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Estropicio en el Pasaje Mollinedo

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Escrito por Armando Caro Figueroa, el domingo, 14 de enero de 2007 (Ha sido leído 3728 veces)
El Mollinedo es un bello y recoleto Pasaje, de no mas de 400 metros de largo, ubicado muy cerca del centro de la ciudad de Salta, que vertebra y da prestancia al barrio que, para unos, cumplía, en cierta manera, las funciones del proustiano Faubourg Saint-Germain, y, para otros, colinda con uno de los laterales de lo que los infaltables rencorosos llaman, con elemental ironía, el Palacio de Invierno.

Estropicio en el pasaje Mollinedo
Estropicio en el pasaje Mollinedo
Permítaseme señalar que fueron mi inveterada curiosidad y el hecho de que viviera allí mi profesor de Instrucción Cívica (un elegante caballero que solía caminar luciendo dos adminículos poco usuales: un paraguas de temporada, que el paseante movía enérgica y acompasadamente, y un sombrero de fieltro color verde musgo), las circunstancias que me llevaron a descubrir, hacia finales de los años 50, el escenario que motiva esta nota.  

Un recorrido atento del Pasaje permite identificar sus esplendidas casonas cuya intimidad resguardan postigos y cortinas de hilo con las iniciales de sus dueños bordadas, sus veredas arboladas, sus aromas singulares que surgen de la vegetación pero también de la identitaria colonia Atkinson, próxima a subir a los altares bajo los auspicios del último beato español de devota fama entre la gente de este barrio salteño, y la casi perpetua tranquilidad de sus calles.

Salvo que la excursión se lleve a cabo en las dos primeras semana de enero, los viandantes ociosos o trajinados disfrutan de la posibilidad de hacer un alto refugiándose en la muy coqueta tetería “Mari Te”, ubicada en las inmediaciones, o de tomar un exclusivo y espumante mate cocido exprés, tirado en una vetusta máquina de café, en el establecimiento espartano de uno de los hermanos Burgos que honraron al fútbol barrial.

Si la visita se realiza a eso de las 11 de la mañana, es posible incluso toparse con sus elegantes y desprevenidos vecinos, y con las viejas marchantes que, a lomo de burro, trajinan desde el sitio principesco de Las Costas, quesillos y tamales.

No se piense, sin embargo, que el del Pasaje Mollinedo es un paisaje urbano homogéneo. Antes bien, mientras sus dos primeros tramos (entre las calles Zuviría, Deán Funes y Pueyrredón) aglutinan las señas de esplendor, los dos últimos (ya en las cercanías del Club Gimnasia y Tiro) rozan la vulgaridad.

Tampoco su arquitectura es homogénea; incluso en el área mas noble coexisten casas muy sobrias de estilo parisino con molduras y adornos trabajados sobre piedra, con casas de aquella planta colonial que supo imponer el arquitecto Lecuona de Prat con sus recurrentes pero bellos balcones de hierro y madera, y casas “recién llegadas” que, pese a sus pretenciosos ventanales londinenses y a sus monótonas columnas, no alcanzan a entusiasmar al observador exigente.     

Bella arquitectura del pasaje
Bella arquitectura del pasaje
Hay, si, dos datos exteriores comunes: ninguna edificación supera los dos pisos, y el blanco (en ocasiones combinado con el ocre que desde este Faubourg salteño se extendió por los distintos barrios de la ciudad, con independencia del rango económico de sus habitantes) es el color que predomina en las fachadas y que potencia la luminosidad natural del paisaje.

Pues bien, esta joya urbana acaba de sufrir un ataque de consecuencias irreparables, ante la pasividad obvia de las autoridades municipales, el mutismo de los moradores transitorios de la residencia oficial, y la casi inexplicable indolencia de vecinos y admiradores del Pasaje Mollinedo.

En estos días, la cruel piqueta abatió una vieja construcción ubicada en la esquina que forma el  Pasaje con la calle Deán Funes. Un cartel cutre y una tapia cochambrosa anuncian a la ciudad y al mundo que allí, precisamente allí, habrá de construirse un edificio de departamentos.

Una mala noticia, sin duda, para el benemérito Coronel de las milicias güemesianas; y también para mí que, superando la sensación de extrema impotencia, atino solo a dejar reflejada mi protesta en este sitio frecuentado por hombres libres.


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