El Sur también existe |
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Escrito por el miércoles, 13 de junio de 2007 (Ha sido leído 1904 veces) A propósito de la canción “El Sur también existe”, letra de Mario Benedetti y música de Juan Manuel Serrat, aprovecho para destacar que para el letrista todo se reduce a una protesta política, tal vez ideológica en clara referencia al olvido que en el hemisferio Norte se tiene del Sur. Por ello, el poeta reclama con ardor y enrabietado, que el Sur también existe. Lo curioso es que no ha tenido en cuenta, ni de lejos, otro aspecto de la cuestión, y tampoco estaba obligado a hacerlo, pues como en todas las cosas, cada cual se ajusta a su juego. No obstante, hay una razón para todo, si se la busca. Dejando de momento el propósito reivindicatorio, el Sur tiene que ver con su posición en relación al movimiento de rotación de la tierra y las seis direcciones del espacio. La explicación esotérica de este tema tal vez contribuya a entender mejor ciertas fatalidades que persiguen a determinados lugares, situaciones, o seres. El Sur es una de tales fatalidades. Da la impresión y se debe a que es del todo cierto, que los acontecimientos históricos de importancia han tenido por escenario el Norte; un hemisferio en el que sus países son habitados por los más encumbrados músicos, filósofos, científicos, artistas de todas las especialidades, literatos y demás cultivadores del espíritu. No decimos que sólo en el Norte sino que, principalmente en el Norte y en gran medida. Es una realidad irrefutable. La Tradición Primordial y sus derivadas doctrinas sagradas han nacido todas en el Norte: las del cercano, medio y extremo Oriente que son las fundamentales, allí se alumbraron y desde allí se extendieron a Occidente, una región en este sentido pobre, porque no generó ninguna religión, lo que se adecua al simbolismo de las tinieblas porque es por donde se pone el sol. La religión típicamente occidental es el cristianismo, y su Dios-Hijo, Jesucristo, nació en el Norte para desde allí extenderse, como lo han hecho otras religiones, por todo el planeta. Si nos atenemos a lo que se sabe de las civilizaciones autóctonas de América latina, las más desarrolladas y de más extendida cultura han sido las de centro y norteamérica. Ninguna relevante en el Sur. No sólo es una evidencia histórica por encima de todo rasgo terrenal, ya que en un orden esotérico el Norte y el Sur están enlazados de modo necesario a una serie de simbolismos tradicionales, como lo están dos hermanos; el mayor será siempre el de más edad y teóricamente el que acumule más experiencia en cada momento de sus vidas, y el menor irá por detrás heredando la ropa del mayor. Hasta no hace mucho existía en Occidente la ya derogada institución del mayorazgo, que consagraba la misma tradición. Todos estos ejemplos, que no son más que eso, pretenden demostrar que las experiencias históricas sirven de apoyo al principio de las preeminencias en una variedad de aspectos tanto terrenales como celestiales. De la misma manera, hay una preeminencia simbólica, que es la que ahora nos interesa destacar. La Tradición Primordial es esencialmente hiperbórea, lo que significa que, aunque se representen los cuatro puntos cardinales con una figuración horizontal, el norte-sur ha de tener como rasgo distintivo su cualidad axial y este eje atraviesa el planeta de Norte a Sur, y no al revés. El eje Norte-Sur que se corresponde con la raza y civilización hiperbóreas es de rango superior a la atlante, que es de trazo horizontal Este-Oeste. El eje vertical corresponde a los solsticios y el eje horizontal a los equinoccios. Siendo de cualidad superior el simbolismo solsticial, el año comienza en el invierno del hemisferio norte, mientras que las civilizaciones que tienen un comienzo equinoccial corresponde a una tradición secundaria, aunque a veces se suele confundir la una con la otra en razón de que la tradición secundaria contiene las mismas notas distintivas que la primaria. De un punto de vista semántico, palabras como hiber y ereb, cuyas raíces corresponden respectivamente a invierno y tarde, tienen una evidente semejanza como la semejanza de las dos tradiciones y, curiosamente, la palabra hiber proviene de invierno (el Norte boreal) y la palabra ereb significa tarde en hebreo, que es la tradición horizontal Este-Oeste, es decir, donde se pone el sol, según ya dijimos. También se podría señalar la palabra árabe magreb que significa el atardecer o sea, lugar donde se pone el sol, y cuya raíz