Salta y Neuquén se jactan del superávit pero niegan mejoras a sus docentes
Escrito por Matías Beltrán, el viernes, 06 de abril de 2007 (Ha sido leído 3439 veces) La distancia geográfica entre las provincias de Salta y Neuquén no suprime algunas semejanzas entre sus economías, sus actuales regímenes políticos, sus liderazgos políticos autoritarios y personalistas, la corrupción, la ausencia de división de los poderes, el rígido control de la prensa y sus problemas sociales. Entre ellos, la crisis educativa y el actual conflicto docente, uno de sus más notorios y dramáticos emergentes. Salta y Neuquén son provincias productoras de petróleo y tienen ingresos superiores a otras provincias provenientes de las regalías.
Su opinión
Por eso tienen una menor dependencia de los fondos nacionales. También, por la misma razón, pueden jactarse de tener superávit fiscal. Sobisch exhibe con orgullo los 584 millones de pesos que guarda en caja. Romero lo hace con un superávit que se mantuvo en los últimos seis años, y que en 2007 será de 27 millones de pesos. Mientras impone más sacrificio a los empleados estatales, este año la Provincia de Salta destinará la cifra récord de más de 600 millones de pesos para obras públicas, la mayor en la historia económica local. El gobierno salteño destinó 581 millones de pesos para educación. La renta petrolera no es la única explicación de ese sobrante amasado con la más drástica y prolongada depresión de los salarios de los empleados públicos.
La defensa a ultranza, pero no simétrica, de esas cuentas recuerda al criterio de los regímenes conservadores más duros, cuya divisa era: “Moneda sana, pueblo enfermo”. Salta nunca dejó de pagar la deuda, respaldada con sus regalías por hidrocarburos. “Standard & Poor’s” puede estar conforme con ese desempeño. Pero no lo están aquellos el Estado no paga sus deudas. “Salta nunca dejó de pagar su deuda”, se ufana el gobierno. “Pagó todas, excepto la deuda social”, responden empleados públicos y docentes en huelga.
Aunque, fuera de sus reductos políticos y personales Romero y Sobisch jamás lograron perforar los mínimos de intención de voto desde el año 2003, ambos alimentan fantasías presidenciales y buscan “nacionalizar” las políticas que aplican en sus provincias. El neuquino y el salteño todavía no han conseguido suplir con sus fortunas personales la absoluta falta de carisma que caracteriza a ambos. Incluida, la política en materia de seguridad, que colocan en el extremo opuesto al “garantismo” del gobierno nacional.
La tenaz negativa de los gobernadores Jorge Sobisch y Juan Carlos Romero de atender las demandas de los docentes, que piden mejoras salariales mínimas para evitar ser pasar del universo de la pobreza al sub mundo de la indigencia, no parece una cuestión de falta de recursos para pagar los $40 de aumento que ofrece el gobierno de Salta y que los docentes aceptan, a condición de que no sea pagado en cuotas.
No faltan los recursos
“No hay, pues, explicación por el lado de los recursos. Esta grave situación se explica, más bien, por la negativa de esos gobiernos de valorar la inversión en educación”, señaló el diputado nacional Claudio Lozano, economista y dirigente de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Para estos gobiernos, un edificio o los gastos superfluos son inversiones, pero no lo es la educación. Lozano ratificó la adhesión de la CTA a la huelga. Por primera vez en años, la CGT se plegó a este paro nacional, aunque aclarando que no es una protesta contra Kirchner sino contra la represión en Neuquén y en Salta.
No se trata de falta de recursos sino de la ausencia de una voluntad política para resolver los conflictos sociales utilizando los canales institucionales y los instrumentos de negociación propios de los sistemas democráticos. Tanto Romero como Sobisch ponen más interés y recursos en el control de los conflictos sociales que en la búsqueda de resolución de los mismos. Los docentes no están pidiendo el cielo, sino apenas una mínima mejora para aliviar su difícil situación. Los legisladores provinciales que obedecen a Romero y sobreactúan su oficialismo, como los de Sobisch en Neuquén, responsabilizan a los docentes por la crisis.
Según recientes datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, la canasta básica de alimentos, la que se necesita para que una familia no caiga en la indigencia, aumentó en los últimos seis meses un 13,3%. En el mismo período de 2005/2006, este indicador había subido un 7,7 por ciento. Esos índices son mayores en Salta, cuyo gobierno critica la falta de transparencia en la elaboración de las estadísticas oficiales, pero que aquí hace lo mismo, con el agravante que –a diferencia del INDEC- ni siquiera publica esos datos.
