Desayunar en Salta |
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Escrito por el sábado, 27 de enero de 2007 (Ha sido leído 3354 veces) Los turistas, o lo vecinos deseosos de cambiar la rutina del mate hogareño, disponen de una enorme cantidad de sitios en donde desayunar y, de paso, leer el diario gratis. La variedad de hoteles y bares en los que se sirven espléndidos desayunos, mueve a algunos salteños a desayunar dos veces y, de paso, hacer tiempo hasta que llegue la hora de la actividad diaria. Ducharse, peinarse con gomina, desayunar (una o más veces), leer el diario, lustrarse los botines, y saludar a los vecinos, son las tareas que preceden al inicio de la actividad diaria, forzosamente acotada por los vaivenes del clima y la sana costumbre de la siesta. Se trata de tareas imprescindibles y que forman parte de aquello que algunos modernos llaman “ponerse las pilas”. Pero el desayuno puede ser también una oportunidad para la nostalgia. Si este es su caso, querido lector, no lo dude: diríjase al Bar Los Tribunales, en la esquina de Rivadavia y Mitre. Allí, desde casi las 6 de la madrugada, su invariable propietario está listo para servirle un clásico café doble, bien tirado en una antigua máquina de procedencia, como no, italiana, solo o cortado con leche Cosalta. El Bar Los Tribunales, un recinto urbano al que concurre un público preferentemente masculino, es una de esas típicas empresas familiares construidas paso a paso por emigrantes esforzados, que supieron armonizar sus costumbres europeas con los gustos y manías locales, hasta terminar formando parte del paisaje, mas allá de pequeños ecos fonéticos o de bien llevadas filias y fobias futbolísticas. Los dos hermanos varones, Luigi (ya fallecido) y Carlo, fueron (Carlo todavía lo es) la cara del negocio al que imprimieron una singular identidad, contando siempre con el concurso -discreto- del resto de miembros de la familia. Una identidad hecha de maneras, de productos y de un decorado que no puede dejar de llamar la atención. En realidad, todo en el Bar llama la atención de los visitantes ocasionales, y es motivo capaz de motorizar la memoria involuntaria de quienes, tras un tiempo de ausencia, regresan al tiempo detenido en su salón. Los productos de la escueta carta (café, te, sándwiches variados, empanadas, medialunas, tortillas, galletas bay biscuits, Cynar, Hesperidina y otras bebidas alcohólicas y gaseosas), son surtidos por proveedores prácticamente invariables, lo que descarta la posibilidad de sorpresas desagradables y es un solaz para rutinarios y memoriosos. Por esto, precisamente, no deja de causar alarma una cierta impuntualidad en la que viene recayendo el clásico proveedor de medialunas y que, días atrás, diera lugar a una firme queja de Carlo. No obstante y más allá de este detalle menor, lo cierto es que los parroquianos de siempre y los retornados al Bar Los Tribunales saben, qué duda cabe, cómo moverse, qué pedir y qué esperar de la visita cotidiana. Sin embargo los recién llegados, turistas o no, deben saber que no todos los productos que las paredes anuncian (por ejemplo la extinta naranjada CHAÑI, o los helados CERCENÁ que solían expenderse a través de la ventanilla abierta sobre calle Mitre, justo al lado donde atendían los dos únicos taxistas del 3111) están disponibles. Ni que todos los artefactos del salón (por ejemplo un ventilador de mesa, tan añejo como hermoso) funcionan. Ni que todos los candidatos cerrillanos con pegatinas adheridas a los cristales permanecen en campaña. Y, desde luego, deben descartar que tras el café y con solo cruzar la calle, se encontrarán en el edificio de los tribunales provinciales. En realidad, el nombre del Bar tuvo su origen, años atrás, cuando los magistrados impartían justicia e injusticias desde el cercano Palacio Legislativo, hoy restaurado y con autoridades que aspiran a llegar a los 24 años de ejercicio del mando. En aquel lejano tiempo, el Bar Los Tribunales era un hervidero de letrados, procuradores, aves negras, martilleros, peritos calígrafos, subasteros y litigantes de todo pelaje. Era un tiempo en el que sus mesas servían de despacho a más de un recién egresado, y de mudo testigos de transacciones santas y de las otras. El venerado Bar Los Tribunales tiene su historia (solo parcialmente escrita) y alberga ecos de voces que ya no están. En sus “mesas que nunca preguntan” se trajinaron alianzas políticas, se cancelaron duelos, se lloraron muertes ilustres, se lanzaron promesas y desafíos incumplidos, se bebió lo preciso y la yapa. En sus siempre idénticas sillas de madera se sentaron personalidades de la vida política local, de la judicatura, del arte y de la noche. No está ya Fidel para hacerse cargo de los ajados botines. Pero los nostálgicos, disfrutan ahora de la oportunidad sin par de tomar un buen café, intercambiar las palabras imprescindibles con Carlo, y abandonarse a los recuerdos mientras tratan de identificar a los parroquianos mas ilustres con cuyas fotos alguien tuvo la feliz idea de dar vida a una espléndida galería de personalidades. Más artículos de la categoría Cultura |


