Los aborígenes de Salta como atractivo turístico |
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Escrito por el lunes, 22 de enero de 2007 (Ha sido leído 7129 veces) Cuenta Lucio V. Mansilla que, siendo joven y estando en París, despertó la curiosidad del elegante salón de la marquesa de Lagrange. De ese interés dieron cuenta dos admiradoras, cuando exclamaron: “¡Qué hermoso debe ser con plumas!”. Durante las primeras décadas del siglo veinte, los viajeros porteños que visitaban Salta y Jujuy se comportaban aquí frente a los locales como aquellas damas parisinas que deben haber visto en el mozo Mansilla un ejemplar de “buen salvaje”. Hasta hace pocos años todavía era posible ser interceptado en el centro de la ciudad de Salta por algún turista que, de rigurosa bermuda y cámara fotográfica en mano, preguntaba: “¿Puede decirme usted donde puedo ver los indios?”. Lo políticamente correcto-incorrectoAhora, a esa pregunta se añade otra: “¿Dónde están las momias de los niños indios?, aludiendo a los llamados “Niños del Llullaillaco”, que el gobierno exhibió en su momento como un trofeo y que ahora se dispone a exponer como raro “souvenir”, con la oposición de grupos indigenistas críticos y con la complacencia de algunos indigenistas oficialistas. A partir de los últimos años, el culto a la Pachamama es rentable y cotiza en bolsa. Tanto que las autoridades lo han “estatizado” al extremo de prolongar esas ceremonias, antes reducida a la Puna salteña y ahora convertidas en culto urbano. La festividad de la Pachamama, que se redujo siempre al primer día de agosto, se extiende ahora hasta el último día de ese mes. El culto a la Madre Tierra superó los límites de esas comunidades y rebasó el interés de los turistas: se practica en la misma Universidad Nacional de Salta por parte de su comunidad académica, la misma que cuestiona la presencia de una capilla de culto católico en su campus. Con aquella pregunta, además de ese despiste, aquel visitante demostraba no haberse enterado que, en los últimos años, la palabra “indio” dejó de ser descriptiva sino que adquirió una marcada connotación despectiva. Hace ahora justo un año el diario “El País” de Madrid fue criticado por decir en una editorial que Evo Morales era “el primer indio elegido presidente de Bolivia”. En Perú y en Bolivia se admite aún usar “indígena”. Lo políticamente correcto, ahora, es decir “pueblos originarios” o “comunidades étnicas”. Pero, mientras las palabras circulan por un nuevo camino las actitudes parecen transitar por los de siempre. Las denominaciones, indios, indígenas, pueblos originarios o comunidades étnicas o hermanos aborígenes, van a una velocidad: la mentalidad a otra más lenta. Los descendientes de los pobladores originarios no sólo siguen siendo percibidos como exóticos sino que se intenta exhibirlos como tales. Etnias para el turismoEn junio de 2001, después de una de las periódicas turbulencias sociales del Norte salteño, el gobernador Juan Carlos Romero anunció el propósito de trazar un “circuito turístico de etnias” o “naciones aborígenes salteñas”, como parte de una serie de medidas anunciadas por el gobierno de Salta para paliar la difícil situación económica en el departamento San Martín, al Norte de la Provincia. Tartagal, cabecera de ese departamento, fue elegida como centro de ese proyecto, que surgió del cruce de ideas del sector público y del sector privado. Cuando, el 29 de junio de 2001, se anunció ese propósito, una fuente oficial sintetizó su contenido de este modo: “Se trata de una iniciativa privada destinada a la implementación de un circuito de etnias que pretende establecer un recorrido por los territorios habitados por las nueve etnias aborígenes que existen en este departamento. Se trata de un capítulo turístico de alta demanda internacional perfectamente viable”. Junto a ese proyecto, el gobierno anunció otros: criadero de ranas, estación para criar lombrices, granja de gallinas. “Hay fondos para esos proyectos pues todos ellos involucran la generación de riquezas y demanda de mano de obra”, dijo el entonces ministro de la Producción. El tiempo pasa, pero la estupidez humana parece que no. El funcionario no aclaró qué parte de la riqueza iría a parar a mano de las comunidades indígenas y si ellos, además de proporcionar el capital más importante para ese emprendimiento, serían a la vez la mano de obra a ocupar. Tartagal, con calor pero con etniasA