Anchi ortodoxo en Palermo

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Escrito por Armando Caro Figueroa, el sábado, 17 de febrero de 2007 (Ha sido leído 3658 veces)
Quién pretenda homenajearse en Salta con una entrada de queso de Amblayo, un charquisillo como plato fuerte, y anchi de postre, seguramente fracasará en su intento.

Sin embargo y por increíble que parezca, tan incaico menú puede degustarse en Buenos Aires, en el Palermo de antiguos cuchilleros y no tan antiguos sicólogos. Más precisamente en el 1600 de la calle Humboldt, la misma en donde residió aquella extraña familia del feroz “Simulacro” relatado por Julio Cortázar
Almacén Secreto
Almacén Secreto
Allí, en el sector mas tenebroso de la cuadra, funciona “Almacén Secreto” un refugio de la mejor cocina vallista, de los vinos artesanales de altura, y de los modos salteños de servir la mesa.

Dos salteñas agraciadas y jóvenes, descendientes de pioneros que hacia 1600 engordaban mulas en uno de nuestros valles, son las responsables de este emprendimiento gastronómico que roza la perfección.

Los talentos de ambas, bueno es destacarlo aquí, no se agotan en el arte culinario: María es artista de teatro (comienza ahora el segundo ciclo de “Árboles” una obra escrita por ella misma); la ciencia política tiene en Jimena a una prolija investigadora.

El muro exterior por donde se penetra a la extraña casona que cobija al restaurante, evoca a aquella otra que, tras una tapia pensada para confundir a los curiosos y malpensados, mandó construir, en 1985 y en la ciudad fundada por Lerma, un diputado salteño cansado de los rigores de Luracatao.

Pero nada mas atravesar aquel muro, pensado quizá para facilitar el estacionamiento de compadritos, una espléndida casa baja, que bien podría estar ubicada en la calle Alvarado al 800 de la ciudad de Salta, sorprende a los comensales primerizos, por su patio ajardinado, su pasillo con recodo y por sus puertas y ventanas engalanadas con discretos postigos.

La música que ambienta el comedor, no exenta de un toque heterodoxo, combina los tangos recreados por Daniel Barenboim, con las refinadas interpretaciones de Eduardo Falú y, a veces, las románticas zambas cantadas por Jaime Dávalos.

En el pequeño salón principal, sus seis o siete mesas están desde temprano listas para ser ocupadas por una clientela de entendidos y compuesta, a partes iguales, por salteños nostálgicos y por turistas deseosos de experimentar las ensoñaciones que provocan la comida de maíz, la uva cosechada y vinificada a mas de 2000 metros de altura, el arrope de chañar y el té de coca.

Ayer mismo, un conocido productor del cine americano tuvo la feliz idea de invitar a cuatro de sus estrellas (Peggy, Mary, Julie y Betty), rubias de Nueva York, a disfrutar de un menú estrictamente calchaquí, que se encargó de explicar y ponderar, en inglés, a sus confiadas acompañantes. El productor, que se mostró un verdadero experto en nuestra cocina regional, seleccionó un San Pedro de Yacochuya para comenzar la ceremonia y ordenó poner en el freezer una botella del champagne artesanal que ofrece la casa.

Almacén Secreto
Almacén Secreto
Hay que decir que el charquisillo estaba delicioso, pese a que se apartaba levemente de la canónica receta de doña Generosa Aguilar de Medina que puede consultarse en esta misma página. El charqui, de fibras anchas y cuya calidad denunciaba su procedencia pomeña, estaba separado del arroz, y de un aderezo de mote, picante suave y cebolla morada. La morosa y libre combinación de estos elementos evocó, de inmediato, el sabor equilibrado del tantas veces paladeado charquisillo salteño.

Casi al final de la velada, la presentación del anchi, tibio, me permitió certificar la ortodoxia que preside toda la manufactura de “Almacén Secreto”.

El anchi, como casi todas las comidas salteñas, es un postre poli clasista. Es decir, hay un anchi para pobres (sémola amarilla, agua, azúcar y limón), y un anchi para pudientes que agrega pelones, canela, miel y pasas de uvas. Ambas formulaciones tienen, según la mitología local (a veces confirmada y a veces desmentida por los hechos), efectos benéficos en todas las áreas relacionadas con el amor.

Por cierto, sería de desear que www.iruya.com incluyera en su sección de comidas regionales una buena receta de este reconstituyente plato. Por ejemplo, la creada por doña Agustina, aquella célebre cocinera del exigente gourmet que fue el hombre de Metán.

Si usted prefiere agasajar a sus amigos sin salir de casa, puede encargar comida y bebidas (también quesos y dulces vallistos) a “Almacén Secreto”, con una simple llamada telefónica.

Para terminar, una breve anécdota: hace ya un tiempo, en estas mismas páginas se publicó una curiosa foto que muestra el encuentro (para unos fraternal, para otros frío), entre un señor del sur y otro de Cachi, ambos encumbrados hombres de la política. Pues bien, como se supo después, el brevísimo diálogo se concretó en un lacónico agradecimiento del patagónico al vallisto por el obsequio de varios kilos de arrope de chañar (“Almacén Secreto” vende uno de calidad óptima), remedio infalible para las afonías que suelen provocar los encendidos discursos desde barricadas y desde atriles.
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