Sobisch y Romero, como gotas de agua
Jorge Sobisch, gobernador de Neuquén intercambia sonrisas con el ministro salteño de Gobierno, Brizuela, mientras se agudiza la huelga docente en ambas provincias
En este punto, Sobisch y Romero también se parecen como dos gotas de agua: creen que una contundente represión de los conflictos sociales fortalece la autoridad del gobierno. Sobisch y Romero amasaron fortunas y comparten gustos de nuevos ricos como el ser propietarios de yates y bodegas “boutique”. Romero y Sosbisch intercambian regalos de lujo y cortesías sociales. En algunos casos, como ayer en Neuquén y antes en el Norte de Salta, los llamados “excesos” se cuelan por las puertas que los propios gobiernos dejen entreabierta.
Mientras se agrava el ausentismo de funcionarios nacionales y provinciales, el cardenal Jorge Bergoglio pidió ayer que los políticos hagan una campaña electoral "en torno al debate de propuestas e ideas y no simplemente en la búsqueda de espacios de poder, de ver cómo vencer desde una dialéctica, con agravios, a posibles opositores". El Primado de la Iglesia Católica en la Argentina, añadió: "El que no vive para servir, no sirve para vivir". “Esos ojos sufridos de nuestro pueblo fiel que nos alientan al trabajo, a una vida de laboriosidad, y alimentan nuestro fervor apostólico rescatándonos de toda pereza burguesa, ese “aceite malo” que unge en la parálisis del narcisismo y la comodidad”, señaló Bergoglio.
Filmus permanece en el limbo
“No hay conflicto educativo. La causa es policial”, aseguró el ministro de Educación Daniel Filmus, que en medio de la mayor crisis docente de los últimos años armó sus valijas y programó cinco días de vacaciones lejos del bullicio de las manifestaciones. Desde que comenzó el conflicto, Filmus dedicó más tiempo a su campaña electoral que al conflicto docente, cuyas causas él traslada a los gobiernos provinciales. En seis provincias argentinas todavía no han comenzado las clases, pero esto no parece ser competencia del ministerio a cargo de Filmus. Horas después de sancionarse la Ley Nacional de Educación, que impulsó por Filmus, el presidente Kirchner lanzó la candidatura de Filmus como jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Este largo fin de Semana Santa el dormido tigre del pasado despertó y saltó no sólo a las primeras planas de la información sino que reactivó en la sociedad argentina antiguas pesadillas. Ausencia de negociación, canales institucionales cerrados, gobernadores ausentistas y embriagados de soberbia, funcionarios de vacaciones o de campaña electoral y la renovada tendencia a adjudicar la paternidad del conflicto a “agitadores de extrema izquierda”, dibujan un paisaje más parecido a lo que ocurría en los últimos días de la dictadura de Onganía que a una imaginada democracia. A todo esto se añaden amenazas, desinformación y subestimación del problema desde los gobiernos.
‘Gracias al Espíritu Santo’
Anoche en América TV, Antonio Laje, periodista insospechado de tener antipatías al gobierno de Salta dijo: “En Salta todavía no ocurrió lo de Neuquén por obra y gracia del Espíritu Santo”. Por su parte, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, declaró que “hay dos provincias donde el gobierno nacional no puede controlar la policía: Neuquén y Salta”. ¿Acaso puede hacerlo en otras provincias, si no media una amenaza federal? Fernández añadió que los conflictos locales no son asuntos en los que deba inmiscuirse el gobierno nacional. El ministro Fernández olvidó mencionar a la Provincia de Santa Cruz, la del presidente Kirchner, donde efectivos de Gendarmería con armas largas ocupan las escuelas. La izquierda pro kirchnerista guarda respetuoso silencio por la represión en Santa Cruz. Las condenas a los mismos atropellos son selectivas.
Los principales medios de comunicación nacionales y los más importantes periodistas de opinión están vinculando los casos de Neuquén y Salta. También lo hicieron los dirigentes docentes nacionales Hugo Yaski, de la CTRA; Rafael Baradel del SUTECBA y Gustavo Aguirre, secretario general de la Asociación Trabajadores de la Educación de Neuquén. Yaski comparó la represión en Neuquén “la descomunal represión a los docentes en Salta en abril del año 2005”. “Hay gobernadores que manejan sus provincias como si fueran republiquetas”, acusó Yaski que ayer se reunió con Hugo Moyano, titular de la CGT quien comprometió el apoyo de esa central sindical al paro del lunes. Si la represión en Santa Cruz se hubiera cobrado una vida ¿pararía Moyano?, preguntan sus opositores.
Naufragio de dos sueños
Baradel dijo que el de Sobisch no es un caso aislado sino que es parte de una visión política que el gobernador de Neuquén comparte con sus amigos y socios políticos Mauricio Macri y Juan Carlos Romero. Ayer, Macri se apresuró a distanciarse de Sobisch, cuyos devaneos presidencialistas parecen hundirse junto a los de Romero.
