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Minutas. Hoy: Gorilas

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Escrito por Iruya.com, el sábado, 07 de abril de 2007 (Ha sido leído 4059 veces)
Desde que, después de 1955 y para denigrarlos, Perón bautizó a sus opositores con el apelativo de “gorilas”, este tipo de primates cayó en desgracia. Pocos años antes, y sin ninguna intención política, los gorilas se pusieron de moda por la letra de una canción que se escuchaba por radio en “La revista dislocada”. En castellano “gorila” se usa para designar al guardaespaldas. Aunque ahora está casi en desuso, lo de “gorila” se sigue utilizando para estigmatizar al que se arriesga a criticar a ese fenómeno pertinaz y, a la vez, mutante que es el peronismo. Más que eso: su peso cae hoy sobre los que cuestionan a sus dirigentes.

En el glosario peronista “gorila” es algo más que un simple autoritario: es el reaccionario que utiliza la fuerza bruta. El gorila y lo gorila es lo antipopular, lo antinacional, lo “vende patria”, lo “cipayo”, lo oligárquico y todo lo servil al “imperialismo”. En una sola palabra se concentran todos los rasgos negativos con los que cargan aquellos que no comulgan con el peronismo y que, además, se atreven a criticarlo. Los maniqueístas más extremos pretendieron, y algunos siguen pretendiendo, dividir el país entre “populares” y “gorilas”.

Ni Perón ni sus seguidores pudieron prever que, con el paso del tiempo y los adelantos de la ciencia, la palabra “gorila” adquiriera otra significación. Para decirlo al gusto intelectual, que ese término fuera “resignificado”. Nuestro desayuno de esta mañana de Sábado de Gloria estuvo acompañado de la lectura de una interesante entrevista que el diario “La Nación” hace a Andrea Márquez López Mato, médica psiquiatra que preside la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica.

”López Mato dice que los chimpancés son líderes mucho más serviciales y positivos que los políticos”, resume “La Nación”. Según esta especialista, “la mayoría de los líderes políticos son caracterópatas, parientes cercanos de los psicópatas. Si no lo fueran, no podrían llegar. La raza humana cambió el concepto de líder, que significa aquel que lleva la manada. El mono líder no se pone en un pedestal. En todo caso, capta a su manada y trata de resolver sus problemas. Pero aunque su función sea diferente, se siente uno más."

Este hallazgo cuestiona arraigadas ideas pero, además, puede provocar remolinos en el campo de las creencias políticas. No son los chimpancés los que imponen su liderazgo por la fuerza bruta sino los líderes autoritarios. ”Entre los monos, el que llega a líder no es el que destroza a los demás, ni el más psicópata. Todo lo contrario: llega el que tiene capacidad de atravesar una crisis y salir fortalecido de ella”, explica. Al verse colocados por debajo de los chimpancés, se indignarán algunos de esos políticos “caracterópatas”, uno de cuyos rasgos es su obsesión por imponerse a los demás, a cualquier costo.

La doctora López Mato encuentra en esos políticos “rasgos inflexibles de personalidad que los llevan a creerse dueños de la verdad y tienen poca o nula capacidad para reírse de sí mismos. Mucho menos aceptan que otros lo hagan. De ahí que toleran tan mal el chiste político...". La falta de sentido del humor no es patrimonio de gobiernos de fuerza, como el de aquel general Onganía que, al verse caricaturizado como una morsa, mandó a clausurar el semanario satírico “Tía Vicenta”. Que no lo es lo demuestra la casi desaparición del humor político después que asumió el presidente Kirchner, que se autodefine como “pingüino” pero que no tolera chistes sobre él.

No por autoritarios esos “caracterópatas” resultan ser mejores líderes. Al contrario, dice López Mato. “Las crisis pasan por su lado y no sólo no aprenden de ellas sino que se vuelven más rígidos”. “Entre los monos, el que llega a líder no es el que destroza a los demás ni el más psicópata: llega el más resiliente , es decir, el que tiene la capacidad de atravesar una crisis y salir fortalecido de ella”.

Quizás a López Mato le haya faltado añadir que en el fondo, y desde el punto de vista institucional, los “caracterópatas” tienden a sustituir la ley por sus personales impulsos y dictados. La tendencia a sustituir el gobierno de la ley por el gobierno de los hombres no es exclusiva de dictaduras: también suele instalarse en democracias jóvenes, balbuceantes y poco consolidadas. Al final de cuentas ¿acaso viejos y nuevos gorilas de cualquier color político, no terminan por tener más semejanzas que diferencias? Los de entonces, en nombre de un falso liberalismo, los de ahora, en nombre del populismo ¿no comparten un similar desprecio por la ley?


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