¿Es Internet La Bestia? |
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Escrito por el viernes, 13 de abril de 2007 (Ha sido leído 2715 veces) En Apocalipsis XIII, 18, se lee: “Quien tiene, pues, inteligencia, calcule el número de la bestia, que su número es el que forman las letras del nombre de un hombre, y el número de la bestia es seiscientos sesenta y seis” (versión oficial conforme la traducción de la Vulgata latina de San Jerónimo). Y da la casualidad que los nombres más usuales del vocablo hombre son, en hebreo, איש (ish) y también אדם (adam), siendo este último el más usado en Occidente por su referencia bíblica. La cuestión es que ni ish ni adam tiene el valor 666. El valor de ish es 311 y el de adam es 45. Tampoco otros nombres hebreos que significan hombre, llegan a esa cifra de los tres seis. Ello dio pábulo a la tarea de descubrir cuál es ese hombre el valor de cuyas letras deben sumar 666. Y desde entonces la rueda no ha cesado de girar.
También se adjudicó el anticristo representado por la cifra 666, a algún Papa en particular y al sistema papal en general. Dejando al margen el episodio de Constantino, si se observa la inscripción del cayado papal, es la misma que la referida al emperador romano: Vicarivs filii dei, que aplicándole la numeración romana, se obtiene lo siguiente: V=5, I=1, C=100, I=1, V=5, I=1, I=50, I=1, I=1, D=500, I=1, Total = 666. El número de la bestia. En el recuento se han omitido las letras que carecen de números correspondientes en la numeración romana (a, r, f, s) que también figuran en la inscripción. En este caso corresponde hacer la misma objeción: ¿por qué se aplica la numeración romana cuando la inscripción es latina? Seguramente, porque de otro modo no se obtendría el resultado buscado. Hay varias otras interpretaciones mas, lo cierto es que con el número de la bestia para obtener del nombre de un hombre, no se ha logrado hasta la fecha univocidad. Una cuestión nada baladí es determinar si se trata de tres seis o de seiscientos sesenta y seis, que es como aparece en el Apocalipsis. Tanto puede ser una cosa como la otra. Tres seis pueden ser nombrados de un modo u otro. Si se tratara de tres seis que juntos se pueden nombrar como seiscientos sesenta y seis, cabrían otras interpretaciones. En este contexto hay para todos los gustos. Uno de los más ingeniosos es el haber encontrado en el código de barras de los productos del comercio organizado de esta Aldea Global, tres barras sin numeración: una a cada extremo y la tercera al centro, que son de igual valor a las que corresponden al número seis de los dos grupos de las otras barras numeradas, de lo que resultaría que en tales barras se encuentra el número de la bestia. No obstante, hay un error en esta propuesta, ya que el número de la bestia debe tener correspondencia con el nombre de un hombre, y no con la identificación de un producto comercializable, algo que no ha recibido explicación en este caso. Nuevas tecnologías como los chips personalizados, la impresión de huellas digitales que sustituyen a la cinta magnética de las tarjetas de crédito para pagar o extraer dinero de los Bancos y un sin fin de proyectos en marcha, que encajarían perfectamente en esta singular manera de resolver la cuestión bíblica. En las páginas de la red, sea que se las localice directamente o por medio de un buscador, siempre tendrán grabado una marca o señal: www, que en hebreo son tres vav, cuyo valor es seis (cada una). Si tomamos en consideración lo que significa la vav en la doctrina hebrea, no se puede llegar a otra conclusión que tratándose de una letra sagrada tiene correspondencia con los seis días de la Creación, las seis direcciones del Universo (norte, sur, este, oeste, adelante y atrás), entre otros significados. Por sobre todo, la vav representa todo lo completo y terminado que es, como sabe, el sentido bíblico de una creación hecha por Dios y que luego de terminada, no puede cambiar. Y además, Elohim tardó seis días en crear al hombre. En la tradición judeo-cristiana el ritmo de la Creación fluye linealmente, a diferencia de la teoría de los ciclos cósmicos de la tradición medio-oriental, que es cíclica. Terminado el ciclo con el advenimiento de los últimos tiempos como lo explica Georgel, todo sucumbe para volver a empezar. Equivaldría al retraimiento del Universo que terminado de expandirse, pierde fuerza y regresa al punto de partida para iniciar nuevamente la expansión tras un nuevo big-bang. Si la sexta letra del alephbeto hebreo representa la Creación y ésta está terminada una vez concluido el acto creador, no podría menos que recibir el honor de significar, por añadidura, la cualidad de reunir toda la perfección de todo lo que existe. En lo que respecta al estado humano en la multiplicidad del Ser, que es como concibe el ser humano el mundo, “su” mundo, las tres vav encerrarían en su sagrada intimidad lo que antes dijimos: los seis días de la Creación, las seis direcciones del Universo y la presencia del Hombre en el orden de la manifestación. Hasta aquí no aparece la personificación de la bestia. Sólo tenemos los tres números seis y su significado. La world wide web, simplificada como www, es una red pública que abarca la totalidad del planeta. Cualquiera puede mediante una simple conexión, extender su curiosidad encontrando lo que desee en cuestión de segundos. Desde la explicación de los síntomas y tratamiento de enfermedades hasta el tráfico de pornografía infantil; desde las más completas enciclopedias para uso libérrimo de profesionales y estudiantes hasta las fórmulas y enseñanzas prácticas para la preparación de explosivos, compra de armas y tráfico prohibido de productos malignos... Todo, absolutamente