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Urtubey dice que será gobernador con quienes lo apoyen

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Escrito por Matías Beltrán, el viernes, 09 de marzo de 2007 (Ha sido leído 4129 veces)
Aunque eludiendo una definición directa, Juan Manuel Urtubey admitió hoy que está dispuesto a postularse como candidato a gobernador por un frente social y electoral de sectores kircheristas locales. Desde allí, confrontará con Walter Wayar, vicegobernador de Salta desde 1995 y actual precandidato a gobernador del Partido Justicialista. “Creo interpretar las aspiraciones de cambio de amplios sectores sociales en Salta. Seré gobernador con los que me apoyen, con los que me voten. Seré candidato por dentro de una sociedad que está demandando cambios más que continuidad de lo mismo. No lo seré a espaldas de ella, encerrado detrás de los muros de un partido”, dijo anoche Urtubey en una entrevista de una hora en el programa “Cara a cara” que conduce Mario Peña.

Urtubey eligió un ejemplo para explicar su posición. En su momento, en la ex Unión Soviética, Gorvachov captó la demanda de una sociedad que pedía cambios y transparencia. Aunque Gorvachov era un hombre del corazón del aparato del partido gobernante, entendió que debía conectarse a ese reclamo social e interpretarlo. Fue así que comenzó a introducir reformas en el régimen soviético, mientras los jerarcas del Partido Comunista seguían obsesionados en mantener el aparato, conservar sus privilegios y estar sumergidos en discusiones que no interesaban a la gente. ¿Insinúa Urtubey que quiere liderar aquí un proceso de cambio y transparencia, sin esperar contar con el respaldo del aparato?

Asegurar que será gobernador con quienes lo apoyen, no parece una perogrullada: lo que está avisando Urtubey es que no pondrá todas sus fichas en el casillero del Partido Justicialista y que sus intenciones exceden las fronteras de ese partido. Urtubey dijo que en Salta se percibe un clima social favorable al cambio. Hay señales que nos indican que “es necesario generar y nuevos consensos y construir nuevas formas de organización social”, explicó el precandidato a gobernador y actual diputado nacional integrante del bloque kirchnerista. Urtubey admitió que “no será fácil reemplazar una concentración de poder como la de Romero en estos años” pero, de inmediato, añadió que su mención a la concentración de poder era descriptiva de una realidad y no peyorativa.


Legitimación social y legitimación partidaria


“Es más importante la legitimación social y democrática que la partidaria”, dijo. Para defender su posición, considerada ambigua por el oficialismo local cuya mesa de conducción integra, Urtubey utilizó la antigua diferencia entre “partido” y “movimiento”, acuñada en los orígenes del peronismo. Mientras el partido, citó Urtubey, es una mera herramienta electoral y circunstancial que sirve para responder a las exigencias del sistema “demo liberal burgués”, el movimiento es lo permanente, lo no institucionalizado, lo dinámico y lo flexible. ¿Acaso el peronismo no fue frentista en 1946, cuando conquistó el poder o en 1973, cuando lo recuperó, o en 1989, cuando volvió con una coalición de la mano de Menem?

La tradición y la práctica peronista dicen que el partido está subordinado al movimiento y no éste a aquél. Aunque, históricamente, Perón usó más esa diferencia después de su derrocamiento en 1955. No lo hizo antes, o lo hizo sin tanto énfasis, entre 1946 y 1955 cuando desde el Estado y con criterios más verticalistas que democráticos, extraídos de su formación y de su experiencia militar. En consecuencia, la candidatura de Urtubey podría interpretarse como una fidelidad al movimientismo peronista antes que una deslealtad hacia el partido, instrumento formal y descartable. “Mi alianza es con el pueblo de Salta”, repite. “El partido es una parte. Es lo formal, lo instrumental. El movimiento es lo sustancial, lo abarcativo, lo social y lo vital”, anota Urtubey.

Sea como fuere, el caso es que la suerte política de Salta se juega con tres candidatos justicialistas y con una sola baraja de ese mismo color. Desde fuera del justicialismo se ve a Urtubey como un ala más abierta, más inteligente e ilustrada que el "wayarismo", más cerrado, elemental, emotivo y menos apegado al respeto a las normas y a las minorías. Desde el sector de Wayar se ataca a Urtubey con un débil argumento: su juventud , olvidando que tambén a los 37 años Wayar asumió la vicegobernación; que Romero fue elegido senador nacional a los 36 años; que López Arias también fue ministro a los 37. "Es argumento, además de tonto, reaccionario", responden.

