Turquía, Venecia, Salta |
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Escrito por el lunes, 30 de abril de 2007 (Ha sido leído 2168 veces) Espíritus inconformistas, encendidos quizá por el fuego crepitante de la campaña electoral, pretenden que nuestra Salta contemporánea está más cerca de la Turquía de Solimán I, que de la Republica de San Marcos. Para los más escépticos de ellos, el próximo recambio en la cúspide del Gobierno de la Provincia se resolverá conforme a las reglas no escritas del Régimen, ubicadas en las antípodas de lo que está constitucionalmente mandado que suceda en una república democrática. Como otros han abundado ya en palabras que describen el Régimen y en razones que convalidan su descalificación desde una óptica republicana, me abstendré de entrar en este debate. Mi idea es presentar aquí un breve recordatorio de las características que acompañan los relevos en el vértice del Poder en un régimen emparentado con aquella Turquía del Siglo XV. Permítaseme, antes de proseguir, expresar mi deuda con ETIENNE de la BOÉTIE (1530/1563) y su espléndido “Discurso sobre la Servidumbre Voluntaria” (Editorial Libros de la Araucaria, Buenos Aires – 2006) cuya lectura, a la par de infundir un sano optimismo, bien puede ayudar a comprender aspectos sustantivos de nuestro presente político. El relevo republicano de los gobernantes es, por definición, un acto extremadamente sencillo, pacífico, purificador y natural. Cumplido el tiempo del limitado mandato concedido por el pueblo soberano, el gobernante retorna a la vida privada, retoma la actividad profesional o el trabajo del que habrá de vivir honradamente tras su paso por la función pública, frecuenta las plazas, los mercados y los cafés. Los mas dotados, se dan tiempo para escribir sus memorias o transmitir sus reflexiones y experiencias desde la elevada cátedra de alguna universidad. Los menos, bailan hasta morir, se enzarzan en partidas de truco, juegan a las bochas y asisten a gimnasios. Sin embargo, todo hay que decirlo, cuando las repúblicas caen prisioneras del odio, del fanatismo y de la intolerancia, los relevos suelen ser traumáticos: Los nuevos gobernantes (o sus epígonos) se esfuerzan por despedazar el honor de sus antecesores, o promueven solapadamente acciones violentas contra estos. No faltan, bajo determinadas circunstancias (refinamiento, sometimiento de los jueces al poder político, opinión pública desprevenida), las extensas persecuciones judiciales que emponzoñan la vida cívica y degradan al poder judicial. Pero los recambios en los regímenes parecidos al turco del siglo XV son infinitamente más intricados y perversos que los de cualquier república: incluso la de una que padezca las enfermedades aludidas en los dos párrafos anteriores. Conviene recordar que aquel tipo de régimen autoritario padece una extrema inestabilidad en tanto está sujeto a las explosiones de la libertad o, por ejemplo, al súbito descubrimiento -por parte del pueblo- del engaño en el que se basa su servidumbre; cuando no al inesperado fin del misterio con el que se rodea el autócrata. En este sentido, PIRRO (que fue rey de Épiro en el siglo III AC), la hubiera pasado francamente mal si sus súbditos hubieran descubierto que los milagros atribuidos a su dedo gordo no eran más que viles patrañas. Es verdad que muchas veces el sultán puede imponer a su sucesor, garantizándose que este le respetará su rango, sus bienes y su ambición de retornar al poder ni bien las circunstancias que lo indujeron a abandonarlo se hubieran modificado. La historia muestra, no obstante, que estos casos han sido la excepción. Incluso, por seguir con el ejemplo de Turquía del siglo XV, hay que recordar que Solimán I (antepasado del mas conocido, cruel y eficaz Soliman El Magnífico) murió luchando por el poder contra sus mismísimos hermanos. Como bien relata ETIENNE de la BOÉTIE, los detentadores del poder a la turca están rodeados por un primer círculo exclusivo de 6 incondicionales con acceso directo y que comparten ciertos vicios y debilidades con el autócrata, y por un segundo de otros 60 que le sirven a mayor distancia. Ambos conforman la llamada “pirámide de la opresión”. Y es dentro de esta excluyente y tortuosa pirámide donde ocurren las mas graves tensiones cuando se acerca el momento de que alguien “desea, no destruir la Corona sino cambiarla de lugar” desplazando al sultán pero conservando el sultanato (obra citada, página 62). Nuestro autor es despiadado, casi brutal, cuando describe las relaciones en el interior de la pirámide: “Cuando se reúnen, constituyen una conspiración, no una compañía; no se aman entre si sino que se temen; no son amigos sino cómplices”. El recambio, por ordenado desde la cúspide que pudiera parecer, tiene consecuencias funestas para aquellos dos primeros círculos: “Aun cuando los favoritos logren escapar de las manos de aquel a quien sirvieron, no se salvan jamás del rey que lo sucede: si este es bueno, será preciso darle cuentas; si es malo, no dejará de tener sus propios favoritos, los cuales en ningún caso se conforman con tener el cargo de los otros; desean, por lo común, sus bienes y sus vidas”. De allí, entre otras muchas razones, la superioridad de la República de San Marcos. Más artículos de la categoría Política |