Los periodistas Nelson Castro y Pablo Rossi también compararon los casos de Neuquén y Salta, cuyos gobernadores reprochan que el gobierno nacional no reprima los cortes de ruta y las manifestaciones sindicales. “Todos saben que estoy en contra de los cortes de rutas y no los justifico. Pero también, ante lo que está ocurriendo con gobiernos y legisladores que cierran todos los caminos de la negociación ¿les quedan a los docentes otras vías para hacerse escuchar?”, se preguntó Nelson Castro.
Hoy viernes en Salta, luego de la muerte a manos de la policía del profesor Carlos Fuentealba, los medios de comunicación que responden al gobernador Romero fueron instruidos para guardar silencio. Se redujeron los ataques, insultos y burlas contra los docentes en huelga por parte de periodistas pagos por el gobierno local. La única referencia a conflicto en Salta por parte del oficialista diario “El Tribuno” alude a la adhesión al paro y movilización del lunes 9 del dirigente docente Virgilio Choque, también oficialista. Choque sigue siendo el único e sindicalista complaciente que dialoga con el gobierno, a espaldas de la mayoría de los docentes de Salta.
El mismo viejo y conocido libreto
Según el diario del gobernador el gremio que controla Choque “es el que contiene a los docentes” (sic). Según el periódico el de Choque es la “entidad base y gremio que agrupa a la mayoría de los maestros en la provincia”. En este punto, el caso de Neuquén es distinto que el de Salta. En Salta y en Neuquén, al momento de enfrentar la crisis docente, los gobiernos parecen actuar siguiendo el mismo libreto, cortado por la misma tijera. Es un libreto que casi no tiene retoques de aquellas viejas recetas de manual al que recurrían los gobiernos de facto.
En Neuquén la ATEN, sindicato docente, tiene una conducción democrática, representativo y no subordinada al gobierno. Su dirigente Gustavo Aguirre explicó que Sobisch trata de descalificar la huelga docente, atribuyendo fines políticos “extremistas” a la misma. Al igual que Romero, el gobernador neuquino dice que no les temblará el pulso para defender el equilibrio fiscal. Ni el más ortodoxo de los monetaristas se atrevería a afirmar que el equilibrio fiscal debe lograrse a expensas del equilibrio social. Tampoco puede alcanzarse a costa del preocupante déficit institucional que padecen Salta y Neuquén.
También como Romero, Sobisch cultiva una fingida imagen de político moderno y liberal. Ambos comparten el severo control de las legislaturas, la justicia, las organizaciones sociales y los medios de comunicación, además del desmantelamiento de los organismos de control y de la dependencia del poder político de los restos de los mismos.
Extraño caso el de Neuquén donde el gobernador debe escapar de su despacho disfrazado de policía y en donde, según su amigo Mauricio Macri, fue "un asesino disfrazado de policía" el que disparó a quemarropa al profesor Fuentealba. Habrá que preguntarse si, un día de estos, un policía disfrazado de gobernador no comience a dar órdenes en las casas de gobierno y un policía disfrazado de asesino no restablezca el orden, por las buenas. Con semejante cuadro ¿acaso se puede decir que hay instituciones y hay Estado hoy en la Argentina?
También es similar el manejo discrecional de los recursos públicos y la tendencia a favorecer a grupos vinculados al poder. Hace años, Sobisch enfrentó una causa judicial por intento de coima, iniciada por el ex legislador Jorge Taylor, un caso que aún no se resolvió, aunque logró en Cámara un sobreseimiento firmado por dos de los tres vocales que logró designar para asegurarse el control de ese cuerpo.
Aquejados de bulimia de poder
Aunque la conferencia de prensa de Sobisch fue bochornosa, tanto como su fuga disfrazado de la casa de gobierno, por lo menos dio la cara y varios de sus funcionarios renunciaron. En Salta, como siempre que hay graves problemas, nadie sabe donde está el gobernador Romero. Para esos menesteres está siempre dispuesto el vicegobernador Wayar y algunos legisladores “halcones” como Pablo Kosiner, que siempre se excede en la “obediencia debida”. Romero cree que, tomando distancia del problema, acrecienta su poder. Es el mismo razonamiento de aquellos gobernantes de las dictaduras empeñados en negar la realidad.
Por una extraña coincidencia, en los últimos años, muchos de los más graves conflictos se produjeron en la Argentina durante Semana Santa: la Guerra de Malvinas, los motines de militares golpistas “carapintadas” durante el gobierno de Alfonsín y varios conflictos sociales, entre ellos el de los docentes en Salta en el año 2005. El pasado tiene las alas desplegadas y sobrevuela sobre un país donde el triunfalismo de la clase dirigente no se compadece con las preocupaciones de la mayoría de la sociedad que mira a los gobernantes como distantes seres aquejados de bulimia de poder y de anorexia de ideas. Seres empinados sobre su propia pequeñez y satisfechos e indigestados de su propia soberbia.