El Pasaje Mollinedo se reencuentra con Londres

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Escrito por Armando Caro Figueroa, el domingo, 17 de junio de 2007 (Ha sido leído 2274 veces)
Es de todos conocido que la crisis de 2001 abrió un ciclo de relativo aislamiento internacional de la Argentina. Sin embargo, pocos se han referido al impacto que la misma tuvo sobre el abastecimiento de la legendaria colonia ATKINSON.

Si bien es una de las consecuencias menos dramática de aquella terrible crisis, muchos caballeros salteños devotos de las antiguas usanzas (ya se sabe que el perfume preferido hoy en Las Costas es Ralph Lauren), sufrieron a raíz de la desaparición de la colonia ATKINSON de los otrora bien surtidos escaparates de la Farmacia Sudamericana así como de todas las perfumerías de Tucumán y Buenos Aires a las que solían acudir los padres y abuelos de los pulcros salteños.

Sufrieron también, todo hay que decirlo, nuestras damas mas discretas y finas que asociaban los aromas ATKINSON al buen gusto y al poder de seducción de sus portadores.

En Salta, usar colonia ATKINSON era un pasaporte que identificaba y abría puertas. A punto tal que una dama que cedía a los castos reclamos de una persona así oliente, podía albergar la certeza de que trataba con un caballero de ilustre cuna.

Para decirlo de otro modo: el aroma ATKINSON, al menos hasta bien entrados los años 60, impedía que los que estaban del lado de La Montaña (“el camino de Guermantes”) se cruzaran indebidamente con quienes provenían del lado de La Quesera (“el camino de Swan”).

El caso es que los rumores acerca de la presunta desaparición de la fábrica ATKINSON hicieron perder las esperanzas de aquellos que, por generaciones, circularon por calles y salones nimbados por el inconfundible aroma.

Me consta que uno de nuestros paisanos llegó incluso a encargar a un pariente radicado en Londres que averiguara sobre el destino de aquella fábrica y de las fórmulas secretas que protegían al producto.

Pero ni por esas. Su corresponsal londinense, quizá poco introducido en el gran mundo, no encontró rastros de la colonia ni de la empresa fabricante.

Cuando todo parecía perdido, uno de mis amigos salteños, de paso por Madrid, se animó a preguntar en una perfumería de barrio acerca de la colonia de sus afanes.

Enorme fue su sorpresa cuando una espléndida vendedora, que evocaba a aquella dama de labios abundantes encargada de la más céntrica de las perfumerías salteñas, le contestó que “por supuesto” tenía la dichosa colonia y se entretuvo contándole sus orígenes y relatando una larga lista de usuarios famosos que encabezaba el reciente Santo español.

Ayer por la tarde, mi dilecto colega hizo su ritual paseo por el Pasaje Mollinedo. Y sus calles, sus árboles, sus perros se sorprendieron al reconocer el viejo aroma. Es mas, varios visillos de hilo se descorrieron discretamente para que ancianos moradores comprobaran la feliz novedad e identificaran al afortunado que así reinstalaba la añeja tradición.

La gente de siempre del Pasaje Mollinedo, resignada casi a los vulgares aromas impuestos desde el enorme Palacio de la cercanía, creyó ver en este inusitado retorno el inicio de una Era centrada en los antiguos valores y en el estilo límpido y elegante. Fue algo así como ver desfilar al General Eduardo Leonardi por las calles de Córdoba en septiembre de 1955.

Mi amigo, orondo al comprobar estas reacciones, hizo su triunfal entrada en MARY-TE, la exclusiva tetería del barrio. Ocupó una mesa decorada con motivos coloniales, disimuló la ausencia de te en hebras, ordenó una ración doble de la celebrada “torta de las capitas” (que elabora artesanalmente una dama que reside en los límites de Tres Cerritos), y se apoltronó a leer La Nación de Buenos Aires, su forma elemental de protestar contra el monopolio local y preservarse del mal gusto y de las corrupciones del idioma.



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