todo lo que cabe en este planeta está en la red. Una especie de ciencia infusa trasmitida a la mente por la intermediación de un teclado; en un mañana no lejano tal vez baste con la voz del internauta y se suprima el teclado. Se puede ver y oir todo. Está en manos del ser humano la totalidad de la Creación y la sabiduría acumulada a través de siglos. Y siendo buena la Creación, la sabiduría debiera serlo también, pero no es siempre así. Si la Creación proviene de Dios, se dice, no puede ser mala. Lo malo está en el hombre en razón de su libre albedrío. Piensa y obra mal porque libremente lo decide de un modo o del otro. De ahí que su saber no siempre coincida con lo bueno. Por todo lo malo que está en el vientre de la bestia (www), se podría decir que el dragón que le dio su fuerza y su facultad de curar sus llagas y heridas era un leopardo con pies de oso y boca de león (Apocalipsis, XIII, 1 y ss.). Esta bestia primera surgió del mar; la segunda, de la tierra con todo el poder de la primera. Es el mayor poder de la tierra y los hombres la adoran e idolatran como a un Dios; niños y adultos se pasan horas y horas con los ojos pegados al monitor, que cada vez los envenena más, los enferma y en no pocos casos los mata. El texto sagrado afirma que ningún hombre, cualquiera sea su condición u oficio podrá comprar o vender si carece de la marca de la bestia, o su nombre o su número (Ap. XIII, 16-18). La bestia surge del agua y sea como relato histórico o profético, siempre estamos en presencia del mismo simbolismo: el del agua, que si caótica y tenebrosa será la de la no-manifestación sobre la cual el espíritu del Creador (Elohim) volaba sin posarse en ella. Si se trata de una profecía y no de un momento histótico, entonces el agua representará la posibilidad de un segundo nacimiento tras emerger de tales aguas como Jesús bautizado por Juan, o la isla que emerge en medio de las aguas como lo explica Mircea Eliade. Siempre se mantiene vivo el mismo significado iniciático. De las aguas de las que iría a emerger la manifestación (el big-bang de los físicos), en el sexto día le tocó el turno al hombre y con él, a la bestia. La bestia que surgió del agua para dar sustento y poder a la bestia que surgió de la tierra. En definitiva, ambas son la misma bestia: la primera posando sus pies en la Creación al sexto día; la segunda, y una vez en ella, poniendo en marcha todos sus poderes maléficos, siendo su primer ensayo el fraticidio de Caín. Curiosamente en el texto sagrado se habla de comprar y vender y no de cualquiera de las otras miles de acciones que puede realizar el hombre. Sólo podrán comprar y vender aquellos que lleven impresa la marca de la bestia, o su nombre o el número del valor de las letras de su nombre. Si nos atenemos a las últimas propuestas tecnológicas que superan y en mucho a la tarjera de crédito y los códigos de barras, se llegará a un punto en el que nadie que no lleve en su mano derecha o en su frente impresa la marca de la bestia podrá pertenecer a la normalidad social y como consecuencia será marginado de la vida de su comunidad pues todo será comprado en la red, sin moverse de casa y todo será vendido del mismo modo desde cualquier sitio. Y sólo cuando haya cesado el dominio de la bestia durante los cuarenta y dos meses de que habla el Apocalipsis (XIII, 5), los hombres de bien recuperarán su condición de hombres libres. Los que se salvarán será unos pocos, y no se trata de una salvación del alma, sino física. La escritura habla de ciento cuarenta y cuatro mil que tendrán escrito en su frente el nombre de Dios. Se puede colegir que este pasaje del Apocalipsis guarda relación estrecha con la teoría de los ciclos cósmicos de la tradición oriental, que asegura en razón de los cómputos realizados pero más que otra cosa por la perversión y maldad que demuestran los seres humanos, cada día más acentuadas, que estamos históricamente en la cuarta era o ciclo de nuestra Manvántara; es decir la Kali Yuga, tras la cual se habrá de producir la destrucción total o parcial de la especie humana, según sea el cataclismo que le aguarda al planeta Tierra. La nuestra es la era o el ciclo de las tinieblas y cada hombre le dará a estas palabras la interpretación que mejor cuadre a su mentalidad e intereses: verdad histórica, realidad astrofísica o simbolismo aleccionador. Lo cierto es que el número que da el relato bíblico es meramente simbólico y lo que significa como profecía es que serán pocos los que se salvarán. Serán quienes hayan vivido sufriendo como los corderos sacrificiales, toda la presión, el acoso y la persecución de los poderosos. A nuestro juicio, el error de los descubrimientos del nombre del hombre radica en que tratándose de una profecía es imposible conocer cómo se llamará quien ejerza de bestia al final de los tiempos. Si el Apocalipsis es una profecía no puede ser Nerón la bestia, pues está instalado en el pretérito. Tiene que ser alguien que domine a la especie a través de la bestia “www”, sin que tampoco podamos saber hoy, cómo lo hará, aunque podemos preveer que utilizará una tecnología desconocida por nosotros pero aplicable o derivada de la red internacional de uso común. La marca de la bestia será la que tecnológicamente se esté usando en los momentos finales del ciclo. El número es wav wav wav como también se escribe la sexta letra del alephbeto. El nombre del hombre será el que ponga de rodillas a la especie humana haciendo uso de su poder malvado, el gran dominador y exterminador a la vez. Y nada de esto podemos saberlo hoy porque tratándose de una profecía sólo podrían dar el nombre del hombre quien sea profeta o un arúspice. Más artículos de la categoría Contribuciones |





