Las Yungas precisan una solución cosmopolita |
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Escrito por el domingo, 29 de abril de 2007 (Ha sido leído 3165 veces) Desde hace 130 años los salteños asistimos, impasibles, a la destrucción de Las Yungas, fuentes de belleza y de vida. Si bien ya antes el fuego y los pastores habían hecho lo suyo, fue a partir de 1876, con la llegada del ferrocarril, cuando el avasallamiento de Las Yungas, y de otros bosques, se volvió sistemático. De nada valieron las esporádicas leyes conservacionistas, la prédica científica, ni las declaraciones enfáticas a través de las cuales los líderes políticos prometían acabar con el expolio. Mas recientemente, cuando el discurso ecologista comenzó a ganar audiencia ciudadana, las Asambleas Constituyentes de la Nación Argentina y de la Provincia de Salta decidieron incorporar detalladas garantías a favor del medio ambiente. En idéntica línea y en un acto inteligente, Salta gestionó y obtuvo que la UNESCO declarara a Las Yungas Reserva de Biosfera. Pero de nada de esto se enteraron Las Yungas ni otros espacios merecedores de idéntico respeto. La desaprensión, el afán de lucro y las máquinas aceleraron su destrucción. Y lo hicieron a despecho de que el poder de policía perteneciera a la Nación (como en El Nogallar) o a la Provincia (como en los Lotes 32 y 33). Nada cambió con las alternancias del poder: peronistas, militares, “renovadores” o los personalismos autoritarios de reciente cuño mostraron idéntica ineficacia. Cuando el nivel de la conciencia conservacionista de los salteños comenzó a elevarse, ya en tiempos del actual Gobierno, las autoridades apelaron al argumento productivista para privatizar bosques y autorizar desmontes. La despiadada tala de bosques era necesaria, se decía, para aumentar la riqueza de Salta, para expandir la frontera agrícola, para dar empleo a los nativos. El argumento pareció tranquilizar a algunos espíritus. Sin embargo, la riqueza se trasladó del patrimonio salteño al bolsillo de unos cuantos, y los escasos empleos no sacaron de pobre ni a uno solo de nuestros campesinos. Las lluvias torrenciales del último lustro y, en general, el cambio climático que se abate sobre nuestra región y sobre el planeta, traen a Las Yungas y a las políticas conservacionistas al primer plano de la actualidad mundial y local. Es así que los salteños asistimos, con un interés aún escaso en proporción a la magnitud del tema, a un debate sobre qué hacer con Las Yungas. Se trata, en mi opinión, de un debate planteado en términos radicalmente falsos. De un debate que enfrenta, de un lado, a los federalistas y productivistas que dicen “los bosques salteños son de y para los salteños” y, de otro, a los nacionalistas que proponen privar a la Provincia del poder de policía forestal y trasladarlo a la Nación. Olvidan ambas posiciones que la conservación de un espacio como Las Yungas es de interés de la humanidad. Olvidan también que los poderes nacional y provincial se han mostrado igualmente impotentes para alcanzar los objetivos que los portavoces de las propuestas enfrentadas dicen pretender. Por supuesto, en un país donde las querellas entre unitarios y federales despiertan las mismas pasiones que hace 200 años, no existe casi espacio para sostener una tercera posición. No dudo de que la simple exposición de una propuesta cosmopolita como la que mas abajo se esboza, habrá de reunir rápidamente a unitarios y federales bajo la ancha bandera del patriotismo decimonónico. Pero allá vamos, invocando la teoría de la sociedad de riesgo global y citando una expresiva frase de U. BECK: “La mirada cosmopolita pone de manifiesto la misma realidad nacional, de otra manera. La mirada cosmopolita incluye la realidad de la mirada nacional y la reinterpreta, mientras que la mirada nacional es ciega y nos hace ciegos a las realidades de la era cosmopolita”.
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