Mañana del 10 de octubre, mañana de sangre

Imprimir E-Mail
Escrito por Armando Caro Figueroa, el miércoles, 10 de octubre de 2007 (Ha sido leído 2047 veces)
Una fresca mañana de un día como hoy pero cerca de 140 años atrás, los salteños del centro de la ciudad temblaron, sin que trepidara la tierra. Es decir, temblaron los bienpensantes, los pudientes y puede que sus séquitos.

Era inminente el arribo del coronel Felipe Varela, un aguerrido catamarqueño que había hecho la guerra a las órdenes de Justo José de Urquiza y del Chacho Peñaloza.

Llegaba a la aldeana y conservadora Salta precedido de terrible fama, que lo mostraba como hombre sin límites, capaz de saquear y de vejar.

Sin embargo, caballerescamente, invitó a las exiguas tropas salteñas a batallar fuera del recinto civil, lejos de las casas y de las iglesias. Al parecer, los retados prefirieron, guiados por la prudencia, rehuir el lance y se atrincheraron. Desconfiaban, en realidad, de las verdaderas intenciones del Coronel Navarro, antiguo chachista (lejanos tiempos donde ser chachista era sinónimo de hidalguía).

Recuérdese que, antes de profanar Salta, el caudillo había enfrentado a Rosas y a Mitre, lo que mas tarde desorientaría a algunos revisionistas históricos del siglo XX.

Estos revisionistas persisten en negar la existencia de los saqueos a Salta. Según estas fuentes, el Coronel Felipe Varela habría sido más inocuo que el Sultán. En cualquier caso es seguro que el tenaz Coronel catamarqueño, a diferencia de la tropa oriunda de La Quesera, respetó árboles y bosques.

Su estampa romántica, su anacrónico sombrero y sus singulares bigotes presidieron, en los años 70, y con claro afán provocador, los despachos de ciertos rebeldes abogados salteños; para sorpresa de sus poco informados clientes que tendían a confundir al mítico guerrillero con uno de los abuelos de cada letrado contestatario.

Todavía cien años después los reales antepasados de quienes así honraban al Coronel hablaban, sin ocultar un ligero temblor en sus labios, de “los Varela” como sinónimo de tropelías y de vejámenes. Don José Ríos, en su bella zamba, se inclinó por la historia oficial.

En esos mismos años 70, un grupo pequeño de ex piadosos usurpó el nombre de las antiguas milicias sublevadas contra el poder porteño y en las que descolló Felipe Varela. Nada que ver.

Mas tarde las furias de la dictadura obligaron a casi todos aquellos letrados a reemplazar la estampa del Coronel Varela por inofensivas fotos del monumento a la Bandera.

El 10 de diciembre de 1866 el Coronel Varela lanzó vibrante proclama. He aquí el texto firmado por este hombre de triste y quizá injusta memoria en Salta.

"¡Argentinos! El pabellón de mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre, ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuty, Curuzú y Curupayty. Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en más de cien millones y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda lagrimeando juró respetarla".

"Tal es el odio que aquellos fratricidas porteños tienen a los provincianos, que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y asesinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio: Sarmiento, Sandes, Paunero, Campos, Irrazával y otros varios dignos de Mitre."

"¡Basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón, sin conciencia! ¡Cincuenta mil víctimas inmoladas sin causa justificable dan testimonio flagrante de la triste e insoportable situación que atravesamos y que es tiempo de contener!"

"¡Abajo los infractores de la ley! ¡Abajo los traidores de la Patria! ¡Abajo los mercaderes de las cruces de Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre argentina y oriental! Nuestro programa es la práctica estricta de la constitución jurada, del orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas."

"¡Compatriotas nacionalistas! El campo de la lid nos mostrará el enemigo. Allí los invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo."

Más artículos de la categoría Historia y tradición
 

Publicidad

Nuestros números




visitas acumuladas

Hay 7 invitados en línea
ok
eXTReMe Tracker