“No tendremos elecciones provinciales sino estaremos obligados a votar en una interna del PJ”, dicen los independientes. En Salta, la Unión Cívica Radical se debate entre apoyar a Kirchner o respaldar a Lavagna y el Partido Renovador, entre aliarse a Macri o sumarse a Kirchner y votar por Urtubey. Lo que hay aquí, de hecho, es un partido único con tres candidatos, de la misma raíz y del mismo tronco. La diferencia es que, mientras Wayar aparece como una suerte de “auto sucesión” de Romero, Urtubey es visto como la posibilidad del comienzo del post romerismo. Después de todo, muchos régimenes personalistas, longevos y cerrados modificaron y desmontaron desde adentro, antes que desde afuera. 

Urtubey sabe, pues, que desde el punto de vista de la ortodoxia justicialista, sus pretensiones frentistas son inobjetables. Después de todo el peronismo nació hace más de sesenta años como un frente conformado por radicales irigoyenistas, dirigentes sindicales definidos como laboristas, militantes católicos, rancios conservadores de la “década infame”, socialistas disidentes del viejo partido, algunos veteranos anarquistas y hasta ex dirigentes y afiliados al Partido Comunista. El frentismo es consustancial al peronismo, antes que su negación. “Seré candidato de un frente social amplio al que, aspiro, decida integrarse el Partido Justicialista de Salta. No estoy proponiendo nada original pues el Frente para la Victoria está constituido en 22 de los 24 distritos electorales. Las únicas provincias donde todavía no hay Frente son Salta y San Luis”. San Luis y Salta son las dos únicas provincias que Kirchner no visitó durante sus cuatro años de gobierno.


La mirada vuelta hacia atrás


La explicación de la no conformación en ambas provincias del Frente para la Victoria es obvia: se trata de dos distritos o “feudos” electorales controlados por dos rivales de Kirchner en las elecciones de 2003. Por un lado, Alberto Rodríguez Saa en San Luis, uno de los tres candidatos a presidente justicialista en esas elecciones y, por el otro, Juan Carlos Romero en Salta, que acompañó a Carlos Menem. En esas elecciones, mientras Rodríguez Saa dejó en “libertad de acción” a sus votantes en la segunda vuelta, que no se concretó; Romero defendió la idea de no competir en el “ballotage” como un último recurso para deslegitimar a Kirchner, actitud que éste no olvida.

Urtubey dijo que Wayar es el pasado, que mira hacia atrás y que tiene una idea equivocada de la lealtad. Cuando uno pone la mirada y el peso de la carga atrás y no ve hacia adelante, está condenado a no asumir la necesidad del cambio y de la evolución. Urtubey dice que es excesivo decir que se puede diseñar un proyecto político que tenga vigencia hasta el año 2020. “Si Urtubey va dentro o fuera de la lista del Partido Justicialista, no nos preocupa porque le ganaremos de uno o de otro modo. Urtubey no podrá armar el frente. Después de escuchar anoche sus declaraciones, creo que Urtubey se irá del Partido Justicialista y se presentará en un frente. Está mal asesorado. Cometerá un error”, dijo el intendente de la ciudad Miguel Isa.

“Wayar será quien custodie (sic) se proyecto de Romero. Wayar garantiza la continuidad de Romero”, dicen los romeristas que se auto definen como leales. Imaginar un proyecto 40 con años de vigencia es de caudillo provinciano, no de político moderno, dice Urtubey. “Pero Romero es un político con proyección nacional”, atenuó el precandidato. La oposición se pregunta si eso que se llama en Salta “proyecto político de Romero” no es más el reflejo de sus metas e intereses personales que del consenso y el bien común. Por lo demás ¿no es un delirio autoritario imponer durante 40 años un “proyecto” cerrado, jamás debatido, consensuado y tampoco explicitado a una sociedad plural, compleja y cambiante? Perón habló de “Proyecto Nacional para el modelo argentino” y jamás habría consentido que se lo personalizara rebajándolo a la categoría unipersonal de “Proyecto de Perón”.


