos y desórdenes, y por ese motivo las autoridades policiales intervinieron prohibiendo los excesos.
 

Comparsa de indios en Salta
Comparsa de indios en Salta
Carezco de datos históricos sobre la antigüedad de esas comparsas. Conozco, en cambio, numerosos decretos destinados a reglamentar o reprimir el Carnaval en general. Uno de 1833, producido por el gobernador Heredia, de Tucumán, es tal vez el más interesante, pues nos permite comprobar la pervivencia de algunas costumbres populares. Se  basa el decreto en la manifiesta "oposición" del “Juego del Carnaval” con las "luces y civilización del día", pero considera que no es posible "arrancar de pronto las habitudes que ha adquirido el pueblo por la costumbre constante de muchos años atrás". Dedica el primer artículo a permitir "el juego del Carnaval, mientras no se ofenda la decencia y moral pública", y el segundo a prohibir "las correrías y galopes en grupo por las calles". El tercero, más sustancioso, autoriza "las reuniones, para cantar la vidalita, sin causar desorden ni perturbar la tranquilidad pública".

Un viajero de la época, don Edmundo Temple, ha pintado elocuentemente las correrías del Carnaval. A mi vez, podría escribir con sus palabras las escenas que he presenciado, hace dos años, durante mi permanencia en los Valles Calchaquíes. Las mismas "tropas de seres frenéticos" pasaban "al galope tendido por las calles, corriendo carreras por apuesta, quizá". Los mismos hombres y mujeres desfilaban con sus tambores, cantando a plenos pulmones.

Veremos después cómo nuestros "indios" también cantan; cantan "vidalitas" probablemente como las del decreto de 1833.

Las comparsas de indios verdaderos son muy antiguas, y creo que 1as actuales, formadas por muchachos criollos, más que un remedo de aquéllas, deben de ser su consecuencia.

Hacia 1870, un viajero francés, Charles Wiener, ve en el Perú, en el puerto Supe, comparsas de indios legítimos que recorren el pueblo cantando y bailando, y se van deteniendo "frente a las cabañas de los compadres". Agrega Wiener que algunas veces "encontrándose dos bandas se apostrofan y se provocan. Entonces, de ese torneo amistoso, los combatientes, vencedores o vencidos, salen siempre cubiertos de heridas"... Lo mismo ocurría hasta hace algunos años entre nuestros "indios” del Carnaval. En La Paz, indios y mestizos de ambos sexos organizan todavía comparsas disfrazándose como los "salvajes de El Beni”. Salen bailando como lo harían aquéllos y llevan acompañamiento de violín y bombo.

Organización


Toda comparsa tiene un jefe, denominado "cacique", que se ocupa de la organización y del movimiento del cuerpo a su cargo. Lo secunda en sus tareas un "ayudante" y a éste, a su vez, un par de segundos ayudantes apodados "tobas". Viene luego un número indeterminado de muchachos llamados "indios”. En Salta, Carlos Vega halló, en 1938, una comparsa que contaba, además,  con una serie de figurones esencialmente europeos. Eran éstos un "Rey" y un "Virrey” caracterizados corno diablos con corona, una media docena de "diablos rasos, sin corona", un "brujo", una "reina" y una "china", ambas hombres disfrazados de mujer, y un "sulka" o niño mascota. Esos personajes han sido, y son aún muy queridos por los indios del Altiplano que los mezclan continuamente a sus ceremonias pagano-cristianas.

Nuestro "cacique" usa un gorro especial que le confiere autoridad y que es la prenda más codiciada por los "enemigos". Lleva, además, una lanza o bastón y toca un silbato de "referee" para llamar la atención de sus subordinados. Los "indios" se disfrazan como tales, pero en todo caso, una gran diadema de plumas es la prenda de mayor caracterización. Cada comparsa va provista de una bolsa o "yisca" para recoger el dinero o las ofrendas más variadas. Como instrumentos musicales llevan siempre varias "cajas" o tambores, a veces guitarra o flauta con papel de seda.

La preparación de la música demanda mucho tiempo. Comienza por las "cajas" que han dormido un año colgadas en algún rincón del rancho y necesitan ser puestas a "tono". Para esto, les aflojan los parches, los remojan y los vuelven a extender; el tiento que los une es ajustado hasta dejar el cuero bien tendido. Y si la "caja" ya no sirve, se recurre a un "cajero" que por poco costo las hace muy buenas. Una "caja bien templada" es el primer requisito del Carnaval. Porque corno dice la copla popular:

Cuando la cajita es mala
el cantor no vale nada.
En compone y descompone
se le lleva la semana.


