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Cercanos caballeros del deporte salteño

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Escrito por Armando Caro Figueroa, el lunes, 19 de marzo de 2007 (Ha sido leído 3162 veces)
Contrariando la doctrina del hombre sin atributos (R. MUSIL) según la cual “el deporte es una cosa burda, resultado de un odio universal”, pienso que los buenos deportistas construyen el orgullo local. Ya los niños comienzan a reconocer la identidad de la patria chica a través de quienes defienden los colores del terruño.

Estos colores (por ejemplo, el verde y blanco de la casaca con la que se presentaba el extinto combinado de la Liga Salteña de Fútbol) y, mas aún, la vecindad de los héroes tienen mucho que ver con ese proceso identitario.

En los primeros años de la década del 50, la tardía llegada a la meta del doctor Pablo MESPLES, la primer “muñeca” automovilística salteña, pudiera haber herido aquel orgullo local.

Pero nada de esto ocurrió: desde niños sabíamos que nuestro crédito, además de competir con Juan Manuel Fangio, con “Patoruzú” y con los hermanos Gálvez, era médico y caballero. De aquellos que anteponían el juramento hipocrático y las reglas de la antigua caballería, a la pasión deportiva.

Era célebre aquella hazaña del doctor MESPLES en el “Gran Premio Internacional del Norte Buenos Aires-Lima” (1940), cuando terminó en el muy honroso séptimo lugar, no obstante haberse detenido innumerables veces en el camino para ayudar a sus contrincantes heridos por las inclemencias de la Puna.

Volviendo a aquella carrera de los 50 (que muchos seguimos a través del vibrante relato de Lalo VOZA en LV9), quienes tienen edad para ello seguramente recordarán la angustia con la que los salteños, prendidos del receptor de radio, permanecimos despiertos hasta la media noche a la espera del arribo del Caballero del Camino.

Llegó esta vez último a la meta, probablemente 5 horas después de que lo hiciera uno de los Gálvez. Pero para nosotros lo relevante era su hidalguía y los comentarios sorprendidos de la prensa porteña.

Mas tarde, los Campeonatos Evita dieron oportunidad a un selecto grupo de jóvenes salteños de demostrar su valía en natación, water polo, pelota a paleta y ciclismo.

Quién llegó a codearse con la elite mundial de este deporte, fue Federico CORTEZ de exitoso rendimiento en los Juegos Panamericanos y en la mismísima Roma. Mientras estudiábamos Derecho Comercial en su casa de Tucumán, Federico me instruía acerca de los secretos de este deporte y, con una modestia infinita, recordaba sus triunfos aún recientes.

Ya en los años 60 tuve oportunidad de conocer de cerca de otras dos glorias del deporte salteño: Juan José BRIZUELA y Pablo de las Mercedes CÁRDENAS.

En realidad, a nuestro Campeón Argentino y Suramericano de peso mosca, lo conocí en la Escuela Urquiza, seguramente en 1952. Le llamábamos, vaya uno a saber porqué, Genaro, y era una ardilla de extrema agilidad que, además, lideraba un grupo de compañeros no muy afectos a la disciplina escolar.

La contracara de Genaro y su amigos, era el dúo que integrábamos con Agustín; ambos estudiosos, engominados y con el guardapolvo siempre impecable (el de Agustín aparecía almidonado día de por medio).

De modo que estaba escrito que Genaro terminaría mojándole la oreja a uno de estos dos compañeros tan remilgados.

La suerte me fue desfavorable y una mañana luminosa de septiembre BRIZUELA me desafió a pelear, sin más motivo que una latente y unilateral antipatía, en la pista de tenis de la Sociedad Española, en la calle Zuviría a pocos metros de la Escuela.

Como cabía esperar, Genero me dio una soberana paliza ante la mirada expectante y el regocijo de esa multitud de pequeños que disfrutaba de este tipo de espectáculos.

Pasado el tiempo y enterado que fui de las calidades boxísticas de mi ocasional contrincante infantil, al sentimiento de humillación por aquella derrota de 1952 sucedió una suerte de reservado orgullo: Me había chalcheleado nada menos que un Campeón argentino y sudamericano.

La reconciliación fue integral cuando el ahora famoso Juan José BRIZUELA me apoderó para que le defendiera en un pleito contra quién, arteramente, se había quedado con su bolsa.

La Salta propensa a los homenajes (sobre todo a aquellos que dejan réditos políticos), celebró recientemente a nuestro múltiple campeón. El mérito y el sacrificio de este y de otros deportistas de los puños, acaban de ser ensalzados por el Hombre de Cachi en una intervención que seguramente no pasará a la historia parlamentaria universal.

Hasta donde dan mis escuetos conocimientos del fútbol salteño, Pablo de las Mercedes CÁRDENAS fue el comprovinciano que mas lejos y mas alto llegó.

Este auténtico caballero de los campos de fútbol y de la vida ciudadana, se hizo conocer en Juventud Antoniana, y paseó su clase por Unión de Santa Fe, por el Racing Club de Avellaneda, y por la Selección del Interior que dirigía el gran César Luis MENOTTI.

Ya retirado del deporte de alto rendimiento, Pablo lució su elegancia jugando al voleibol para el Club llamado Gauchos, pese a que ninguno de los defensores de su camiseta tenía punto de contacto con gaucho alguno. Allí despertamos el pasajero fervor de algunas damas y compartimos alegrías con amigos a quienes el destino dispersó deparándoles suerte diversa.


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