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Textos rescatados
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Las comparsas de indios en el carnaval norteño
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Las comparsas de indios en el carnaval norteño
| Las comparsas de indios en el carnaval norteño |
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Escrito por el martes, 09 de junio de 2009 (Ha sido leído 1672 veces)AntecedentesCuando llega el Carnaval, en los ingenios o en las poblaciones del noroeste argentino, los mozos del pueblo suelen organizar comparsas disfrazándose de indios. Hasta hace pocos años, esos "indios" daban lugar a grandes escándalos y desórdenes, y por ese motivo las autoridades policiales intervinieron prohibiendo los excesos. Carezco de datos históricos sobre la antigüedad de esas comparsas. Conozco, en cambio, numerosos decretos destinados a reglamentar o reprimir el Carnaval en general. Uno de 1833, producido por el gobernador Heredia, de Tucumán, es tal vez el más interesante, pues nos permite comprobar la pervivencia de algunas costumbres populares. Se basa el decreto en la manifiesta "oposición" del “Juego del Carnaval” con las "luces y civilización del día", pero considera que no es posible "arrancar de pronto las habitudes que ha adquirido el pueblo por la costumbre constante de muchos años atrás". Dedica el primer artículo a permitir "el juego del Carnaval, mientras no se ofenda la decencia y moral pública", y el segundo a prohibir "las correrías y galopes en grupo por las calles". El tercero, más sustancioso, autoriza "las reuniones, para cantar la vidalita, sin causar desorden ni perturbar la tranquilidad pública". Un viajero de la época, don Edmundo Temple, ha pintado elocuentemente las correrías del Carnaval. A mi vez, podría escribir con sus palabras las escenas que he presenciado, hace dos años, durante mi permanencia en los Valles Calchaquíes. Las mismas "tropas de seres frenéticos" pasaban "al galope tendido por las calles, corriendo carreras por apuesta, quizá". Los mismos hombres y mujeres desfilaban con sus tambores, cantando a plenos pulmones. Veremos después cómo nuestros "indios" también cantan; cantan "vidalitas" probablemente como las del decreto de 1833. Las comparsas de indios verdaderos son muy antiguas, y creo que 1as actuales, formadas por muchachos criollos, más que un remedo de aquéllas, deben de ser su consecuencia. Hacia 1870, un viajero francés, Charles Wiener, ve en el Perú, en el puerto Supe, comparsas de indios legítimos que recorren el pueblo cantando y bailando, y se van deteniendo "frente a las cabañas de los compadres". Agrega Wiener que algunas veces "encontrándose dos bandas se apostrofan y se provocan. Entonces, de ese torneo amistoso, los combatientes, vencedores o vencidos, salen siempre cubiertos de heridas"... Lo mismo ocurría hasta hace algunos años entre nuestros "indios” del Carnaval. En La Paz, indios y mestizos de ambos sexos organizan todavía comparsas disfrazándose como los "salvajes de El Beni”. Salen bailando como lo harían aquéllos y llevan acompañamiento de violín y bombo. OrganizaciónToda comparsa tiene un jefe, denominado "cacique", que se ocupa de la organización y del movimiento del cuerpo a su cargo. Lo secunda en sus tareas un "ayudante" y a éste, a su vez, un par de segundos ayudantes apodados "tobas". Viene luego un número indeterminado de muchachos llamados "indios”. En Salta, Carlos Vega halló, en 1938, una comparsa que contaba, además, con una serie de figurones esencialmente europeos. Eran éstos un "Rey" y un "Virrey” caracterizados corno diablos con corona, una media docena de "diablos rasos, sin corona", un "brujo", una "reina" y una "china", ambas hombres disfrazados de mujer, y un "sulka" o niño mascota. Esos personajes han sido, y son aún muy queridos por los indios del Altiplano que los mezclan continuamente a sus ceremonias pagano-cristianas. Nuestro "cacique" usa un gorro especial que le confiere autoridad y que es la prenda más codiciada por los "enemigos". Lleva, además, una lanza o bastón y toca un silbato de "referee" para llamar la atención de sus subordinados. Los "indios" se disfrazan como tales, pero en todo caso, una gran diadema de plumas es la prenda de mayor caracterización. Cada comparsa va provista de una bolsa o "yisca" para recoger el dinero o las ofrendas más variadas. Como instrumentos musicales llevan siempre varias "cajas" o tambores, a veces guitarra o flauta con papel de seda. La preparación de la música demanda mucho tiempo. Comienza por las "cajas" que han dormido un año colgadas en algún rincón del rancho y necesitan ser puestas a "tono". Para esto, les aflojan los parches, los remojan y los vuelven a extender; el tiento que los une es ajustado hasta dejar el cuero bien tendido. Y si la "caja" ya no sirve, se recurre a un "cajero" que por poco costo las hace muy buenas. Una "caja bien templada" es el primer requisito del Carnaval. Porque corno dice la copla popular: Cuando la cajita es mala el cantor no vale nada. En compone y descompone se le lleva la semana. Listas las cajas, cada anochecer, desde varias semanas antes de las fiestas, los seudo indios se reúnen al oír el silbato del "cacique". Ahora tienen que "recorrer la memoria" para "sacar" las coplas que ha de cantar la comparsa. Dicta uno: Dicen que Carnaval viene por la lomita pelada. Aquí lo estoy esperando con la alojita colada. Y otro: Dicen que Carnaval viene en el lugar del Ceibal. Se han acabado las tunas, queda el pencal. Y así "brotan" las coplas. Unas son viejas, otras nuevas, muchas recreadas. Lo mismo ocurre con la música. El “tono", es decir la melodía, es "concertado" cuidadosamente. Y junto con el "tono", el estribillo que habrá de repetirse intercalado entre los versos de cada copla, o entre una y otra. Todo esto requiere largos ensayos. Desde lejos se los oye. Todas las tardes. Cantan horas... Ofrezco a continuación la música de dos de estas canciones carnavaleras, que recogí durante uno de mis viajes a las provincias del Norte . La primera fue cantada por una comparsa infantil en el ingenio Santa Ana, en Tucumán. Las cuatro primeras frases musicales se adaptan a una copla octosílaba; las dos más pequeñas, repetidas, corresponden los cuatro versitos de un estribillo pentasílabo. Los campesinos del Norte llaman a estas canciones "vidalitas" o "vidalas". Nosotros, para distinguir su especie de otra muy difundida que lleva el estribillo "vidalitá", adoptamos la denominación de Vidala Grabé la segunda a José Rosa Mores, un muchacho de Loreto, Santiago. Tiene esta Vidala forma más complicada que la anterior, pues los versos del estribillo, unidos por pares, aparecen alternativamente después de cada verso de la copla. La composición se repite íntegramente para completar una cuarteta. En ambas canciones, la línea melódica anotada corresponde a la voz superior o del alto, ya que por lo general se cantan a dos voces, en terceras paralelas. En consecuencia, la tónica re no puede aparecer en el canto. Ambas son bimodales, es decir, que pasan libremente del modo menor al mayor o viceversa. En el mayor, el cuarto grado está ascendido medio tono (si becuadro). Las Vidalas son las piezas típicas de las comparsas. Carlos Vega recoge en Salta los nombres de "cautivo," “rigorosa", y "amistoso" aplicados a otras tanto Vidalas. Algunas veces cantan también otras canciones o ejecutan marchas.
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