El Gran Depredador |
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Escrito por el lunes, 18 de junio de 2007 (Ha sido leído 3013 veces) Salta asiste, desinformada y pasiva, a uno de los mayores crímenes medioambientales que registra su historia. Cuando me refiero a la pasividad de los salteños, naturalmente me incluyo, y no olvido la energía desplegada, sin conseguir eco mayoritario, por muchos de nuestros hermanos aborígenes. El responsable político de este gravísimo atentado a la humanidad y, desde luego, a los salteños que la integramos, es el señor Gobernador de la Provincia y sus dóciles seguidores que en su nombre controlan los resortes del Estado. Se trata de una responsabilidad política e institucional que la primera autoridad de la Provincia no puede excusar, transferir, ni ignorar: El salvaje exterminio de 414.934 hectáreas de bosques nativos, durante el tercer y (esperemos) último de sus mandatos. Según un informe producido recientemente por la Secretaría de Medioambiente de la Nación, en la Provincia de Salta durante el período 2002/2006 la depredación de nuestros bosques duplicó el ritmo, ya frenético, del cuatrienio anterior, superando el promedio mundial de África. Es este y no otro el principal legado de los 12 años de régimen absolutista. Un negro legado pacientemente construido por el señor Gobernador ante la mirada complaciente o ignorante de una parte considerable del arco político local. Por supuesto que en su día deberán dilucidarse y deslindarse esta suerte de corresponsabilidad política del Gran Depredador. Del mismo modo habrá que proceder respecto de quienes se aprovecharon, violando los límites que tolera el capitalismo más salvaje, de la ideología presuntamente productivista del Régimen. La idea que inspiró al largo ciclo que parece a punto de finalizar (o sucumbir) es tan simple como engañosa: “Talemos los bosques nativos, expulsemos todo vestigio de vida natural que allí resida, y hagamos nacer una Segunda Pampa Húmeda para expandir la producción, acrecentar la riqueza colectiva, crear empleo y cimentar el futuro”. Los rudimentarios pero prósperos publicistas del Régimen mostraron esta idea-fuerza de mil maneras y lograron traducirla en votos. La energía electoral del segundo romerismo provino, precisamente, de este Programa, tanto como del clientelismo que tejió la política asistencial selectiva del Régimen. Pero el Programa Productivista encerraba y encierra varias falacias. • No hay ningún futuro ni progreso genuino cuando se pretende avanzar a costa de la estabilidad medioambiental, de la biodiversidad y de las fuentes de vida. • La presunta riqueza colectiva fue a engrosar el bolsillo de unos pocos. • El empleo creado por el binomio “depredación/soja” es, en verdad, cuantitativa y cualitativamente despreciable a juzgar por los indicadores de nuestro mercado de trabajo. Mientras llega el momento en el que habrán de depurarse responsabilidades, estamos a tiempo para detener drásticamente la depredación y desmontar la intrincada red de intereses que se mueve en este ámbito. Las fuerzas sanas de nuestra sociedad deben movilizarse tras este objetivo en el que se juega el futuro de las generaciones porvenir. Más artículos de la categoría Política |


