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El estilo republicano, ausente PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Armando Caro Figueroa, el sábado, 26 de mayo de 2007 (Ha sido leído 4066 veces)
Las democracias republicanas mueren cuando sus opiniones públicas pierden la capacidad de reaccionar ante las violaciones de sus principios fundamentales.

También, cuando miran como normales los comportamientos autoritarios o mayestáticos de quienes gobiernan

Ausencia de estilo republicano
Ausencia de estilo republicano
Es sabido que cuando una familia o una persona concentran el poder en sus manos; cuando ellos, o sus visires, se perpetúan en el ejercicio de los cargos públicos; o cuando ese poder logra disciplinar a la sociedad limitando sus libertades, la democracia republicaba ha dejado de existir para ser reemplazada por un régimen absoluto.

La imposición de estilos seudo principescos, la desaparición de las fronteras entre los asuntos públicos y los negocios privados, la desmesura, el paternalismo, la demagogia o el uso de los recursos del Estado para fines partidistas (cuando no familiares), son la otra cara, no menos perversa, de los regímenes que sepultan los valores y las instituciones de la democracia republicana.

A la sobriedad republicana se opone la chabacanería, por muy rodeada de oropeles, luces y durados con las que se presente.

En este sentido, el Régimen salteño (me refiero tanto al Gobierno de la Provincia como al de varios de nuestros Municipios) sobresale por sus comportamientos mas próximos a un Sultanato miliunochesco, que a una democracia moderna.

Presentaré aquí dos detalles que pintan de cuerpo entero al Régimen y su estilo de gobernar.

El primero tiene que ver con la llamada Entidad de Asesoramiento Municipal Itinerante de Salta (AMISALTA), integrada por abogados y contadores con actuación en el ámbito de la ciudad de Salta.

Estos profesionales, dedicados a brindar asesoramiento gratuito a los vecinos de barrios y villas, han decidido “continuar la tarea social de manera conjunta con la Lista Unidad Justicialista, apoyando al proyecto Isa Intendente”.

Se trata de una decisión sencillamente escandalosa. Que muy probablemente violente normas de ética profesional, y que seguramente quiebra los principios republicanos.

Esta crítica no niega la necesidad de que existan servicios de asistencia profesional gratuita en beneficio de las personas sin recursos. Tampoco desconoce el derecho de los partidos y de otras organizaciones no gubernamentales a brindar determinada asistencia gratuita a sus afiliados o simpatizantes.

Pero sostiene que tales servicios deben ser brindados por los Colegios profesionales o por entes del Estado (como desde hace muchos años ocurre en Salta), y no por columnas partidistas que actúan bajo el patrocinio directo o indirecto de un ente estatal como es la Municipalidad de Salta.

Adviértase que este prestación “gratuita” esta abiertamente puesta al servicio de la reelección del señor Intendente Municipal, y que ni siquiera está circunscripta a las personas sin recursos o los afiliados a un partido.

Por supuesto que lo de “gratuita” es solo un rótulo, pues quienes brindan estos servicios no pertenecen a ninguna ONG, sino a una tendencia partidista que busca explícitamente votos y una ulterior retribución con cargo al reparto de posiciones dentro de la administración municipal.

El segundo ejemplo se refiere a la horrible costumbre inaugurada por el actual Gobernador, e imitada por otros funcionarios, de “elevar plegarias al Altísimo” en el caso de fallecimiento de personas de su simpatía.

Nadie suponga que pretendo aquí impugnar el derecho de todos a expresar condolencias frente a la muerte de personas queridas por cada cual.

Lo que no es admisible es que el primer mandatario (con el invariable acompañamiento de su señora esposa) seleccione a los muertos a quienes honrar, y lo hagan apelando a su investidura y, mas que probablemente, pagando esos avisos con cargo a los Presupuesto del Estado.

Puedo afirmar que resulta imposible encontrar un comportamiento tal en ninguna de las democracias modernas.

Pero, aún admitiendo que en Salta ciertas cosas suceden de otro modo, o el Gobernador de todos los salteños se conduele de la muerte de cualquiera de nosotros, o el ciudadano Juan Carlos Romero lamenta las muertes que lamente y saluda a los deudos que prefiera.
 

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