El bolivariano |
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Escrito por el miércoles, 07 de marzo de 2007 (Ha sido leído 4404 veces) Un entusiasmado periodista de Página 12 invoca el domingo pasado a Hugo Chávez como el “bolivariano”. Para evitar la repetición del nombre era demasiado poco llamarle “el presidente venezolano”. Después de su visita a Buenos Aires, ¿no habrá alguno que quiera llamar a Kirchner el “sanmartiniano”? No es cierto, según desliza el mismo artículo, que el presidente argentino haya invitado a Chávez. La propuesta –o la auto invitación- salió del propio bolivariano y tal vez sea –además de los intereses - parte del costo que la Argentina debe afrontar para pagar los préstamos de Caracas. Una vez que Argentina recibió los dólares a cambio de papeles con promesas de pago o, en un lenguaje más correcto, una vez que Venezuela compró con dólares (¿o con bolívares?) bonos argentinos, era imposible decirle que no. La derivación de un hecho tan prosaico como el préstamo no es vulgar ni insignificante. El gobierno argentino montará el escenario en Ferro y dispondrá el dispositivo de seguridad, pero cuando se enciendan luces el viernes, el espectáculo llevará a varios días de exposición. "Es una coincidencia que mister Bush llega a Brasilia y casi al mismo tiempo llego yo a Buenos Aires; que mister Bush llega a Montevideo y casi al mismo tiempo sigo yo en Buenos Aires; que mister Bush llega a Colombia y yo llego a Bolivia: casi que nos cruzamos en los aviones", dijo el presidente venezolano en su programa radial. Está claro; Bush no sólo es el presidente norteamericano que hace un viaje paralelo al de Chávez; es también parte de la identidad del comandante: la tarima en la que se sube para hacer sus discursos, la sombra sobre la que ilumina su estrella, el negativo de su siempre colorida imagen. En verdad no hay en esto “coincidencias” como sugiere el tono irónico de Chávez, sino la manifestación un destino que lidera el héroe bolivariano refundador de la república venezolana y de la unidad latinoamericana, pese a los obstáculos que pone el Mister antihéroe. Más que al presidente de un país, las luces del Ferro iluminarán el viernes un nuevo pliegue de esta historia que el comandante invoca como inexorable. En el escenario habrá un héroe latinoamericano, corajudo, que no teme mojarle la oreja a ese cowboy de Texas timorato y pusilánime pese a la cantidad de armas que cuelgan de sus cinturones. Dentro de dos años, cuando el mundo respire por el retiro obligatorio de Bush y pueda ya archivar su versión sobre “el eje del mal”, Chávez tendrá que re-inventarlo a riesgo de ver declinada su creciente estrella. No podrá darse el lujo de quedarse diez, veinte o treinta años más en el poder, o echar discursos de dos o tres horas, ni hacer viajes como el que ahora inicia, si un personal antihéroe. De todos modos, a fuerza de tener que mirar el juego de espejos de ambos, se puede hacer alguna comparación. Si los historiadores norteamericanos han reprochado a Bush pretender ignorar la historia, aquella que le enseña a EE.UU. que no puede manipular el mundo a su antojo, ¿no habrá que decir de Chávez que abusa de la historia latinoamericana, de una historia que legitima sus proyectos? De la respuesta dependerá que le sigan llamando “el bolivariano” –como seguramente pretende- o simplemente “el actual presidente de Venezuela”, uno más en una larga y azarosa historia. Más artículos de la categoría Política |





