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Economía y sociedad
Las iniciativas de 'reforma' de la niñez y la juventud de Salta y el mundo de los adultos
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Las iniciativas de 'reforma' de la niñez y la juventud de Salta y el mundo de los adultos
sáb
31
jul 2010
| Las iniciativas de 'reforma' de la niñez y la juventud de Salta y el mundo de los adultos |
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Escrito por el miércoles, 24 de febrero de 2010 (Ha sido leído 625 veces) Con cierta frecuencia -más de la que sería deseable- están dándose a conocer en Salta diferentes propuestas para "enderezar" la vida de los niños y jóvenes, a los que, en su mayoría, se considera potencialmente descarriados, portadores de vicios y malos hábitos de los más variados y peligrosos y carentes en absoluto de un futuro decente. Desde luego, no parece malo que una sociedad se preocupe de sus niños y de sus jóvenes, y que sus padres quieran -como alguna vez quiso José Luis Perales- saber "a qué dedica el tiempo libre" su hijo menor de edad. Los problemas con estas iniciativas son dos: El primero, que parece que la familia ya no pinta nada en la crianza y educación de los hijos y que todas las soluciones pasan por la intervención coactiva del Estado. El segundo, que cuando se convoca al Estado a intervenir, no se pide de éste que obre persuasivamente, como un padre cariñoso y preocupado, sino que se le exige que "dé leña" a los chicos, que emplee su fuerza, bien sea para que cumplan con un servicio obligatorio similar al militar, para que los más pequeños tengan instrucción bélica durante dos horas diarias, para que el Estado los absorba en sus cuerpos policiales o, más recientemente, para que se eduquen en una escuela de boxeo, para que se 'hagan hombres' o para que tengan 'el poncho bien puesto'. Pero guay con que una maestra le levante la voz a nuestros hijos. Los partidarios de la intervención necesaria del Estado en la corrección de mala dirección de la vida de los niños y jóvenes de Salta no se plantean, por ejemplo, que el Estado pueda reformar los mecanismos del sistema educativo para hacerlo más eficiente, ayudar a reconstruir los lazos familiares, tutelar a las familias desestructuradas o abordar la compleja fenomenología de la infancia y la juventud conflictivas con las modernas herramientas que proporcionan las ciencias sociales. Al contrario quieren que el Estado utilice esos "modernos métodos audiovisuales" con que la mamá de Manolito de Mafalda lo ponía en vereda, esto es, enseñándole de forma amenazadora una zapatilla sujeta por la mano y diciendo: "Oye, ¿ves esto?". Pero hay otro problema añadido. ¿Por qué nos preocupa tanto la vida descarriada de algunos que recién comienzan su aventura de vivir y no tanto los vicios y taras de los adultos? ¿Acaso no son ellos los que sirven de ejemplo para los más jóvenes? ¿Acaso no es más pernicioso para los sociedades mantener a una larga legión de adultos de vida maltrecha hasta la náusea, teniendo en cuenta que son estos los que toman las decisiones fundamentales de la sociedad? Habría que preguntarse si estos ciudadanos de vida ejemplar, que desde los escaños legislativos y los micrófonos de Salta andan propiciando la militarización y la policialización de nuestra infancia y juventud (sin olvidar a los que quieren convertirlos en boxitracios) ¿no necesitan ellos mismos pasar un buen tiempo en un reformatorio o en un convento con voto de silencio para que se les quite el autoritarismo, las añoranzas por las libertades recortadas de los tiempos de dictadura, y algunos otros vicios menores como el juego, el alcohol, la soberbia, la droga, las mujeres (o los hombres, según sean los gustos de cada quien), el dinero y el poder? Porque convengamos que estos nuevos "padres de la patria" no son los Niños Cantores de Viena ni el papa Benedicto, precisamente. Algunos son conocidos viciosos, pecadores impenitentes a los que no les vendría mal hacer un profundo examen de conciencia, o repasar en voz alta algunos pasajes clave de la Novena del Señor del Milagro, antes de lanzar iniciativas como esta. Creer que la llamada "crisis de valores" afecta solamente a los más jóvenes es un error bastante gordo. Creer que esta crisis se resuelve a palo limpio o a piñas es un error aún más grave. En mi modesta opinión, muchos adultos estamos en condiciones de recibir lecciones de moral de cientos de miles de niños y jóvenes sanos, pero algunos son incapaces de admitirlo. Es tiempo de que la juventud se rebele contra estos intentos de considerarlos imbéciles a perpetuidad, de condenarlos al tutelaje y de prolongar indefinidamente su minoridad. Es deber de los jóvenes más activos denunciar a estos señores que se quedaron en el tiempo, hasta el punto de que su intelecto sólo es capaz de procesar ideas propias de los tiempos más oscuros de nuestra historia reciente. Porque no debemos llamarnos a engaño y pensar que si desde hace más de un cuarto de siglo venimos denunciando la aguda pérdida de calidad de nuestro sistema educativo, los "adultos" que han pasado por él hoy son profesionales "excelentes", mejores que nuestros padres y abuelos. Al contrario, desde hace tiempo que se comienza a percibir los devastadores efectos sociales de la crisis educativa argentina. La proliferación de estos especímenes autoritarios y fascistoides es la prueba más palpable de que si algo se debe reformar entre nosotros, antes que a los niños y jóvenes, esto es la escuela y la familia. Para que nunca más tengamos que asistir al empobrecedor espectáculo de un grupo de adultos indocumentados queriendo determinar a su gusto y paladar el futuro de una juventud que tal vez sólo necesite aprender a crecer en libertad y a hacerlo responsablemente. |
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