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El poder de los débiles

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Escrito por Luis Caro Figueroa, el miércoles, 11 de abril de 2007 (Ha sido leído 2850 veces)
El variado e ilustrativo mundo de los graffitis es para mi una fuente inagotable de ideas propiciadoras de reflexiones interesantes. Soy incapaz de hacer una antología de estos escritos furtivos, porque nunca me he tomado el trabajo de anotarlos y la memoria humana, ya se sabe, -desde que el alemán * nos amenaza- se parece cada vez menos a un pen drive.

Pero me acuerdo de tres, muy interesantes.

El primero, hallado en una universidad norteamericana, alertaba: "Todas las generalizaciones son falsas, incluida ésta".

El segundo, en una esquina porteña cercana al viejo restaurante El Tropezón, a mediados de los ochenta, nos sorprendía con un singular humor negro: "Perón 10, Pumpido 1". El sarcasmo aludía al macabro episodio del robo de las manos del cadáver del ex-presidente y el casi simultáneo accidente del arquero de la selección, que se dejó un dedo colgado del travesaño.

Al tercero, de contenido más "revolucionario", me lo encontré en un paredón de un pueblo español y reza: "Sois tan pobres que sólo tenéis dinero". Una verdad -como dicen por allí- "como la copa de un pino".


La debilidad del poder


No sería muy original, aunque quizá fuese acertado, escribir ahora en un paredón de la calle Entre Ríos de Salta algo como "Sois tan débiles que sólo tenéis poder". Porque de este modo veo yo a esta mega-clase de personajes que en Salta se dedican a coleccionar cargos públicos, se regodean de su capacidad de influencia y que "operan" en vez de "vivir".

Porque, no nos engañemos, entre nosotros los hay que montan alrededor de sí un cerco de inmunidad hecho de fajos de cédulas parcelarias, se llaman a sí mismos "señores", como en la Edad Media y juegan a la "guerra del poder" como en los torneos ecuestres de la misma época.

Los fuertes, los verdaderamente poderosos, no necesitan este tipo de poder ni se ven compelidos a inmolar sus vidas y las de sus hijos en la hoguera de la vanidad personal. Así como los valientes no precisan de armas que potencien su capacidad ofensiva, hay quienes no precisan de perseguir obsesivamente el poder para alcanzar sus objetivos en la vida.

El poder, como energía social, es más un accidente, un mal necesario, que un "bien" cuya posesión convierta en virtuosos a sus poseedores.

El que acumula poder, un poder que excede las necesidades del servicio al prójimo, lo que está haciendo es enmascarar su propia debilidad y lanzar al mundo un mensaje: "Soy tan débil, que sólo tengo poder".

* Forma que algunos tienen de referirse a la terrible enfermedad de Alzheimer.




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