diferencia de aquellos otros proyectos, el del “circuito turístico de etnias” sigue vigente. Ahora mismo, los funcionarios de la Provincia y la directora de Turismo de la Municipalidad de Tartagal, Clarisa Gallo, actualizaron el tema. “¿Qué atractivos turísticos puede ofrecer Tartagal en el verano, cuando allí las temperaturas sobrepasan los cuarenta grados a la sombra?”, preguntó un periodista a la funcionaria. La joven funcionaria no retrocedió: “Ofrecemos una gran variedad de atractivos turísticos. Estamos promocionando un circuito que consiste en una visita guiada por siete comunidades étnicas. En este circuito, el turista podrá estar en contacto permanente con los aborígenes. Los visitantes pueden comer y dormir en la zona y, si prefieren, hacerlo en los parajes donde viven los aborígenes. En algunos casos pueden conocer y conversar con los caciques”, explicó. La idea no es nueva y tampoco original. Desde comienzos del año 2002, un segmento de los turistas norteamericanos y europeos que llegan a Buenos Aires se volcó a un original tipo de “turismo alternativo”: el llamado “turismo piquetero”. El olfato comercial llevó a algunos a organizar “tours” y convivencia de esos turistas con grupos piqueteros. Algunas agencias facilitan información sobre el calendario de las protestas y las marchas, trasladan a los turistas a las villas y asentamientos donde ellos residen e, incluso, facilitan encuentros con algunos de sus líderes. Claro que si algunos turistas quieren hospedarse en hoteles con comodidades, tendrán más problema que si optan por compartir algunos días en esas comunidades. Los funcionarios de la Municipalidad de Tartagal admiten que en los buenos hoteles de esa ciudad es muy difícil encontrar alojamiento. “Aquí hace falta infraestructura. Los hoteles, que no son muchos, están siempre colmados y no precisamente por turistas sino por empleados de las petroleras. Debido a la falta de viviendas, estas empresas optan por hacer contratos con los hoteles para que vivan sus trabajadores”, explican Mire indios por 50 centavosLa idea no es original y tampoco nueva. A comienzos del siglo XX; en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, al frente del sitio donde luego se levantó el Obelisco, el “Circo Hippodrome” exhibía “indios de las tribus chiriguanos y chamacocos”. Pagando cincuenta centavos el visitante podía acceder al pabellón levantado en la esquina de las calles Carlos Pellegrini y Corrientes. En un volante de propaganda que conservo se lee: “El conjunto de indios que se exhiben en el Circo Hippodrome, representantes de las reducidas tribus de Chamacocos y Chiriguanos han sido traídos a esta ciudad por el explorador Mr. Carter, después de vencer innumerables inconvenientes. Estos indios, que aún no han sido asimilados por la civilización que avanza en los territorios del Norte, viven en sus tolderías, a orillas de los grandes ríos que surcan (las) regiones de bosques de Matto Grosso al sudoeste del Brasil y al sud de Bolivia, su límite con Argentina. No usan vestimenta alguna, se alimentan de la caza y de la pesca, lo que logran mediante sus armas: mazas, lanzas, flechas, etc. Al contrario de lo que creen muchas personas, estos individuos son sumamente limpios siendo su primera preocupación, diariamente, lanzarse al río en procura de su baño. Respecto a las mujeres, tienen con ellas grandes miramientos. Las hacen sus mujeres después de cumplir con las ceremonias que duran días, habiendo pasado antes bastante tiempo en noviazgo, durante el cual las prometidas se pintan en forma especial. A la mujer se le llama ‘cuña”. Todas las tribus, que la forman de 2000 a 2500 individuos, tienen su cacique, que como Jefe Supremo ordena y sus decisiones son acatadas en forma inapelable. Actúa como consejero el titulado ‘lenguaraz’ que hace a la vez de curandero. Los indios dedican sus actividades, quien no lo hace buscando subsistencia, en la confección de ponchos, tejidos, esculturas rústicas, pinturas en colores vivos, armas, canoas, etc. parte de lo cual usan y otras enajenan por bebidas, chucherías, espejitos, objetos de vidrios, todo lo cual despierta su curiosidad”. Lo que no dice el volante que publicitaba la exposición de indios, era que ellos estaban encerrados en jaulas, como las del Jardín Zoológico de Palermo. La idea de un “tour” de aborígenes puede equipararse a la de un “tour” a la humillación. Más artículos de la categoría Sociedad |


