Ejecutivos modernos y ejecutivos desaseados |
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Escrito por el martes, 14 de agosto de 2007 (Ha sido leído 2296 veces) Mientras la esquina que fuera de la CASA AMARILLA se remoza de la mano de la nueva generación de ejecutivos de tienda SAN JUAN, el edificio de la antigua tienda LA MUNDIAL padece la negligencia de un favorito del Régimen. Los turistas que, por centenares, disfrutan paseando por el centro de la ciudad de Salta se sorprenden por el estado de conservación de dos esquinas tradicionales. La una, impecable, es la ubicada en Caseros y Alberdi. La otra, cochambrosa, es la esquina de Mitre y Belgrano. La primera luce el empuje de la nueva generación que está tomando el relevo de Tienda SAN JUAN. La segunda padece la negligencia del candidato que aspira a representar, no al pueblo de Salta como manda la Constitución, sino nada menos que al actual Gobernador de la Provincia y, por ende a su saga y a sus intereses. Una representación que se anuncia como una suerte de reaseguro frente a eventuales y nunca descartables tentaciones independentistas que pudieran apoderarse del espíritu calchaquí de don Walter WAYAR Pues bien, la tienda SAN JUAN, nacida en un estrecho local donde una familia de emigrantes vendía jabones marca OMBU y otras menudencias, se fue expandiendo hasta cubrir miles de metros cuadrados en la mejor esquina de la ciudad. Su anterior salto, producido alrededor de los años 60, le permitió derribar a la por ese entonces convocante CASA AMARILLA a la que acudían los salteños encumbrados a surtirse de vinos, quesos y productos de ultramar y, de paso, a contemplar la serena belleza de las hijas del propietario. En aquel tiempo, los salteños rebeldes -pero también los conservadores- se sintieron molestos tanto por la caída de la CASA AMARILLA, como por su reemplazo por un galpón vulgar que albergó a la segunda etapa de la SAN JUAN. Los pocos izquierdistas denunciaron el régimen de privilegios fiscales con el que el Estado provincial subsidió la edificación de aquello que afeaba el casco histórico, pese a las innovaciones introducidas por la familia propietaria. Las generosas rebajas, los amplios surtidos, los modos de exhibir la mercadería, la contundente publicidad radial leída por Omar VILLALBA, el Cacho Fontana local, ni los sorteos instantáneos de media mañana vocalizados por uno de los antiguos propietarios, lograron reducir el malestar de los afrancesados estetas salteños con el galpón colocado justo enfrente del espléndido Cabildo. Pero la nueva generación de ejecutivos de la empresa familiar decidió, en estos días, emprender la renovación de la dilatada fachada de la tienda, elevando los escaparates y cerrándolos con modernos cristales, y revistiendo las paredes exteriores con placas de granito gris que evocan al lejano Corte Inglés de las ciudades españolas, meca de los turistas salteños tributarios de la estética del régimen. En el otro extremo, el atildado albañil que anuncia a la ciudad y al mundo su propósito de construir trincheras para defender, como diputado, a su verdadero mandante (como queda dicho, el señor Juan Carlos Romero y no el pueblo de la Provincia), deja caer en manos de la suciedad y el mal olor la esquina que años atrás albergara a LA MUNDIAL, la tienda de la familia Fernández que vestía a socios y no socios del emblemático Club y que nada tenía que envidiar a la prestigiosa tienda BEST de la madrileña calle de Serrano. El candidato a “diputado de Romero”, que por su edad, sus modales y su vestimenta se presenta como un “ejecutivo brillante” de los tantos que encarnan a un régimen que presume de modernidad y eficacia y, en cuanto tal, se presenta como algo irremplazable, desnuda sus ideas urbanísticas tolerando que la antigua fachada de LA MUNDIAL aparezca teñida de antiguas suciedades, que sus veredas luzcan rotas y grasientas, y que sus cordones acumulen aguas propias del Tagarete del Tío Alejandro. Y conste que nada costaría al hoy favorito presidente del Instituto Provincial del Seguro, el mismo que logró derrotar nada menos que a Don Pila, dar la orden de embellecer el sobrio edificio de Mitre y Belgrano, para aquietar a los salteños preocupados por la estética urbana, para complacer a su mandante (“el verdadero Alcalde, el Sultán), y para indirectamente rendir un merecido homenaje a los señores Fernández que crearon LA MUNDIAL y fueron exitosos sin depender de ningún gobierno y sin estar emparentados con la saga de los Fernández que hoy mandan en todo el territorio de la República, excluida -por ahora- la Provincia de Salta. Más artículos de la categoría Municipales |


