El eterno retorno de las elecciones |
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Escrito por el martes, 15 de mayo de 2007 (Ha sido leído 4622 veces) Habría, según ellos, no sólo que votarlos, sino solicitarles y hasta suplicarles que se queden: Que se quede el gobernador, ahora con título de senador. Que se quede, apadrinado, el vicegobernador, con chapa de gobernador. Que se quede, atado a su banca, el diputado. Que se quede, muy leal, el intendente. ¡Que se queden todos! Y que a nadie se le ocurra, irresponsablemente, invocar la palabra cambio. Desde ahora y hasta octubre con esas seis letras sólo se llamará a la traición, a la inexperiencia, a la confusión, al desorden, a la ignorancia, a la catástrofe, a la inestabilidad y a la inseguridad. Quienes la evoquen estarán abriendo, culpablemente, la caja de Pandora: allí dentro espera, como un fantasma, la peor de las Saltas posibles. La palabra cambio sólo es admitida cuando no corre riesgo su permanencia en el poder. No bien tengan el cargo asegurado, el cambio volverá a ser deseable para los salteños. Pero no nos apresuremos y vamos por partes. Los desleales, los traidores, los ingenuos, los inexpertos y los fracasados acechan. Es el tiempo de la prudencia. Por ahora, y hasta octubre, las palabras fetiche son Experiencia y Estabilidad. El mensaje es claro: son ellos quienes tienen experiencia, son por tanto, ellos quienes deberían estabilizarse en el poder. Si desde hace más de una década ocupan el la banca o el sillón, deberían seguir ocupándolo por cuatro años más. Pero dentro de cuatro años el razonamiento deberá ser el mismo: nosotros tenemos experiencia, nosotros debemos quedarnos en el poder. Después de todo, Salta es la tierra de la tradición y estamos orgullos de que así lo sea. Como a Melquisedec, habría que cantarles: ustedes son funcionarios para siempre, mediadores entre el Orden y los salteños. Porque la ruptura de esa cadena mítica romperá con el orden de los salteños. En ese caso, nada ya estará sujeto y flotaremos en la nada, peor aún, en el caos, como en aquel tiempo primordial, mítico, en donde el Orden todavía no se había impuesto al Desorden. Ahora no bien se invocan las nuevas y sagradas palabras de la Experiencia y la Estabilidad, desciende sobre nosotros, como una blanca paloma, la mejor de las Saltas posibles: y con ella la armonía, la tradición, el orgullo, la salteñidad, el trabajo, la lealtad, la seguridad y la acreditación en el cajero a fin de mes. La Experiencia y la Estabilidad también tendrán, hasta octubre, una connotación inaugural: al paso de sus candidatos taumaturgos, las cintas se cortarán, las luces de las calles se encenderán, las calles se pavimentarán, los puentes se abrirán, los conflictos se resolverán y los salteños volverán a sentirse orgullosos de ser salteños al ritmo de una canción del Chaqueño. Alguna vez lo aprenderemos. Esta sociedad no es nada sin ellos y tal vez la democracia, ese trámite electoral obligatorio, sea sólo una oportunidad cíclica para que lo recuerde. Cada cuatro años, en efecto, los salteños sólo tenemos dos opciones: seguir bajo la protección de su autoridad mítica que le garantiza la armonía o aventurarnos con los arribistas, los inexpertos, los fracasados o los traidores. Cada cuatro años, la sociedad no tiene tanto la oportunidad de ejercer el derecho cívico de elegir a sus gobernantes y a sus legisladores, como la de renovar sus votos de agradecimiento a quienes le dieron todo. Cada cuatro años, debe elegir entre la seguridad de la lealtad y la ignominia de la traición. Más artículos de la categoría Política |