Listas las cajas, cada anochecer, desde varias semanas antes de las fiestas, los seudo indios se reúnen al oír el silbato del "cacique". Ahora tienen que "recorrer la memoria" para "sacar" las coplas que ha de cantar la comparsa. Dicta uno:

Dicen que Carnaval viene
por la lomita pelada.
Aquí lo estoy esperando
con la alojita colada.


Y otro:

Dicen que Carnaval viene
en el lugar del Ceibal.
Se han acabado las tunas,
queda el pencal.

Y así "brotan" las coplas. Unas son viejas, otras nuevas, muchas recreadas.

Lo mismo ocurre con la música. El “tono", es decir la melodía, es "concertado" cuidadosamente. Y junto con el "tono", el estribillo que habrá de repetirse intercalado entre los versos de cada copla, o entre una y otra.

Todo esto requiere largos ensayos. Desde lejos se los oye. Todas las tardes. Cantan horas...

Ofrezco a continuación la música de dos de estas canciones carnavaleras, que recogí durante uno de mis viajes a las provincias del Norte . La primera fue cantada por una comparsa infantil en el ingenio Santa Ana, en Tucumán. Las cuatro primeras frases musicales se adaptan a una copla octosílaba; las dos más pequeñas, repetidas, corresponden los cuatro versitos de un estribillo pentasílabo.

Los campesinos del Norte llaman a estas canciones "vidalitas" o "vidalas". Nosotros, para distinguir su especie de otra muy difundida que lleva el estribillo "vidalitá", adoptamos la denominación de Vidala 

Grabé la segunda a José Rosa Mores, un muchacho de Loreto, Santiago. Tiene esta Vidala forma más complicada que la anterior, pues los versos del estribillo, unidos por pares, aparecen alternativamente después de cada verso de la copla. La composición se repite íntegramente para completar una cuarteta.

En ambas canciones, la línea melódica anotada corresponde a la voz superior o del alto, ya que por lo general se cantan a dos voces, en terceras paralelas. En consecuencia, la tónica re no puede aparecer en el canto.   Ambas son bimodales, es decir, que pasan libremente del modo menor al mayor o viceversa. En el mayor, el cuarto grado está ascendido medio tono (si becuadro).
Las Vidalas son las piezas típicas de las comparsas. Carlos Vega recoge en Salta los nombres de "cautivo," “rigorosa", y "amistoso" aplicados a otras tanto Vidalas. Algunas veces cantan también otras canciones o ejecutan marchas.


Actuación


Cuando llega el Carnaval, sale la comparsa marchando en doble columna. Primero va en busca del patrón o de algún vecino caracterizado. Al llegar a la casa, se forma en media luna y canta versos "dedicados", como estos que oí en Santa Ana y que corresponden a la primera de las melodías:

Ahí tiene señor Alberto
hombre de "templo" y valor;
toda la gente me dice,
que tiene buen corazón.
Del pueblo Santa Ana
le vengo a cantar,
y no hago otra cosa
en el Carnaval.


Contribuye el homenajeado a la fiesta y sigue la caravana por el camino en busca de otras casas y otros dueños de casa...

Si le sale al paso otra comparsa, se establece un verdadero "duelo" de cantores. Cada comparsa se abre en una larga fila, y trata de "romper" el canto:

Cacique con su ayudante
¿qué anda haciendo por acá?
EN LA PUNTA DE MI LANZA
CAUTIVO LO VO’A LLEVAR.
No le conozco ventaja
al indio más satanás.
EN LA PUNTA DE MI LANZA
CAUTIVO LO VO'A LLEVAR.


Contesta la otra comparsa. Se hacen apuestas a cuál canta más y mejor. Y por lo general, terminan las dos en la pulpería...

Antiguamente, los encuentros solían ser más serios, pues los "indios" iban armados con lanzas de madera y puñales. Si llegaban a enfrentarse se originaban verdaderos combates dirigidos por los respectivos “caciques", defendiendo cada cual su zona e impidiendo el cruce al contrario.

En Salta, Carlos Vega anotó una curiosa formación. Según ella, cuando se encuentran dos comparsas, la primera realiza los "honores del caso", que consisten en "tirar las líneas y lanzar gritos indios, mientras evolucionan los delanteros". Si la otra comparsa contraria “manda suspender", "pasan a los honores amistosos" y se dan las manos. Si por el contrario, los "dejan seguir y cantan un rigoroso, empiezan los honores a cuadro, preliminares de la pelea". Formadas las comparsas frente a frente, realizan una serie de "movimientos de la línea”, tal como se aprecia en el siguiente diagrama:

Cuando la formación "no es justa y cerrada y queda alguno rezagado", los diablos contrarios lo “cautivan” y lo llevan a la retaguardia. Siguen entonces “evoluciones tendientes a rescatar al cautivo”. En caso de no conseguirlo, tienen que pagar el “rescate”, que varía según la jerarquía del cautivado.