‘Proyecto’ con el peso de una lápida


Tal “proyecto” tendría el efecto no ya de un condicionante de futuros gobiernos, sino el de una pesada lápida puesta encima de la sociedad y de las instituciones. “Eso del proyecto son engaños fraguados en los quinchos bien regados de los fines de semana”, dicen los propios oficialistas que no comulgan con ruedas de molino. Esta ingeniería social con pretensiones de imponer un proyecto único tiene sus riesgos pues se alzaría como un formidable obstáculo para futuros gobiernos. Romero llegó tan lejos que  hizo la “jugarreta” (lo acaba de admitir él mismo) de reformar dos veces la Constitución de la Provincia para adaptarla a la media de ese “proyecto”, cuando es elemental que son las políticas de gobierno las que deben adaptarse al marco constitucional.

Urtubey dice que esta actitud de conservación y de continuidad de lo mismo, pone en peligro los logros positivos de los últimos doce años. Pensar la política en términos lineales es un error, dijo Urtubey. Hay que entender sus paradojas: hay que cambiar para conservar y consolidar lo que se hizo, vine a decir el precandidato.

No se puede liderar el cambio ni construir lo nuevo usando herramientas del pasado, dice Urtubey. ¿Cuáles son esas herramientas y quien las usa? Hay que acabar con los intermediarios de la pobreza. Debe desaparecer el puntero que humilla a los necesitados de una ayuda cuya entrega esos personajes condicionan a la obediencia a ellos. No se puede seguir canjeando votos por bolsones, viene a decir Urtubey. Esa intermediación de la pobreza es uno de los engranajes más potentes de los aparatos. La prebenda es el combustible de esa maquinaria que, en opinión de Urtubey, es la que usa Wayar para perpetuarse. “Los aparatos se agotan. Si no garantizan el cambio, caen. La sociedad nunca pierde, los aparatos si”, dice Urtubey.

De lealtades y traiciones


Durante la entrevista a Urtubey se pusieron pantalla opiniones de otros dirigentes políticos sobre él. El presidente de la Cámara de Diputados, Santiago Godoy, que suele expresarse sin rodeos, dijo confiar en que Urtubey “será leal pues es un romerista de toda la vida”. Para decirlo en lenguaje peronista “no sacará los pies del plato”. “Sería un error que Urtubey fuera candidato fuera del PJ. Afuera no conseguirá nada. Adentro sí. Aunque no gane ahora la interna, quedará bien posicionado en el partido”, dijo Godoy.

Dos palabras sobrevuelan toda campaña electoral del justicialismo: lealtad y traición. Son polos opuestos. O se es leal o se es traidor. Traidor es aquel que “saca los pies del plato” y quien se atreve a hacerlo sabe que se expone a que sus pies –políticamente hablando- sean amputados. En el justicialismo de Salta, otros dicen que los fieles a Romero asumen aquel dicho mexicano: “el que vive fuera del presupuesto del Estado, vive en el error”. Dicen, además, que confunden lealtad con obsecuencia y se someten a una lealtad que es una avenida de una sola mano: se debe ser leal al jefe pero éste no tiene reciprocidad con sus subordinados. Por lo demás, la lealtad no es hacia valores, ideas o trayectorias sino a las personas a las que se debe acatamiento y obediencia debida.

Urtubey sabe que si se decide dar un paso fuera de la estructura del partido, la palabra “traición” será grabada a fuego sobre su frente. Mientras Wayar repite que Urtubey es un ingrato pues llegó al gobierno de su mano, cuando tenía veintitantos años. En contradicción con este reproche, Daniel Isa, asesor de Romero, acaba de decir que, “Urtubey se ganó los ocho años como diputado nacional por su capacidad, sin el favor de nadie”. El mismo Isa dijo que, aunque, en política existe la lealtad, “hay actos de traición que se transforman en actos de evolución de los políticos”. ¿Si es candidato sin el PJ, se podrá reprochar traición a Urtubey? ¿Acaso Kirchner no sólo dio la espalda Duhalde, su principal apoyo en 2003, sino que lo condenó al ostracismo?

La palabra traición es una de las llaves para entender la política argentina, advirtió Juan Bautista Alberdi, hace casi un siglo y medio. “Se necesita haber mamado del despotismo para calificar como traición al acto de disentir o pensar a la inversa del gobierno”, sintetizó en contundente síntesis el autor de “Bases”.


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