• Historia Gráfica
  • Kiosco Digital
  • Portal de Noticias
  • Estilo Salta
Kiosco Digital América
Portal de Noticias
Estilo Salta

Un intelectual en aprietos

Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Caro Figueroa, el jueves, 10 de mayo de 2007 (Ha sido leído 3067 veces)
M
ucho me temo que las inclinaciones intelectuales del candidato Dr. Urtubey le han metido en un buen aprieto.

Su reciente afirmación de que el "tejido social salteño se encuentra roto", va camino de convertirse en uno de los objetos que mayor polémica levantará en el marco de la larga y tediosa campaña electoral de Salta.

Urtubey y el tejido social roto
Urtubey y el tejido social roto
Me temo también que, como tal polémica, ésta no rebasará, como siempre, el límite de algunos círculos políticamente ilustrados; cada vez más estrechos y, desafortunadamente, cada vez menos ilustrados.

Porque como toda autocracia que bien se precie, la salteña no se puede permitir el lujo de la discusión libre y pública de las distintas teorías políticas, ni siquiera la información precisa de los hechos políticos.

Leyendo el excelente artículo escrito por Víctor Palacios y publicado en estas mismas páginas, me doy cuenta de que el severo diagnóstico que efectúa el Dr. Urtubey sobre el "tejido social" salteño puede ser interpretado en dos direcciones aparentemente divergentes: por un lado, será leído como un reproche directo a la gestión social del larguísimo gobierno romerista; por el otro, será interpretado como una bofetada a los mismos sectores sociales de los que el candidato espera obtener su mayor audiencia electoral.

No es del caso suponer -por provenir de quien proviene- que la expresión "tejido social" haya sido empleada en este caso con desprecio por el rigor conceptual y es por este motivo que considero un deber ciudadano exigir al candidato una explicación sobre el alcance de sus palabras. Porque ni en una democracia insustancial y fragmentaria como la nuestra es de recibo caracterizar tan duramente al sistema social sin, al mismo tiempo, aportar argumentos y razones que permitan a los ciudadanos conocer las causas o los responsables de la destrucción del tejido societario.

Sin embargo, el impulso que guía estas líneas parte de las dudas que existen sobre las verdaderas intenciones del candidato a la hora de lanzar a los vientos su aventurado diagnóstico. ¿Se trata de un arrebato de 'sinceridad brutal', muy infrecuente en tiempos preelectorales? ¿Se trata de una escalada verbal pensada para desgastar progresivamente al adversario? o ¿Se trata, al fin, de la utilización esnobista de una idea muy en boga en algunos círculos de la Sociología científica?

Pues, permítaseme decir que -si bien sólo el candidato conoce sus verdaderas motivaciones- hay aquí un poco de las tres cosas.

¿Qué es el tejido social?


El concepto de tejido social está relacionado al conjunto de relaciones, reglas e intercambios que tienen lugar en el universo de organizaciones sociales, en un territorio determinado, y a su capacidad para crear puentes de interlocución y de transacciones políticas, culturales, económicas y sociales útiles con otras esferas del orden social, donde se concentran las decisiones de poder político y económico.

Como tal concepto, el de 'tejido social' es bastante más impreciso y ambiguo que el de 'capital social', que sin lugar a dudas tiene mayor solera y tradición en el campo del pensamiento científico occidental, desde las primeras formulaciones de Bordieu y Cole.

No viene al caso intentar explicar las diferencias entre capital social y tejido social, pero baste aquí con señalar que la idea de un 'tejido social' parte de la existencia de una pluralidad de organizaciones capaces de articular sus intereses y recursos mediante la construcción de redes sociales. El tejido social, por lo tanto, es un concepto íntimamente ligado al de trabajo en red. Un mayor número de organizaciones no garantiza una mayor solidez del tejido social sino en la medida en que el 'capital social' o las 'relaciones de confianza' sean capaces de fluir entre aquellas a través de los nodos de las redes.

Por tanto, no cabe entender a la 'ruptura del tejido social' más que como la destrucción de los vínculos que permiten a la pluralidad de organizaciones sociales funcionar en red y le confieren capacidad para crear aquellos puentes de interlocución.

Una sociedad, cuya tendencia es la de generar capital social, no será capaz de acumularlo en cantidades importantes en la medida en que estos vínculos sean débiles o inexistentes. Sin organizaciones capaces de funcionar en red, el capital social tiende a autodisiparse en el seno de círculos de confianza cada vez más estrechos y con menor capacidad de realizar transacciones eficaces en materia política, cultural o económica.

Emplazamiento al candidato


Pero ¿quién y cómo ha destruido el tejido social salteño? Ésta es la respuesta que los ciudadanos de Salta esperan del Dr. Urtubey, no sólo desde su responsabilidad como hombre público sino también en defensa de su honradez intelectual, negada de forma sistemática por sus opositores.

Mientras tanto, todo indica que el candidato se ha internado en terrenos muy resbaladizos y que esta vez deberá echar mano de algo más sustantivo que sus calculados recursos de curilla telepredicador para explicar a los ciudadanos que no ha sido el señor Romero el autor de semejante estrago sobre el tejido social de Salta sino la propia política, de la que tanto el veterano gobernante como su joven aspirante a sucesor son protagonistas y responsables.

Pocas cosas hay más destructivas de la confianza social, del asociacionismo y de la participación ciudadana como la política entendida sólo como patrimonio de unos pocos, como un proyecto de poder personal o familiar a largo plazo, como un medio para perseguir la gloria o como una escalera para alcanzar ciertas alturas.

Es cierto que la compleja vida urbana contemporánea abre las puertas al individualismo y que genera una dinámica de atomización social. Es cierto también que la revolución tecnológica está creando individuos que tienen cada vez mayor información y mejores posibilidades de informarse, pero al mismo tiempo no es menos cierto que la política del poder absoluto, del aniquilamiento de la disidencia, del ninguneo del diferente, hace que el nuevo individuo, aunque mejor informado, tenga una influencia cada vez menor en los asuntos que afectan a su vida cotidiana.

La política, en su versión romerista, es una actividad en la que los asuntos públicos dejan de ser públicos y fuerzan al ciudadano común a mirarla con recelo, con indiferencia, con sensación de ajenidad y hasta con ira.

No es posible en Salta fundar ni siquiera un club de barrio sin que penda sobre él la amenaza de la interferencia del omnipresente poder político. Ésta es la razón fundamental de la retracción de la participación social y de la destrucción o inexistencia del 'tejido social'.

De esta calamidad -así como de otras- no es el Dr. Urtubey inocente, precisamente.


Más artículos de la categoría Política
 

Publicidad

Nuestros números




visitas acumuladas

Hay 12 invitados en línea