Donjuanes y Casanovas en Salta |
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Escrito por el martes, 27 de febrero de 2007 (Ha sido leído 3350 veces) Si bien quienes han reflexionado sobre este apasionante tema han sentado los criterios para distinguir uno y otro comportamiento (¿patológico?), me atreveré a traer aquí algunas consideraciones sobre esta raza prescindible. Ya en 1498, poco después del mal llamado descubrimiento colombino, los sabios monjes españoles los llamaban “alumbrados por las tinieblas de Satanás” y recomendaban para ellos el trato que se da a los herejes y a otra gente nefanda: esto es: redimirlos a puros azotes. Y no era para menos: Uno de estos “alumbrados” (un franciscano de Ocaña) recomendaba la cópula libre con mujeres santas para engendrar profetas. Otro (benedictino y de nombre Francisco García Calderón) proponía, so pretexto de reflexionar sobre la “filosofía natural”, diálogos eróticos y pecaminosos en el Convento de San Plácido. Es que, como recuerda Gregorio MARAÑÓN, “la pasión del español, siempre extremosa hacia lo bueno y hacia lo malo, produjo tanto la maravillosa elevación de nuestros místicos, como la espantosa licencia carnal de los iluminados”. La Inquisición y el celo de la Iglesia española terminaron pronto con esta herejía que amenazaba asentarse en su propio seno. Pero no pudieron impedir que surgieran iluminados, ya fuera de sus claustros, tanto en la Península como América. Como es sabido, el donjuanismo fue remitiendo al compás de la ilustración y de la liberación de la mujer de ancestrales dogmas y prejuicios que la condenaban a un rol secundario y pasivo. También el descubrimiento de que los donjuanes eran (y son) en realidad personajes de débil virilidad, contribuyó al eclipse de este tipo humano. Pero cuando nos situamos en la Salta de los años 60, preciso es reconocer que existían amplios nichos en donde podían pescar impunemente los individuos de esta raza maldita de donjuanes. Por ese entonces, los Donjuanes gozaban de un cierto prestigio en los ambientes liberales y eran protegidos por el discurso ideológico del machismo. Es propio del Donjuan ser inmune a los celos, ostentar su conducta y exhibir sus triunfos, y actuar bajo el impulso de la posesión fugaz: Una vez conseguidos sus propósitos, solo piensa en abandonar a su presa procurando que no lo estorbe en su próxima conquista. Seduce sin amar. El ya citado MARAÑON ha desautorizado a los que pretenden situar en la morería las raíces del vicio donjuanesco, señalando que mientras que el Sultán convive con todas sus mujeres dentro de un orden jerárquico, Donjuan goza con amores sucesivos y procura lo instantáneo. A diferencia del Don Juan, Giácomo CASANOVA (que, por cierto, había nacido en Zaragoza) pensaba que sus conquistas estaban presididas por la ética del engaño recíproco. Por cerrar estas breve consideraciones preliminares, diré que hoy se sabe que “lo típico del ‘varón perfecto’ es la monogamia o, si acaso, la reducción de sus preferencias a un corto repertorio de mujeres, generalmente parecidas entre si”. Entrando a los casos de donjuanismo habidos en el Valle de Lerma en los años 60, soy de los que opinan que escapan a la tipología hispánica en varios puntos: Algunos solían sucumbir a los celos; otros eran enamoradizos; y, los más, eran extremadamente discretos, condición imprescindible para que esta casta pueda cometer sus tropelías en asentamientos urbanos pequeños. Conviene dejar simplemente apuntado aquí que un investigador solvente, que prefiere dejar pasar el tiempo antes de publicar sus conclusiones, ha estudiado casos de sultanismo en Salta. El hecho es que la liberalización de las costumbres fomentó, en un primer momento, la actividad de los donjuanes en nuestra ciudad. Los hubo señores pudientes y generosos (uno de ellos, beneficiado por su parecido con Richard KIMBLE, el famoso personaje encarnado por David JANSSEN, frecuentaba el Parque San Martín); jóvenes de clase media a quienes parientes irresponsables festejaban o fomentaban el vicio; artistas y artesanos a quienes el donjuanismo esterilizó como creados de belleza; y, desde luego, estaban también los consabidos “donjuanes de cabaret” tan bien retratados por el tango. Los donjuanes a quienes la bonanza económica de los 60 favoreció (me refiero a los nuevos ricos) abusaban de los coches cero kilómetro y del champagne como argumentos de conquista. Contaban, para sus oscuros propósitos, con el apoyo de una especie de red cuyos nódulos eran ciertas peluquerías de damas ubicadas en la zona sur de la ciudad (jurisdicción de la Seccional Segunda de la Policía). Si bien los donjuanes conseguían triunfos, debían más de una vez morder el polvo de la derrota. Como fue el caso de un elegante jovenzuelo que persiguió por años y sin suerte, apoyado por el deslumbrante auto que robaba a su abuelo, a una de las bellezas aquí cronicadas. Suele decir ahora, remedando a CASANOVA, y mientras repasa su archivo galante: “A pesar de mi excelente fondo moral, he sido durante toda mi vida víctima de mis sentidos”. Como los vicios no vienen solos, en el delirio del snobismo y del desenfreno, uno de estos doctores “iluminados”, en un acto de típica soberbia euro céntrica, se atrevió a desafiar la maldición calchaquí de la mulánima. El arrepentimiento resultó tardío e inútil. El último ejemplar de esta raza innoble, al borde de la senectud, resiste aún. Y como don Lopez Garrido (el deshonrador de la TRISTANA de Pérez Galdós), cada vez que se cruza con mujeres bonitas, se sueña diciéndoles: “De buena os habéis librado, pobrecitas. Agradeced a Dios el no haber nacido veinte años antes”. Más artículos de la categoría Sociedad |





