Iruya: su gente y su fiesta |
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Los disfraces están compuestos de la siguiente forma:• Negro: Simula ser giboso, panzón y muy deforme. Está vestido con breeches blancos y sweater de llama color natural; lleva un pañuelo oscuro al cuello; zapatos y polainas militares; en la cabeza un gorro con visera, de forma cónica y recubierto con cintas de papel multicolores. En la mano tiene un bastón adornado con lazos entrecruzados que termina en un penacho de cintas similares a las del sombrero. La máscara es negra, con rasgos muy marcados de la raza africana. Faja ancha de cuero, recubierta de monedas de diferentes tamaños, completa el atavío. ¿Sería la presencia de la raza negra que llegó con los conquistadores, símbolo del mal, del desorden, del caos? • Torito: Sobre ropa común, pantalón y camisa, lleva un pañuelo al cuello que le cubre la mitad de la espalda. Sobre la cabeza, sin cubrirle la cara, tiene una gran máscara de un torito completo, sentado con larga cola de crin blanca que cae sobre la parte de atrás. El toro es blanco y negro y sobre las astas tiene una pequeña guirnalda de flores. Lleva un tiento para darle movimiento. Símbolo de la fertilidad que será capado y sus testículos enterrados y la sangre regada para obtener abundancia de ganado, trabajo, cosechas. • Caballeros: Uno de ellos tiene camisa azul, el otro camisa colorada, sería la única diferencia entre ambos. Llevan pañuelo blanco al cuello y sombrero medio alón, con la ropa cubierta por un pañuelo colorado. En la cintura tienen una ancha faja de cuero con las iniciales V.R. -Virgen del Rosario- que termina en la parte de adelante con la cabeza de un pequeño caballo. De la faja cuelga una amplia pollera de lienzo hasta los pies. Faja, pollera y cabeza de caballito son blancos. En la mano izquierda tienen un cuchillo, cuyo mango está envuelto con un pañuelo blanco y la hoja pintada simula que está ensangrentada. Alrededor del cuello del caballito penden de una cuerda los cascabeles. La faja con su pollera, está suspendida con piolas, blancas también, cruzadas en el pecho, a manera de tiradores. No tienen máscara -como corresponde a los caballeros que cuidan a la virgen-, sus cuchillos está tapados con un pañuelo blanco -jamás han ensuciado sus manos con sangre, no porque no hayan matado, sino porque son caballeros. • Cachis: Viejo: Hombro derecho descubierto y el izquierdo cubierto con un poncho de color. En la cabeza pañuelo de color cubriendo el cabello. Máscara confeccionada con la pasta de sombrero ovejuno (lana prensada y mezclada con productos vegetales), con ojos marcados y con larga barba blanca. Látigo. Vieja: hombro izquierdo descubierto y el derecho cubierto por poncho azul, pollera ancha roja y blusa blanca; el conjunto es típico de las coyas bolivianas. Máscara del mismo material de la anterior, con ojos pintados, trenzas canosas. En la mano lleva un látigo • "Chango" mayor: Hombro derecho descubierto, gorro tejido cubriendo la cabeza. Máscara igual a la del viejo pero sin barba. Debajo del poncho lleva pantalón, chiripá y camisa. Látigo. • "Changa" mayor: Hombro izquierdo descubierto, gorro tejido cubriendo la cabeza. Máscara igual a la del viejo pero sin barba. Debajo del poncho lleva pantalón, chiripá y camisa. Látigo. • "Chango" menor: Hombro derecho descubierto, manta color cereza. Gorro verde tejido cubre el cabello. Máscara como la del "chango" mayor. Látigo. • "Changa" menor: Hombro izquierdo descubierto, blusa verde, pollera rosa, manta azul, pañuelo de color al cuello y máscara igual a la de la "changa" mayor. Látigo. Antiguamente completaban este conjunto de disfrazados "damitas", vestidas de tul blanco y con mantillas españolas, que hacían un baile especial: bailaban al final entrecruzándose continuamente y haciendo pasos muy menudos y rítmicos. Eran hombres, también, con sus respectivas máscaras de rasgos muy finos. (Las damitas actuaron hasta el año 1942, lo que demuestra que por diversas causas las costumbres se van perdiendo). El sábado por la mañana cerca del mediodía, ante la expectativa de los niños y de algunos pobladores que vinieron de lejos, hacen su aparición los "cachis" y realizan su primer baile frente a la Iglesia. A la noche volverá a repetirse el baile ritual, tres veces, siempre delante de la Iglesia. El pueblo entero se congrega entonces para ver encender la "luminaria" y posteriormente los fuegos artificiales que inundarán de color, la noche estrellada de Iruya. Las "luminarias", que se hacen con la misma paja que se utiliza para el techo de las casas, es símbolo de la luz, están identificadas con la superioridad del espíritu. Su color blanco alude a la totalidad. La luz es también fuerza creadora, energía cósmica y radiación. La palabra luz significa "ciudad centro" o lugar de aparición. La llama simboliza la trascendencia, y la luz su efecto sobre lo circundante. Todos estos sentidos se mantienen en el cristianismo. Durante el baile y después de él, el negro trata de divertir con chistes