Pero no paraban en esto los “indios”. Hasta hace pocos años, si encontraban en el camino a alguna persona, o a un grupo de personas, las cercaban haciéndolas también cautivas. En seguida le cantaban  versos como estos que publica don Juan Alfonso Carrizo en su "Cancionero Popular de La Rioja" y que recogió en Salta en 1926:

Pobrecito el cautivo
que está en su cautividad
PRESO EN LA JAULA
CAUTIVO ESTÁ.
Si el cautivo es Argentino
Llore  su cautividad
PRESO EN LA JAULA
CAUTIVO ESTA.
Si lo quieren rescatar
Cinco pesos nomás vale
PRESO EN LA JAULA
PAGUE NOMAS.


Y agrega Carrizo: "si es un caballero el apresado, él se rescata dándoles dinero y si es una niña, un caballero la rescata dando dinero por ella". De nada servía huir. Los "indios" eran tenaces y ligeros para perseguir a sus candidatos y el precio del rescate aumentaba proporcionalmente al "trabajo”.

Sin embargo, todo esto no tenía mayor importancia cuando las comparsas iban a pie. Las hubo a caballo y entonces sí que eran peligrosas. Originaban verdaderos malones y no había persona que pudiese esquivarlas. El año pasado cantaba un "indiecito" en un ingenio tucumano:

Con mi caballo y mi lanza
DEL ORIENTAL
Encuentro los "calchaquises"
PRIMAVERAL.


Estos versos tan indigentes traen el recuerdo de esos encuentros a caballo y con lanza. Con todo, no siempre ganaban los "indios". Ocurría algunas veces que un particular lograba robar el gorro al "cacique". Una prenda de tanta importancia debía ser necesariamente rescatada. Podía valer -según me relataron testigos presenciales en Tucumán- hasta doce cajones de cerveza...

Es fácil comprender que estos personajes  llegasen a constituir el terror de las gentes pacíficas, obligando a las autoridades a intervenir para reglamentar sus juegos o prohibirlos. Ya en 1874, "se prohíbe" en Tucumán "el juego del Carnaval a caballo”. Esta prohibición abarca a todos, "indios" o no. Probablemente se cumplió en parte y sólo en lo que respecta a la ciudad. Vimos cómo hoy todavía se estilan las corridas en la región de los Valles Calchaquíes. Y aun las "pechadas" a caballo, en las que participan inclusive las mujeres. En cuanto a los "indios a caballo", muchas personas de Tucumán conservan aún su recuerdo.

Las comparsas de "indios” a pie continúan apareciendo en la ciudad hasta muy entrado el siglo. En 1904 los diarios anuncian una. Muchos años después, en un "Edicto del Carnaval” del 20 de enero de 1925, con referencia a los “permisos para disfraz”, consta que “son prohibidos los trajes de sacerdote, vigilante, militar e indios”.

Hoy la costumbre de formar comparsas decae rápidamente. En algunas partes, sólo los niños juegan a los “indios”, como se aprecia en la fotografía que ilustra este artículo y que obtuvimos en Santa Ana, Tucumán. Disfrazados, como antes sus mayores y provistos de las mismas cajas, forman ruedas de doble hilera y dirigidos, también por un minúsculo “cacique”, brincan y bailan cantando. Sus cantos son siempre Vidalas, hondas y sentidas, con los textos por lo general muy deturpados, pero con su música tradicional.
Publicado en La Nación, Buenos Aires, domingo 11 de febrero de 1945. 
 

Convocatoria Premio 2010

Premio Senador J. Armando Caro

Portal de Noticias

Nuestros números



 usuarios únicos.
5 online

Un artículo que hizo historia

Hacia un Derecho Penal de autor

La Corte salteña anuló el procesamiento de un hombre acusado de abusar de su hijastra de 9 años. El tribunal ordenó un nuevo fallo que tenga en cuenta la cultura de esa comunidad indígena. Según un antropólogo, las niñas wichí tienen libertad sexual a partir de la...

Contenido destacado

Una cosa de locos

Tengo por costumbre andar de aquí para allá averiguando cosas, como una forma, entre tantas, de 'saber' antes de discurrir sobre algo y no desafinar tocando de oído, lo que, en esta circunstancia en particular, sería un acto de ligereza rayano en la irresponsabilidad o la locura.

Una ventana a Salta

a16.jpg
4 International Media & Newspapers
eXTReMe Tracker