Las señoras, las flores y el Régimen |
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Escrito por el martes, 03 de julio de 2007 (Ha sido leído 3140 veces) Este domingo, tras la Misa de 11, dos delicadas damas hablaron de política local al abrigo del suave sol salteño. Fruto del feliz mestizaje que inaugurara en 1982 el genearca, el Régimen que gobierna y controla Salta se asienta, del lado femenino, sobre las Florencias y las Hortensias. Las primeras son aquellas señoras que en otros tiempos, épocas que no volverán, habrían encaminado su vocación política siguiendo los pasos suaves y los dictados persuasivos, de aquel ilustre Senador con casa en La Caldera. Las Hortensias están incrustadas en la mejor tradición combativa de la mujer peronista. Idolatran a Evita, resistieron a todas las dictaduras, abrieron y abren sus casas como centros de activismo y solidaridad, amasaron y amasan bollos y empandas fraternales, y amaron a sus esposos. En aquel traumático 1982, la mayoría de las Hortensias mudaron del amarillo al rojo, tras un célebre ágape donde abundaron los sanguches de miga y la sidra La Farruca en una antigua, modesta y superpoblada casona de la calle Sarmiento. Haciendo verdad aquella celebre frase (“todavía hay clases”), las Florencias y Hortensias salteñas coinciden solamente en las supremas ceremonias electorales. Aunque pueda abundar o resultar redundante, conviene aclarar que, fiel a su esencia sultanesca, el Régimen no las convoca a elegir, sino solamente a dar forma legal a la Suprema Voluntad. Entre una cita y otra, mientras que las Florencias dedican sus afanes a las Costas (ornamentar mesas, engalanar cenas, diseñar visillos y jardines, elegir menús, dar clases de bien estar y mejor vestir), las infatigables Hortensias siguen en lo suyo, en lo de siempre. Existe, como no, una tercera clase de damas (el nombre de Sara Nelly podría muy bien identificarlas) que intenta llenar de contenido renovador a la oportunidad abierta por el cupo femenino. Han de luchar, aunque de esto no siempre se entere el gran público, con la avaricia de las “señoras de tal” que, amparadas en las dignidades que ostentan sus encumbrados maridos, se cuelan en los mejores lugares de las candidaturas. Me atrevería a afirmar que la ancestral bravura, inteligencia, laboriosidad y talento de la mujer salteña, que tan bien reflejara don Pablo SUBIETA DAVALOS, transita vigorosa por caminos ajenos a lo que el Régimen llama “militancia”. Toda esta extensa introducción viene a cuento para celebrar la decisión del Príncipe de ungir a su Señora esposa como Senadora de la Nación, y glosar una conversación, entre dos elegantes y maduras Florencias, que este cronista tuvo la oportunidad de escuchar el último fin de semana en un café de la plaza, luego de la misa de 11. Las inteligentes señoras se referían al transcurrido divertimento de las internas abiertas, y se intercambiaban información acerca del inminente Congreso partidario (también conocido como “La Corte”) que se apresta a dotar de Forma a la Superior Voluntad. En un rapto de peligrosa independencia, ambas insinuaron que el Príncipe estaría comportándose “muy mal, siendo injusto”, con una ya veterana gloria del peronismo salteño, al permitir que un joven (que dice tener ideas nuevas, pero deja al público in albis) aspire a desplazarlo de su condición de legislador cuasi vitalicio. Mientras disfrutaban de un inadmisible te en saquitos, las conversadoras Florencias repasaban la lista de esposas que ascendían a las listas electorales, poniendo sobre la mesa nombres francamente curiosos. Florencia la Mayor, que habla el francés del Faubourg San Germain, consideró una “conquista de la femeneidad” las candidaturas de las Señoras del Presidente de la República, del Gobernador de Salta, del Intendente de la Ciudad y del Presidente de la Cámara de Diputados. Recordó que tales postulaciones están en la línea abierta, no por Isabel Perón, “válgame Dios”, sino por SEGOLENE ROYAL a quién la culta Florencia perdonó su divorcio con su anterior marido a quién la bella y audaz Mme. ROYAL se propone desplazar de la Secretaría General del Partido Socialista Francés. Antes de marchar al dominical saludo a “tía Rosita”, las damas, que daban por descontada la candidatura de La Señora (a la que nombraban por su nombre de pila), lanzaron una afirmación impropia de cualquier República: “Él anunciará la postulación cuando ella termine de decidirse por el modisto que habrá de vestirla”. La más joven de las Florencias apuntó, con ese encanto especial que abunda en el viejo San Lorenzo, que la tarea no era nada fácil pues el elegido tendría que diseñar modelos tipo vendedora de Casa Heredia (para los actos de campaña en “los barrios”), modelos de alta costura y originalidad para el acto de la jura, y otros diferentes pero igualmente bellos para acompañar a su esposo en sus frecuentes visitas a la Casa Blanca. Más artículos de la categoría Política |






