Doña Genoveva Paz de Figueroa

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Índice de este artículo
Doña Genoveva Paz de Figueroa
La amistad con los generales Heredia
Los hijos
Origen y carácter
Entorno y costumbres
Una dama de hierro
Notas
He dicho que esta singular matrona criolla neta, era de un temple varonil, lo que demostraré narrando el siguiente episodio que la pinta de cuerpo entero, el que bien pudo tener una finalidad trágica, rasgo que pone en evidencia su entereza:

En 1864, algo como una dinastía de familia que venía desde 1840 se apoderó del gobierno de Salta, por medio de una fingida zancadilla cuartelera, que don José Uriburu, le echó a su tío don Juan Uriburu, a la sazón gobernador titulado. Ello puso al pueblo entero de la provincia que echaba rayos. En menos de una quincena más de dos mil ciudadanos montados pusieron cerco a la ciudad capital, alzados contra los jefes que se habían fortificado con el 8 de Línea del Ejército de la Nación, los que en definitiva, luego de asaltos a la plaza y de la victoria del Infiernillo, fueron totalmente aplastados.

A la sazón mi padre era coronel casi vitalicio del gran departamento de Los Cerrillos, quien se levantó en armas con la división "Defensores de la Ley", con la que, al fin dio, el combate victorioso ya citado en los extramuros de la ciudad.

Dicho jefe en los instantes de mayores urgencias para preparar los escuadrones, destacó pelotones de hombres, a fin de que, sin miramientos, requisaran elementos de movilidad.

Una de las partidas, rompiendo valladares, penetró en los potreros de San Agustín. Informada doña Genoveva de que sus equinos se iban encerrando en los corrales próximos a su mansión, e indignada por tal avance, se presentó en la puerta de los rediles, e hizo acercarse al gaucho capitán de la partida que así violaba sus sagrados derechos de dueña y propietaria. El paisano algo medroso, picó espuelas y se llegó hasta donde se hallaba la patrona, la que lo recibió con una lluvia de pedradas, junto a un copioso cardumen de adjetivos, mientras sus ojos claros vibraban al impulso de sus palabras.

El grave incidente quedó orillado satisfactoriamente, ya que el coronel Centeno se apresuró a dar a doña Genoveva -con quien lo ligaban lazos de amistad que venían de lejos- sus más francas y gentiles excusas por tamaña demasía.

Franciso Centeno

Buenos Aires, 28 de agosto de 1930.



 

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