Las reglas del ascenso social en Salta (apuntes de un aficionado) (II) |
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Escrito por el martes, 21 de agosto de 2007 (Ha sido leído 1951 veces) Se incluye, a continuación, la segunda de las tres notas referidas a la evolución de la movilidad social en Salta, durante la larga historia provincial. Las presiones aperturistas de los sesentaEn los años 60, al compás de las grandes revoluciones producidas en el mundo, la sociedad salteña experimentó una saludable apertura que, sin llegar a eclipsar al antiguo y poderoso tradicionalismo, dio origen a una suerte de cultura alternativa. Se abrieron (o entreabrieron) compuertas; determinados prejuicios comenzaron a ser ridiculizados por ciertos jóvenes portadores de nuevos valores e inquietudes; algunas mujeres evolucionaron hacia la autonomía; y la censura se reveló impotente para frenar la circulación de ideas renovadoras. Dentro del terreno estrictamente económico, mientras que el desarrollismo facilitó la emergencia de nuevos agentes económicos (nuevos ricos), la vocación de las familias tradicionales por la prole numerosa erosionó hasta destruir patrimonios otrora sólidos. Por lo que se refiere a la belleza y el talento, hay que decir que ambos factores comenzaron a funcionar como vehículos aptos para promover el ascenso social; tanto, como los matrimonios entre miembros de la clase ahora empobrecida y los nuevos ricos. Con la particularidad de que ni la belleza ni el talento estuvieron sometidos, en tanto y en cuanto agentes de movilidad social, a vasallajes ideológicos; tampoco a exigencias contrarias a la dignidad de las personas. En el mundo de la actividad política las cosas sucedían de un modo algo diferente: en realidad, el desempeño de funciones públicas influía escasamente en el posicionamiento social de los funcionarios. No se conocen casos de gobernantes enriquecidos abrupta y groseramente por el ejercicio de cargos públicos; en rigor de verdad, si bien muchos ricos continuaron detentando posiciones de poder e influencia, este período registró una importante democratización de los poderes del Estado. La afirmación anterior no desconoce que, en períodos muy acotados de la historia política salteña, algunos gobernantes, moviéndose en los márgenes de tolerancia de la legislación y la cultura vigentes, aprovecharon su cercanía con el poder del Estado, para consolidar sus patrimonios (Salta tuvo su propia versión de la llamada "patria contratista"). Cabe recordar que uno de los casos más notorios de ventajas obtenidas a raíz de decisiones de gobierno (la liquidación de los bienes del disuelto Partido Peronista), no tuvo como protagonistas a personalidades que detentaran el poder en el momento de producirse tal liquidación. La inevitablemente flaca memoria de este cronista no registra casos resonantes de abusos del poder para fomentar aventuras amorosas. Seguramente las hubo, pero forzoso será concluir que fueron acotadas, discretísimas y dentro del espacio de la dominante heterosexualidad. Eran tiempos en donde los códigos del honor, aún tolerando la infidelidad masculina (sobre todo cuando ésta se daba entre individuos pertenecientes a círculos sociales diferentes), rechazaba enfáticamente el hecho que un dirigente político pusiera a su amante a cargo de los Presupuestos del Estado, o solventara juicios por alimentos colocando a la ofendida en el plantel del Correo, por poner un ejemplo hipotético. En la judicatura y la administración el mérito comenzó a reemplazar al parentesco como vía excluyente de acceso a ciertos cargos medios y bajos. Bien es verdad que las lealtades partidarias y el amiguismo mostraron un singular empuje entre los años 60 y 70. La segregación por razones ideológicas que practicaron los sucesivos gobiernos locales, fueron la contracara de este mismo fenómeno. Más artículos de la categoría Economía y sociedad |