es visiblemente similar a las dos antes mencionadas, aunque con una ligera trasposición de letras, que es un fenómeno conocido y se debe a la trasmisión oral de las lenguas en los primeros tiempos. Del mismo modo que la tradición axial es superior a la horizontal, el Norte es superior al Sur por su disposición en relación al eje de la Tierra. Por ello, el Sur, en tanto quiera seguir, como debiera, los ritmos cíclicos de cada año, debiera comenzar los suyos en el solsticio de verano: 21 de diciembre en el Sur, y solsticio de invierno en el hemisferio Norte. Sin embargo, por razones prácticas en cada hemisferio el año comienza en solsticios diferentes, y en ambos casos, once días más tarde de lo que debiera; esto es, el uno de enero y no el 21 de diciembre. Siguiendo estas premisas y según el Génesis/Bereshit, el universo habría sido creado con significado occidental y no boreal, pues en la descripción de cada día de la creación se menciona primeramente la tarde y luego la mañana, haciendo ambas la duración de un día. Comenzar por la tarde es ajustar el acto creador a la tradición horizontal en desmedro de la axial. Los árabes, de igual modo, cuentan las horas del día a partir del magreb. Esto nos indica, por lo menos, que la Tradición Primordial de origen medio y extremo oriental, se diferencia de las tradiciones del cercano oriente (hebrea y musulmana), en tanto que aquéllas tienen una orientación Norte-Sur, y las segundas la tienen Este-Oeste. Ello así, la Tradición axial tendría la condición de primaria (hiperbórea) y la horizontal (atlante) la condición de secundaria. Sin cuestionar la posibilidad de hallar vestigios de una civilización superior en la orientación Este-Oeste de carácter secundario en América del Sur u otra estrictamente sureña, y al mismo tiempo la prueba de una superioridad humana en sus conquistas terrenales o espirituales, hasta que tal hallazgo no se produzca el Norte seguirá guardando para sí la condición de Tradición Primordial (hiperbórea) con todo lo que ello implica, mientras que la Tradición Secundaria (Atlante) seguirá ostentando la condición de secundaria y esto, como simple curiosidad, ya que aunque tal descubrimiento se produjera, el simbolismo no perdería su significado. No se puede hablar de una subordinación entre ambas tradiciones, pero sí de cualidad preferente dentro del simbolismo cíclico por ser la civilización hiperbórea la que inició el ciclo de esta Manvántara, seguida de la civilización Atlante que es casi su símil aunque de un punto de vista sólo exterior pues la primera se desarrolló en el frío, mientras que la segunda en el ardiente calor. La civilización aria que es la tercera y de cuya raza presumían los nacionalsocialistas alemanes, no es que provengan de los hiperbóreos, es que provienen de ellos pero también de los atlantes, porque estas civilizaciones se suceden sin saltar alguna sobre otra para escamotear sus influencias. La cuarta civilización es la que ha comenzado más o menos tras la caída del Imperio Babilónico, según algunos, o del Romano según otros, y que se extiende hasta nuestros días. Si volvemos a las palabras iniciales, escucharíamos con tono reivindicador que ¡el Sur también existe!, pero añadiríamos que es una fatalidad irreversible porque está situado debajo del Norte, como el segundo después del primero, y el número dos, que siendo el primer número de la notación matemática, sea sin embargo el segundo porque le precede el número uno, en tanto que unidad y madre de la que provienen todos los números pues posibilita una infinidad de particiones de sí mismo, y no está incluido en la notación sino como arquetipo. Hay un hemisferio primordial y otro secundario, hay una mitad ascendente del año y otra descendente, hay, en definitiva, un orden en la Creación en el ámbito terrenal y en el celestial, y es así cómo se manifiesta, según lo observamos cotidianamente. Al letrista de la canción le recordamos que el hermano menor lo es fatalmente y por siempre lo será respecto del mayor. En la vida y en lo que auténticamente significa un ser humano verdadero, puede que el menor alcance tan altas cotas de espiritualidad, que supere al mayor, largamente. Y sólo en este ámbito el Sur podría presumir de prioridad porque en el orden de la espiritualidad, la prerrogativa del Norte se desvanecería ante la preeminencia sutil de los habitantes del Sur y el Occidente, si asumieran la condición de líderes del espíritu humano en estos tiempos finales de tinieblas. Más artículos de la categoría Contribuciones |


