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La buena letra de la senadora Escudero

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Escrito por Armando Caro Figueroa, el domingo, 06 de mayo de 2007 (Ha sido leído 2732 veces)
En estos tiempos en donde todo lo que viene de la Patagonia política (por retrogrado que en verdad sea) recibe automáticamente el calificativo de “progre”, no deja de llamar la atención que una Senadora salteña, doña Sonia Escudero, haya logrado “colar” una enmienda importante en el simpático tema del derecho del nombre de las personas.

Senadora Escudero
Senadora Escudero
Al parecer, a impulsos de la línea administrativa de los Registros Civiles, el Congreso de la Nación se apresta a remozar la llamada Ley del Nombre que, en 1970 y a instancias de sus ideólogos, sancionara el dictador Onganía.

El proyecto, en sus aspectos mas relevantes, convierte en obligatorio el uso de los apellidos paterno y materno (en este orden), y autoriza a los esposos a adicionar el apellido del cónyuge respectivo.

Y aquí es donde, precisamente, radica el éxito de la Senadora Escudero:

Logró que la adición del apellido conyugal se haga usando como nexo la “Y”, y suprimiendo el tradicional “de”. Así por ejemplo, si el señor Walter Toledo se casa con la señorita Felicitas Colón, podrán transformar sus nombres en el de “Walter Toledo y Colón”. y en el de Felicitas Colón y Toledo.

Aunque la prensa de hoy reduce al mínimo los argumentos utilizados por nuestra representante (“A mí no me gusta la preposición «de», porque indica como pertenencia. Entonces, cuando a la mujer se la obligaba a poner «de», era casi como la consagración de la subordinación”), y aunque el “gusto” personal parezca una frágil razón para legislar, se impone felicitar a la Senadora Sonia Escudero.

Seguramente los tradicionalistas salteños, que siguen convencidos de que el uso de los dos apellidos está reservado a determinados apellidos, habrán de llevarse una desagradable sorpresa cuando, a eso de las 11 de la mañana, reciban en sus lechos la edición dominical de La Nación. Es probable, incluso, que algunos de ellos lance, con las garantías que dan las paredes del hogar, críticas feroces contra la República y contra la señora Escudero.

A su vez, los resentidos de siempre tendrán alimento fresco para sus largas tertulias en bares y fondas: Podrán jugar con los nuevos apellidos de la familia residente en Las Costas, y con los de otros candidatos y ex candidatos, compitiendo por encontrar los contrastes más curiosos o las combinaciones peor sonantes.

Pero no podrán ya detener este avance, ni oscurecer el papel que la Senadora por Salta cumplió en la jornada de ayer.

Volviendo al punto del predominio patagónico, de la intervención del Senador por Santa Cruz en el debate sobre la futura Ley del Nombre, destacan dos cosas:

En primer lugar la soltura y grandilocuencia, muy en línea con el estilo de la Señora, con la que el santacruceño Nomina los hechos (“estamos frente a todo un cambio cultural”); y, en segundo lugar, su concepción moderada del progreso (“permitir que el nombre de la madre pueda ir antes que el del padre, es ir demasiado rápido”).

Ambas frases confirman aquello de que los políticos patagónicos (y los frecuentadores de la Patagonia) actúan bajo el lema: “El Progreso somos Nosotros”.


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