Murió el director de cine Gerardo Vallejo |
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Escrito por el miércoles, 07 de febrero de 2007 (Ha sido leído 4794 veces) El director de cine Gerardo Vallejo murió ayer en su casa de Malaver en Buenos Aires a los 65 años, como consecuencia de un cáncer. Nacido en la ciudad de San Miguel de Tucumán el 4 de enero de 1942, residió en San Luis los tres últimos años. Desde 1975 y durante la dictadura del “proceso”, Vallejo siguió el camino del exilio. Primero en Panamá y después en España, instalándose en Madrid, donde fundó la Escuela de Cine de Madrid y produjo una serie de documentales para Televisión Española. Vallejo consagró su vida al cine, sin reservas, sin pausas, con gran modestia y con coraje y honestidad intelectual. Considerado discípulo de Fernando Birri, del que aprendió y al que secundó en la dirección de la Escuela de Cine de San José de los Baños. Birri encauzó el impulso creativo de Solanas que rápidamente se identificó con el cine comprometido con la realidad social y política. La permanente búsqueda de Vallejo fue conciliar el cine denuncia con el cine arte, el realismo y la fantasía. Su nombre y sus primeros trabajos están ligados a los nombres de Fernando Solanas y Octavio Getino, con quienes formó el Grupo Cine de Liberación, identificado con la izquierda peronista. En el año 1968, junto a ellos, produjo “La hora de los hornos”, documental que por su contenido y por la censura a que fue sometido hasta 1973, alcanzó notoriedad. Poco después fue el camarógrafo de “Actualización doctrinaria para la toma del poder”, extensa entrevista con el ex presidente Perón en su residencia en el madrileño barrio de Puerta de Hierro. Como reconocimiento a ese trabajo pionero, su amigo Leonardo Favio dedicó Vallejo su “Perón, sinfonía de un sentimiento”. La última obra de Vallejo fue una versión del Martín Fierro, realizada con Juan Palomino en Buena Esperanza. Guionista y directorSegún allegados a la familia, en el momento de su muerte Vallejo estaba acompañado de sus hijas Ana, Andrea que viajo de España y sus dos hijas menores Camila y Mariana, nacidas de su matrimonio con Eva Piwowarski. Vallejo sobrellevó durante años los problemas derivados de una diabetes. El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saa y el senador nacional Adolfo Rodríguez Saa dijeron que, después del velatorio en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, calle Moreno 1199 de la Ciudad de Buenos Aires, los restos de Vallejo serán trasladados a San Luis, cumpliendo con la voluntad expresada públicamente por Vallejo. Entre “La hora de los hornos” y “Actualización doctrinaria”, Vallejo comenzó a dibujar “El camino hacia la muerte del viejo Reales”, un proyecto personal más ambicioso el que le permitió dar un salto de su condición de camarógrafo a la de director de fotografía, de montaje, además de guionista y director. En la película participaron trabajadores del Ingenio Santa Lucía. Al aplauso de la crítica, en el año 1971, Vallejo añadió el premio más importante que otorga Festival de Mannheim - Heidelberg. De 1978 es “Reflexiones de un salvaje”. En el viejo Reales, Vallejos encarnó al trabajador azucarero tucumano y también puso en Reales los propios sueños y pesadillas de su generación, incluidas las del propio Vallejo. "Yo me llamo Ramón Gerardo Reales, del pago de San José, a mi me dicen el Negro y yo tengo muchas c osas que contarles a mis amigos porque no puedo ocultar yo eso", son las primeras palabras de Gerardo Raales con la que se abre el film. “El camino hacia la muerte del viejo Reales” fue elogiado como un film “rodado con gran exactitud humana” (Pío Baldelli). “Es un film estupendo, porque es el único filme político serio, particularísimo. El asesinato de un Viejo que no tenía un peso en el bolsillo y que podría ser aquello que los franceses llaman ‘fait divers’, llega a convertirse en un film que tiene un significado político para todo un país, para todo el mundo, diría”, dijo el crítico italiano Callisto Cosulic. “Es un experimento sociológico de gran importancia”, anotó “L’Osservatore Romano”. “La hora de los hornos” fue saludada como la expresión cinematográfica de una resistencia política a la llamada “cultura oficial y colonialista”. Según Juan José Hernández Arregui esa obra “es un documento trágico” y una de las primeras manifestaciones de un cine nacional, popular y de masas el que “es propaganda en movimiento”. El protagonista es el “pueblo anónimo” escribió este autor. Según Hernández Arregui “la postulación de la película es simple. No hay coexistencia pacífica entre las dos Argentinas”. “El rigor del destino” (1984), con la actuación de Carlos Carella y Victor Laplace y la participación del poeta tucumano Francisco ‘Pancho’ Galíndez, su amigo, revalidaron los títulos de Vallejo. “El rigor del destino” mereció el Colón de Oro en el Festival de Huelva. En 1994 dirige “Con el alma”, encuentro imaginario entre Don Quijote y Martín Fierro, protagonizado por Juan Palomino. Diez años, apoyado por el gobernador Rodríguez Saa, se embarcó el ambicioso proyecto de “Martín Fierro, el ave solitaria”, estrenado a mediados del año 2006. Un ambicioso y póstumo ‘Martín Fierro’En “Martín Fierro”, está otra vez el Vallejo guionista. Comenzó a escribir los borradores de ese texto en su exilio madrileño. “Visto el altísimo vuelo de la realización, pareciera entonces que, del mismo modo que Vallejo esperó más dos décadas para que su ilusión de que el Martín Fierro se hiciera realidad cinematográfica, el poema épico de Hernández aguardó más de ciento treinta años para que alguien fuera capaz de captar su esencia en imágenes”, dice Oscar Castellucci. “Vallejo lee y adapta su obra en el exilio, en su propio exilio, de ‘La ida’ a ‘La vuelta’, para él, hay sólo una vuelta de página. Si Fierro es todos los gauchos; el cineasta, asomándo -se al alma de Hernández, recrea un Fierro que es, intemporalmente, todos los criollos que sufren la injusticia en su patria. Pero no hay sordina para la denuncia. Ahí está él, exiliado en Madrid (como Hernández en Santa Ana do Livramento), sin poder ver a sus hijos desde hace tres años. No hay modo ni causa que atempere el grito". "Entre La ida y La vuelta la rebeldía es la esperanza que ilumina el sueño del regreso. Vallejo no es un espectador. Audazmente, como creador, toma posición, y se atreve a proyectar a la obra épica hacia otra dimensión. Lo que ha hecho es escribir y plasmar en imagen "la verdadera vuelta del Martín Fierro". Eso y no otra cosa es lo que es su ave solitaria”, añade Castelluci. Más artículos de la categoría Cultura |


