Güemes en el santoral |
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Escrito por el sábado, 23 de diciembre de 2006 (Ha sido leído 3352 veces) Ninguno de los treinta y dos incisos en los que la Constitución Nacional define las atribuciones del Congreso, confiere a éste la de conceder o negar la condición de “héroe nacional” a nuestros hombres públicos. Pese a ello, el Congreso sancionó este año la Ley 26.125, en la cual se otorga tal condición a Martín Miguel de Güemes, general de la Guerra de la Independencia. De ese modo, el Congreso de la Nación se erige en una suerte de discutible Congregación para la Doctrina de la Fe -laica y patriótica- no sólo para canonizaciones de alcance nacional, sino también latinoamericano. Aunque la iniciativa parlamentaria comenzó a ser impulsada por el cuestionado ex senador nacional Emilio Cantarero, padres de esta idea fueron el historiador Luis Oscar Colmenares y la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes. Modificando el texto del proyecto y para decepción de esos legisladores, la ley sancionada no instituye como feriado nacional perpetuo el 17 de junio, fecha de la muerte de Güemes. Los senadores nacionales autores de esta iniciativa, presentaron a ésta como un acto de reparación de un supuesto olvido nacional. Incluir la figura de Güemes en textos escolares de uso nacional es uno de los efectos prácticos que se espera de esta ley. En este punto, los senadores salteños ignoran que, desde fines del siglo XIX, Güemes está incluido en el 90% de esos manuales y libros de lectura, al lado de José de San Martín y de Manuel Belgrano. No conforme con ese reconocimiento por ley, acaban de anunciar que impulsarán otro proyecto destinado a consagrar a Güemes como “héroe americano”. A ambas reivindicaciones, una novelista porteña añade ahora una tercera: la de Güemes como “héroe de los pobres”. En la larga lista se cruzan los extremos de los que ven en Güemes a un “patricio cristiano” y a un “soldado católico” y de quienes lo perciben como un precursor no sólo del foquismo y la guerrilla guevarista de los años ’60, sino también de Lenin, según el semanario “Cuarto Poder” del 5 de noviembre de 2005. Paradójicamente, ambas peticiones se hacen desde el más estrecho espíritu localista, fundado en un manojo de lugares comunes que más que enaltecer, empequeñecen la personalidad y el papel de Güemes. Con este tipo de culto al héroe se alimenta un patriotismo simulado, de cartón piedra, que suele utilizarse como sucedáneo del “patriotismo constitucional” más afín a una democracia. La biografía de Güemes se transforma en una hagiografía, a cuyas lecciones ejemplares son impermeables los políticos que manipulan su figura. Este tipo de culto arranca a Güemes de la historia, y lo instala en un santuario cuasi folclórico, sustituyendo la crítica y la comprensión por una incondicional y sobreactuada devoción. Quienes alientan estos simulacros creen que, de este modo, ensanchan y “americanizan” la gloria de Güemes; cuando, en realidad, vacían su acción de toda idea, reducen el escenario de su actuación y aldeanizan sus miras. De un extremo a otro, con una explosiva mezcla de anacronismo, ignorancia, ideologismo y mala fe, se exalta un Güemes “antiespañol”, “antiporteño”, “anti liberal”, caudillo indócil, hostil a la supuesta “aristocracia salteña” y revolucionario social avant la lettre. De ese modo se elude arrojar luz sobre un Güemes influido por las ideas reformistas de su padre y por las de su maestro Manuel Antonio de Castro. Güemes juró la Constitución de 1819. Independencia, libertad y Constitución fue el trípode sobre el que apoyó su acción militar y política. Güemes no ambicionó un liderazgo localista. Tampoco luchó para construir una republiqueta sino para sentar las bases de la unidad nacional y de un país federal. Se ignora que Güemes se formó militarmente en la mentalidad y estructuras españolas, de las que tomó, adaptándola y recreándola, la idea de milicias, guerra irregular y fuero militar. Ese Güemes no contrapuso lo local al incipiente centro de referencia nacional; no consideró como antagónicos ejército reglado y milicias; guerra convencional y guerra irregular; estrategia ofensiva y defensiva. Hijo de una de las familias principales de una elite que lo apoyó con enorme cantidad de recursos. Lo cual no impidió que, cuando la guerra se prolongó, un sector de esa elite recelara y enfrentara a Güemes denunciando concentración y abusos de poder, pero lo reconociera, a mediados del siglo XIX, como “patriota argentino en grado eminente”. El Güemes del santoral no debe ocultar al Güemes de esa historia crítica llamada a prolongar y profundizar el homenaje del rigor que, en los últimos 130 años, aportaron alguno de nuestros mejores historiadores, no sólo salteños, sino también argentinos.
* Una síntesis de
este texto se
publicó esta semana
en la revista
“Sudestada”, Buenos
Aires, diciembre de
2006. Más artículos de la categoría Cultura |





