Escoipe tronante |
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Escrito por el jueves, 11 de enero de 2007 (Ha sido leído 3692 veces) Un viejo relato familiar, de inocultable carácter mítico, de esos que se transmiten de generación en generación hasta que alguien (algún buey corneta) le da rango literario, rememora a un Alférez Real, Sotomayor por vía materna, que descubrió Salta allá por 1700 y engrandeció la Estancia Amblaíllo. Uno de sus hijos, harto de los tagaretes de la ciudad fundada por Lerma, se instaló en el Valle Encantado y perdió la razón y su fortuna enamorado de una bella calchaquí apellidada U-Allar.Eran tiempos en donde esta estirpe nativa y altiva no soñaba siquiera con perpetuarse 24 años en ningún poder, aunque acostumbrada estaba a sobrevivir bajo el poder eterno del Sol, único Príncipe unánimemente acatado. Aquel hijo del Alférez fue correspondido y la pareja dio origen a una saga de mestizos empecinados y arbitrarios. La enorme prole de ambos deambuló (todavía es posible ver por allí a alguno de ellos, o encontrar a paisanos que recuerdan las hazañas del León de Escoipe) por la Quebrada del mismo nombre, un hermoso paraje situado en el Departamento de Chicoana (Salta), sobrevolado por cóndores taciturnos, y surcado por ríos y riachuelos de montaña que suelen sorprender cada 13 años a ribereños y vecinos con aludes tronantes y perfumados. Este revuelto sorpresivo de lodo, piedras y árboles desarraigados acaba de hacer su decenal paso por la enorme Quebrada, perdonando a turistas enmudecidos e incautos que, confiados en la presunta inmunidad de sus poderosas 4x4, confundían el avance de aquellas aguas con una improbable crecida del Manzanares. La última vez que disfruté contemplado a estos ríos, unos espesos y barrientos, cristalinos otros, fue mientras tomaba un té en una cuidada casona de Los-Los, atendido por una camarera que había adoptado el lenguaje y los modales de los propietarios del emprendimiento ahora turístico. La atenta niña me mostró, con una gracia en donde se entremezclaba la visión diríase que científica del episodio con las férreas creencias calchaquíes, algunas de las huellas aún visibles del último alud. Escoipe ha
vuelo a tronar ayer.
Y este sábado me
daré una vuelta a
conversar con mis
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