De grandes y pequeñas batallas por el agua en Salta |
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Escrito por el viernes, 12 de enero de 2007 (Ha sido leído 3311 veces) Un siempre atinado observador de la realidad planetaria y mejor amigo, acaba de recordar en estas mismas páginas que “muchos predicen que la próxima gran guerra será por el agua”. El autor de la nota objeta el modo de gestión del agua en Salta, resalta flagrantes contradicciones de quienes ejercen el mando, y propone un curso de acción para revertir el expolio de usuarios y el desgobierno del vital recurso. No es mi propósito analizar aquí sus opiniones y propuestas, tarea que precisa de conocimientos técnicos de los que lamentablemente carezco. Quisiera, sin embargo, dejar insinuada la conveniencia de que, en algún momento, alguna mente lúcida y curiosa de las que abundan en Salta, abordara el estudio no de la “próxima gran guerra”, sino de las “antiguas pequeñas batallas” que el uso productivo del agua desató en Salta, al menos desde la aprobación del primer Código Provincial de Aguas. Por cierto, de no aparecer aquel estudioso dentro de nuestras fronteras, más tarde o más temprano vendrá alguien del hemisferio norte y se hará cargo de tan interesante tema. Y conste que tengo para mí que la nacionalidad de los estudiosos esta lejos de influir en la calidad o el rigor de las investigaciones históricas. Los tribunales salteños y, a veces, los archivos policiales, son fuentes de señalada utilidad en tanto constan allí querellas, litigios, pericias y hasta hechos violentos que formaron parte de aquellas “antiguas pequeñas batallas”. En mis lejanos tiempos de abogado en Salta, me tocó participar en dos asuntos rodeados de enorme tensión. El primero fue una disputa que enfrentó a dos aguerridos propietarios del departamento de Anta, que haciendo honor a su condición de gente bravía armó a sus peones en defensa de lo que cada uno de ellos creía su derecho. El segundo, mas civilizado pero no menos bronco, transcurrió entre un emigrante español (de cuyo fallecimiento reciente me entero en www.iruya.com), muy consciente de sus derechos, y al que no amilanaban los pergaminos de sus contradictores, también descendientes de emigrantes (en este caso, de Galicia) bien que más antiguos que él. El conflicto interesaba sobre manera al entonces poderoso Ingenio San Martín del Tabacal que, como se sabe, fundó parte de ese poder en la obtención, por todos los mecanismos imaginables en la Salta de los años 30, de extensos derechos sobre las aguas de los ríos adyacentes a sus tierras. Las rispideces del pleito no pasaron de aquellas tradicionales frases enfáticas e ironías dejadas caer en los escritos judiciales, gracias a la enorme calidad profesional y humana de quienes defendían al Ingenio azucarero. El tiempo y mi extrañamiento del foro salteño, me impidieron conocer el resultado final de este litigio. Sin embargo, ambas circunstancias contribuyeron a que quién fuera mi contraparte en aquel pleito se convirtiera en un excelente amigo. Más artículos de la categoría Sociedad |


