El afiche Romero - Wayar |
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Escrito por el miércoles, 02 de mayo de 2007 (Ha sido leído 3679 veces) El afiche publicitario con que se lanzó abierta, aunque no legalmente la campaña de Walter Wayar a la gobernación, ha dado y sigue dando que hablar, aunque se dice que el gobernador ha reaccionado despidiendo a su agente. Al parecer, no pudo concebir algo más desacertado. La imagenEn primero plano, a la izquierda, el candidato Wayar aparece en tres cuartos perfil con una gran sonrisa franca –en el sentido de ilimitada; no precisamente sincera-. En la calle se dijo que tiene la sonrisa tatuada. La mirada de sus ojos rasgados está dirigida hacia abajo, como si la fotografía le hubiera sido tomada en un lugar alto: podría ser un palco. Esto lo sitúa arriba del espectador. Su mano derecha abierta mantiene la curvatura natural de palmas y dedos; con el brazo flexionado, queda a la altura del pecho. Hay quien vio en ella un gesto amenazador. Quizá no sea para tanto. Lo que trasmite sí es una actitud amistosa pero tímida y egocéntrica; totalmente de acuerdo a la preferencia de las expresiones subjetivas, sentimentales del candidato. De ninguna manera es una mano tendida hacia el otro, ni la mano firme de la gesticulación propia de líderes que subrayan un discurso enérgico. En el abc de la interpretación, mostrar las palmas habla de honestidad. Wayar está vestido con camisa blanca impecable, sin casaca. Lleva una corbata azulina con estampados, pretendidamente elegante pero no llamativa. Esto lo ubica lejos de cualquier formalidad, o de una imagen institucional. Sin embargo, también lo sitúa lejos de un “descamisado”. El gobernador Romero, candidato a senador nacional, ocupa el centro de la imagen, de frente aunque en un plano ligeramente detrás de Wayar. También sonríe, aunque su sonrisa no tiene la amplitud de la de su compañero. Está mirándolo de costado. No se le ven las manos. Esta vestido con traje oscuro, camisa blanca, corbata roja con pequeños estampados. En la solapa lleva una banderita de Salta. En la relación entre ambos personajes, la vestimenta y el lugar en el cuadro sugieren una asimetría a favor de Romero. Su traje remite a un papel institucional propio, mientras que la carencia de traje inferioriza a Wayar: en este caso, la informalidad no le favorece. Nuestro referente académico llegó a la misma conclusión que una modesta afiliada, ama de casa: la imagen deja bien en claro quién manda a quién. El cuadro se completa con un pequeño aunque visible escudo peronista en el ángulo inferior derecho; el fondo está formado totalmente por una bandera de Salta flameante, lo que aporta un color fuerte y una energía quizá excesiva al mensaje. La utilización del símbolo provincial por un partido es o debería ser ilegal, como el uso de la bandera nacional. La leyendaEl afiche dice bien arriba: “LA FÓRMULA PERONISTA”. Luego, de arriba hacia abajo, a la derecha, con letras blancas: “ROMERO Senador Nacional”; “WAYAR Gobernador”; “KIRCHNER Presidente”. Al lado del escudo: Partido Justicialista. Presentarse como “la fórmula peronista” trataría de decir que es “la” fórmula peronista, la única peronista, como si no fueran tales otros políticos que hacen propuestas diferentes. Para los propios, esta expresión remite a la pertenencia movimientista; intenta ir más allá de los límites partidarios. No fue necesario saber semiología para detectar el significado de la anormal mención en primer lugar de la candidatura a senador nacional, por sobre la de gobernador, y la ausencia del candidato a vice gobernador. Nadie recuerda en Salta, y tampoco en el país, algo semejante. La leyenda del cartel es sumamente económica. Aparte de decir quién está por encima de quién, sólo menciona el apellido Kirchner en la candidatura a presidente. De tan económica, no menciona los nombres de pila de los candidatos. Dadas las circunstancias, deja en la indefinición qué Kirchner integrará la fórmula; esto se comprende. En el caso de los locales, pareciera ser que el mensaje pretende instalar los apellidos como marca, pero comunica una cierta despersonalización. Llama mucho la atención la conjunción de los apellidos Romero y Kirchner como candidatos “peronistas”, por la aparente enemistad que ambos ostentaron desde las elecciones presidenciales del año 2003. Pero también llama la atención que Romero ahora le conceda el título de “peronista” cuando le reprochó al presidente de la Nación no serlo, hasta poco antes de este cartel de propaganda. Las palabras hablan pero las imágenes también lo hacen, a veces a despecho de las letras que las acompañan y en ocasiones, contrariando las intenciones de quienes las proponen. Con el asesoramiento de la semióloga Pilar Garay. Más artículos de la categoría Política |