picarescos y pantomimas. Los caballeros y el torito tratan de evitar que se acerque a los "cachis", a la gente y a ellos. Sería como una especie de lucha contra el negro. El domingo todo el pueblo se prepara para la culminación de la fiesta. Las campanas de la Iglesia repican convocando a la solemne procesión que se iniciará a las once de la mañana portando las imágenes de la Virgen del Rosario y de San Isidro Labrador, santo protector de quienes buscan en la tierra el sustento que nutrirá a la comunidad. Los "cachis", realizan delante del atrio su baile ritual, esperando la salida de las imágenes. El templo engalanado con cintas y flores de papel realizadas por las mujeres del pueblo, las mismas que adornan el estandarte que porta la Virgen, ponen de manifiesto la importancia de esta festividad. Los músicos con sus largas cornetas, tipo de erques, pero hechos de latón, ponen una nota de especial significación a esta ceremonia, por su particular sonido que estremece la montaña con su eco resonando en todos los rincones del pueblo y sus adyacencias. Una pequeña banda de músicos completa con sus variados instrumentos esta parte del ritual. El cura y las autoridades principales se colocan a la cabeza de la procesión, los estandartes son llevados por promesantes, los músicos y todo el pueblo acompaña el recorrido por las angostas y escarpadas calles y los "cachis" bailan continuamente delante de las imágenes, las campanas tañen durante todo el tiempo que dura el recorrido de la misma, hasta su regreso a la Iglesia, allí las imágenes son colocadas delante de su puerta, para la despedida y posterior colocación en su sitial, hasta el próximo año. Una verdadera devoción sigue los pasos de esta ceremonia y participa plenamente en ella. Los "cachis" realizan su último baile, donde el "negro" es vencido, el toro "capado", los caballeros "defienden y resguardan" a la Virgen y las tres parejas de los "cachis" que representan a la comunidad bailan en una ronda. Se entona el Himno Nacional, el cura dice su sermón y bendice al pueblo. Los funcionarios renuevan las promesas para la tenencia de las tierras… Las imágenes son despedidas con pañuelos al aire, tañen las campanas, el sol brilla en un azul transparente y puro. La gente comienza a dispersarse en busca de los lugares para degustar las comidas del lugar, realizar compras o trueques en la feria que continuará unos días más, antes de retornar. Por la tarde de este domingo se celebrarán matrimonios y bautismos colectivos, cumpliendo así con las leyes que la religión y el culto impone. La tarde cae lentamente sobre Iruya y los preparativos para los bailes de la noche se manifiestan con la presencia de camionetas y camiones que transportan grandes equipos de transmisión para la actuación de populares conjuntos musicales, que vienen de ciudades vecinas y que por una noche con su música y sus canciones estridentes quebrarán el silencio de las montañas. Se beberá y se "coqueará" en abundancia, buscando olvidar la dureza de la vida cotidiana, hasta la próxima fiesta. La fiesta es solemne ya que es la "fiesta grande" del lugar, que se realiza una vez año. En ella el hombre se evade del tiempo desgastador, para volver al principio, cuando la creación toda, joven, plena vigorosa, tuvo nacimiento, "Anualmente la vegetación se renueva, y la vida social, como la naturaleza inaugura un nuevo ciclo. Entonces todo lo que existe debe rejuvenecerse. Hay que volver a empezar la creación del mundo". La fiesta es la expresión culminante del ritual, que tiene la función de poner en movimiento la energía vital de los hombres que participan de ella. Toda fiesta religiosa da lugar a la fiesta orgiástica, donde todo exceso es permitido, se debe en abundancia y se come las comidas típicas del lugar, se organizan bailes que duran toda la noche del domingo hasta la madrugada del lunes. Para algunos ésta es la verdadera fiesta, donde el hombre se libera de todas las ataduras y normas en un regreso al caos original. Aquí "olvida" todos los sufrimientos y dolores, la dureza de la vida, la soledad, que lo esperan por el resto del año hasta la nueva fiesta. Mircea Eliade expresa en su Tratado de Historia de las religiones, respecto de la función ritual de la orgía que: "Los excesos cumplen un papel preciso y provechoso en la economía de lo sagrado. Rompen las barreras que separan al hombre, la sociedad, la naturaleza y los dioses; ayudan a que circule la fuerza, la vida, los gérmenes de un nivel a otro, de una zona de la realidad a todas las demás. Lo que estaba vacío de sustancia, se colma; lo que estaba fragmentado se reintegra a la unidad; lo que estaba aislado, se funde en la gran matriz universal. La orgía hace circular la energía vital y sagrada. Toda "fiesta" lleva en su estructura la vocación orgiástica". En estas fiestas siempre se rinde culto a la Pachamama, la Madre Tierra, ofreciéndole "coca" y "alcohol", mezclados en algunos casos con agua bendita, para que proteja sus cosechas. |
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