Weblogs y diarios: La nueva convergencia digital |
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Escrito por el domingo, 15 de julio de 2007 (Ha sido leído 1438 veces) El nacimiento y auge de la denominada blogósfera han sido acontecimientos saludados con reverencia desde los cuatro costados del planeta. La aparición de los "espacios de escritura personal" fue interpretada, en su momento, como una forma de rebeldía frente a la hegemonía de los grandes "medios tradicionales"; una contestación a su rigidez, pero, sobre todo, una crítica frontal a su reconocida permeabilidad a los intereses particulares más variados. Siguiendo una línea muy consistente -aunque no por ello menos discutible- de la nueva comunicación digital, la mayoría de los blogs han crecido como "espacios colaborativos". Es decir, como lugares en donde -junto a la pluma del autor- convergen otras "inspiraciones", la mayoría de las veces expresadas por escrito (aunque últimamente también con imágenes y vídeos) que, en forma de comentarios a un tema principal, se dice, contribuyen a "enriquecerlo". Probablemente, esta forma de concebir y practicar la blogmanía sea la que mejor distingue a estos espacios de expresión de las versiones digitales de los medios de comunicación que ya conocíamos en el siglo XX. Pero en un momento dado de su evolución, los weblogs no sólo ganaron en empuje, en adeptos y en lectores sino que también llegaron a convertirse, muchas veces sin razón para ello, en medios más creíbles, más transparentes y más fiables que los otros. Los medios tradicionales contraatacanLa reacción de la prensa "tradicional", por supuesto, no se hizo esperar. Nada sería para ellos que los weblogs les superaran en tráfico y audiencia: lo verdaderamente grave fue que el auge de la blogósfera comenzaba a erosionar su credibilidad. Por esta razón, sin pensárselo demasiado, algunos medios importantes decidieron empezar a crear weblogs a diestro y siniestro, para los temas más variados, y -lo que es más preocupante- decidieron "abrir" sus contenidos "normales", o una mayoría de ellos, a los comentarios y apostillas de los lectores. Aparecieron entonces los bloggers asalariados y con carnet profesional, los que no escriben por vocación sino por razón de su contrato de trabajo. Y se fue formando otra casta: la de "los comentadores", supuestos espontáneos prestos a inundar de subjetividad las páginas escritas por profesionales. Los blogs conservan la delanteraPero la "bloguización" de los medios tradicionales, que continúa y no parece tener límites, no debería llamarnos tanto la atención como el fenómeno contrario, es decir, la "conversión", cada vez más acelerada, cada vez más perfecta, de algunos blogs en medios más estructurados, más responsables, con mayor capacidad de rendir cuentas y a la búsqueda de nuevos estándares editoriales. No cabe duda, pues, de que estamos frente a un proceso de acelerada convergencia entre los espacios de comunicación tradicionales y los más vanguardistas. Los primeros luchan por hacerse con las herramientas que cimentan el éxito de los segundos; y estos últimos buscan reaccionar contra el verdadero cáncer de la comunicación pública de la primera década del siglo XXI: la falta de estándares editoriales y la ausencia de responsabilidad en los contenidos. Pero los weblogs siguen llevando la delantera y marcando el ritmo del cambio: Mientras los diarios se esfuerzan en recibir comentarios de sus lectores, en nombre de una cierta "democracia participativa" en la construcción y difusión de la información, que nadie reivindica, los weblogs más serios, los que se afanan por volver a encontrar el camino de los estándares y de la accountability, se están cerrando a los comentarios de terceros. Este fenómeno obedece a los altos costes económicos que suponen el espacio para hospedar estos contenidos arbitrarios, la adquisición de tecnologías de lucha contra el SPAM y la dedicación humana de un tiempo valioso a la tarea de "moderación" de los comentarios. Pero también -y muy especialmente- obedece a la necesidad de asegurar la consistencia de la información, reforzar su seriedad y evitar manipulaciones y abusos. Las nuevas claves: responsabilidad y capacidad de rendir cuentasProbablemente no haya nada más pernicioso para la comunicación humana de estos tiempos que los contenidos destructivos, difamatorios e injuriosos que inundan la web sin que exista un responsable. Abrir un medio de noticias a los comentarios anónimos de los lectores comporta hoy tanto como consagrar la impunidad para el insulto, la descalificación, la injuria, la imputación arbitraria de delitos y para otras conductas igualmente peligrosas. El final de estas prácticas abusivas no se adivina demasiado lejano. Cuando los jueces y tribunales comiencen a ver en ciertos disclaimers al uso (como "este sitio no se responsabiliza por los comentarios vertidos por sus visitantes") una pantalla para encubrir la irresponsabilidad profesional de los medios o, aun peor, una forma disimulada de fomentar la calumnia anónima, no tendrán más remedio que condenar a los responsables de estas webs, si no ya por complicidad necesaria, por lo menos por negligencia criminal. Internet está lleno hoy en día de códigos de buenas prácticas, de catálogos de valores y de un sinfín de buenos propósitos que, a decir verdad, en poco contribuyen a hacer de este espacio un lugar en donde primen la tolerancia, la calidad y la responsabilidad en los contenidos. La inflación informativa despojada de estas cualidades amenaza con volver ingobernables a nuestras sociedades y con convertir a nuestros semejantes en sospechosos. Peor aún: el crecimiento incontrolado de la información amenaza con liquidar el consenso sobre el que se asienta nuestra convivencia. La batalla por encontrar el equilibrio entre dos formas aparentemente antagónicas de entender y practicar la información pública no ha hecho sino comenzar. La convergencia entre los medios tradicionales y los weblogs es un proceso que estamos obligados a seguir de cerca y a controlar, si de verdad estamos convencidos de que los derechos a informar y a la libre expresión no son más valiosos que nuestro derecho a existir como personas con un mínimo de honor y dignidad. Más artículos de la categoría Economía y sociedad |





