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Murió Ethel Mas de Ashur

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Escrito por Gregorio Caro Figueroa, el sábado, 31 de marzo de 2007 (Ha sido leído 2223 veces)
La profesora Ethel Mas de Ashur, murió esta madrugada en la Ciudad de Salta, en donde nació a mediados de los años '40. Fue una de las primeras y aventajadas estudiantes del Departamento de Humanidades que funcionó en Salta pero que dependía entonces de la Universidad Nacional de Tucumán, de la que egresó como profesora de Filosofìa. Durante su trayectoria académica se consagró a la orientación pedagógica. Poco antes de su enfermedad, avanzó en su tesis doctoral.

Los restos de Ethel Mas de Ashur son velados en La Piedad, calle Alberdi 444 de Salta

Junto a un puñado de estudiantes mujeres universitarias, Ethel abrió en Salta un camino difìcil, sembrado de obstáculos pero también de incitaciones a las que ella respondió con talento, valentía intelectual y amplitud de miras. Su visión universalista de la vida y de la cultura no desplazó la que le proporcionaba su arraigo al medio, a sus tradiciones y a sus seres humanos. Su personalidad de nutrió y enriqueció con la herencia de sus ancestros catalanes y con sus vivencias salteñas.

En los últimos años de la década de los '50 y en los primeros de los '60, Ethel acentuó su compromiso con el desarrollo académico de una Salta que, hasta entonces, tenía como meta lejana la creación de una Universidad Nacional que acreditara su desarrollo cultural y su diversificación social. En esa empresa estaban, entre otras, Ana María Giacosa, Nora Godoy (ya fallecidas) y Cuqui Leonardi Herrán y Yolanda Fernández Acevedo. Junto a Eduardo Ashur, su compañero de más de cuarenta años y esposo, trabajaron sin fatigas ni especulaciones en los pequeños grupos que tomaron en sus manos el trabajo de colocar los cimientos de esa Universidad.

De inteligencia cultivada y aguda, dotada de una fortaleza de convicciones que hacía imperceptible su frágil figura y de una natural capacidad para el humor y la ironía, Ethel cultivó y logró un equilibrio poco frecuente en esos borrascosos tiempos que fueron los suyos y los nuestros. Ethel no rehuyó involucrarse en los problemas sociales y ciudadanos y participó en la polìtica universitaria.

Pero lo hizo con decisión, aunque desde una independencia de criterio, sin sumarse a ortodoxias de grupo ni sectarismos, propios de esos años. Su formación intelectual no opacó su espíritu de fineza, su generosidad en el cultivo de a amistad y tampoco su compromiso familiar.

En los últimos años, Ethel sobrellevó con entereza y ánimo templado su desigual combate con la muerte. Lo hizo de la mano de Eduardo y de sus hijos Sebastián y Diego y arropada con el afecto de quienes somos sus amigos y la recordamos con un afecto que su desaparición decanta y reafirma (Gregorio Caro Figueroa)


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