El cuchillo moto de Wayar

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Escrito por Andrés Gauffin, el sábado, 16 de junio de 2007 (Ha sido leído 1024 veces)
En la Argentina es muy frecuente ver políticos, periodistas y escritores acercarse a la historia blandiendo en la mano el filosísimo cuchillo que usa el carnicero cuando el cliente le pide que la tapa de asado no tenga grasa por favor. Si el hombre del mostrador no tiene órdenes en contrario de sus jefes del súper, con unos pocos y rápidos pases deja la carne limpia y roja, lista para el asador.

Nadie la había pedido a Néstor Kirchner que separe la grasa de la carne, pero el hombre se empeña en el oficio. Con un solo tajo acaba de separar la sabrosa carne del 2003 en adelante –esto es lo que se empeña en vendernos- de la grasa indigesta de los 90.

El hombre del atril -o del mostrador en este caso- ejerce el oficio justamente desde el 2003, respaldado por un grupo de ayudantes de Página 12 que desde hace años pretenden haber dejado bien rojo el matambre, incluso al que le gusta cultivar el placer de comerlo jugoso.

Cada vez que acababan su tarea el carnicero y sus ayudantes mostraban, orgullosos, toda la grasa que le habían sacado al asado: no había en la mercadería que metían en la bolsa ni Menem ni, por su puesto, su ex compañero de fórmula Juan Carlos Romero.

En ocasiones “el Página” se enseñaba con nuestro gobernador y su ahora aspirante a sucesor y no perdía ocasión para descartarles como dignos representantes de los 90. Cantarero y su Virgen del Cerro, los cortes de ruta en el Norte y los muertos de la represión, la venta de la reserva de Pizarro: todo era ocasión para que el filoso cuchillo de sus columnistas descarten a Romero y su vice, y los destine a su único destino posible: el fuego para convertirlos en “jugo bovino”.

El jefe del mostrador sigue aún con su obsesión por ofrecer la tapa de asado libre de grasa, pero desde hace unos meses los redactores de Página 12 parecen no tener entusiasmo por el oficio: ya no se acuerdan de la Virgen de Cantarero, ni de la venta de la reserva, ni de la absurda represión sobre los maestros en 2005.


¿Qué nos estarán metiendo en la bolsa?


Quisquillosos clientes que escrutan con ojo de águila la tapa durante varios minutos antes de aceptarla han comenzado a preguntar si el cuchillo oficial no deja de lado esa materia indeseable que apagará la brasa: que si Alberto Fernández no fue funcionario de Menem y legislador por la “Acción por la República” de Cavallo, que si el inteligente Filmus no fue jefe de asesores de la Decibe de Menem, que ¡si al propio Kirchner no le gustaba la grasa y cuando gobernador no se deshacía en elogios hacia su presidente Menem y hasta apoyaba la privatización de YPF!

En fin, siempre habrá clientes y clientes: los que pidan la carne roja, pero acepten lo que le diga el carnicero y los que quieran la carne roja pero que no le creen tan fácilmente al despachante; los que no sean tan puristas y quieran el matambre con su juguito; o incluso, los que no crean que se pueda separar tan limpiamente la carne de la grasa y presten más atención a si está blanda o está dura.

También es cierto que hay carniceros y carniceros. Así como los hay que se ufanan de hacer desparecer cualquier rastro amarillo hasta del mismo puchero, los hay ahora que dicen, sin que se les mueva un pelo, que la grasa y la carne han nacido juntas y tienen que seguir cocinarse juntas.

Walter Wayar acaba de decir a Iruya.com, después como elogiando por partes iguales a la grasa y a la carne: “ El peronismo es uno: el de Perón y Eva Perón. Perón tenía una visión tan avanzada en su tiempo, y un marco tan amplio, que en ese peronismo puede existir de acuerdo al contexto el peronismo de Menem y el peronismo de Kirchner”. Pero a lo mejor no lo cree del todo y es que sólo que tiene un cuchillo moto.


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