Un barrio de ricos, de famosos y de pobres |
|
|
|
Escrito por el miércoles, 21 de noviembre de 2007 (Ha sido leído 2900 veces) Los aledaños de la calle Deán Funes al 400, constituyen un singular espacio urbano con sorprendentes derivaciones sociales y políticas. La palabra “barrio” resulta, en este caso, excesiva para referirse al interesante fenómeno de la calle Deán Funes al 400 en la ciudad de Salta. Como es sabido, las grandes ciudades modernas reflejan en la distribución y en el paisaje de los barrios o áreas urbanas su estructura social estamental. Sucede otro tanto con los cementerios, las zonas comerciales e incluso las iglesias. En realidad, las ciudades se organizan del modo más idóneo para recoger la segmentación social, sin perjuicio de que el tejido asociativo que integran clubes, sindicatos y demás organizaciones nacidas para agrupar afinidades, venga a reforzar esta forma de vida urbana y las plurales divisiones que atraviesan una sociedad territorialmente acotada. La Salta contemporánea, con sus barrios cerrados, sus valles escondidos, sus enclaves preferidos por el lujo y la riqueza, y los asentamientos donde se hacinan los pobres, es bastante diferente de la ciudad pequeña, provinciana, amable y sabida que fue la Salta de los años sesenta, marcada por una cierta preponderancia urbana de las clases medias y por la hegemonía política y social de las familias que componían la “gente decente”. Mucho se ha escrito y hablado sobre la necesidad de organizar y estudiar los intrincados lazos familiares que han dado carácter y tono a la Salta tradicional, para comprender acabadamente la política, la historia y la economía locales. De estudiarlos apelando a ciencias como la Genealogía (bastante desarrollada en Salta), y las sociologías de la familia, de la arquitectura y de las honras fúnebres (que cosechan pocos cultores entre nuestros comprovincianos). Pero la calle Deán Funes al 400 y sus aledaños situados a no más de cien metros a la redonda, es un caso difícilmente verificable en otras latitudes. Me propongo, como antiguo habitante de esta calle singular, mostrar algunos datos de su vecindario vinculando la pertenencia barrial con la vida política, económica y social de aquella Salta que fue entre los años 1950 y 1980. Aquí vivieron carniceros (como don César que rebanó el dedo meñique a una clienta quejosa, o como su feroz sucesor Apolinar Tapia que competía de igual a igual con el donjuán isleño); peluqueros (el ibérico don Luis Gorjón, o el Nono Zaro muy emparentado, trabajador incansable y honrado); comerciantes exitosos (don Gualberto Barbieri dueño de una salinera que fabricaba la famosa sal Queuar, don Juan Montagna con almacén de comestibles y bebidas, don Tomás Raventós Rodes, exiliado catalán propietario de una importante curtiembre, don Cesáreo Monje del almacén y fiambrería “La Soriana” que luego vendió a la familia Farah, el señor Miguel Sastre, dedicado al comercio de granos, o el señor Jorge Ovidio Carrera representante de primeras marcas de bebidas y limpieza como los jabones Kop); importantes agricultores (los señores Cadena o Juan Gana); analistas del juego de petanca o bochas (don Antenor Diez); recicladores de vidrios y cartones (don Fermín Sotillo, un benefactor); expertos en aguas y cloacas (don Gianni Ferraresi); artesanas de los dulces regionales (doña Emilse Zabalza); fabricantes de pastas frescas (el matrimonio italiano Sona-Lisi de "La Romana"); plomeros de emergencia (“Fetidez Única”, entre otros); zapateros remendones (“Ayuyutito” Barrios, el hombre del altiplano que enamoraba hasta el apasionamiento a mucamas y cocineras); odontólogos clásicos (don Teófilo Fierro Yapura, que hasta bien entrados los años 60 persistía en el uso del torno a pedal) o renovadores (como doña Sara Adela Caro de Korzeniecky); mimbreros (Odilón Rasguido, maestro de maestros de la guitarra); burladores y donjuanes (un esmirriado repartidor de leche de La Isla); empresarios de la construcción (Don Victorio Binda, que erigió el puente mas largo de la Argentina, en La Banda -Santiago del Estero, y don Santiago Agolio); abogados, procuradores y escribanos de nota (Ricardo Cabrera, Santiago Fiori, Adolfo Arias Linares); finos caballeros y damas elegantes (Juan y Dionisio Medrano Ortiz, las señoritas Chiti, o aquella analista de materias orgánicas cuyas piernas deslumbraban a los adolescentes del barrio); bellas niñas (“La Virgencita” Arias Almagro, las chicas Esteban, Patricia Peña); atractivas divorciadas que buscaban "rehacer sus vidas"; vendedores de corralón de materiales (Antuco); sindicatos (Luz y Fuerza) y sindicalistas (Ahuerma de FOETRA o Hicancho Molina del SUPE); polistas (Ricardo Patrón Costas); tenistas (Carlos Göttling); clubes de fútbol (aquel Club Libertad fundado por anarquistas que no pudieron evitar el funcionamiento de un bar en el que se daban cita grandes bebedores); relojeros (Quirino Roldán); agentes de la secreta (Cachilo Sánchez); médicos de renombre (Espeche, Marinaro o Koss); damas cultas y devotas (las hermanas Bridoux y Podestá, Angelina y Clarisa Figueroa); líderes tradicionalistas (don José González Villafañe); directoras de escuela (Maria Antonia Figueroa y Figueroa, Alcira Caro de Medrano); el Cónsul de Chile; enérgicas administradoras domésticas (tía Tere); austeros bailarines del tango clásico (el severo inspector de comercio más conocido como Musimesi en honor a su parecido con el inmortal Elías, arquero de Boca Juniors); las "fieles servidoras" Sabina, venida de San Antonio de los Cobres y Yolanda, Ayuta, Fermina y Catalina, la Rubilinga Loca, las hermanitas Marta y Antonia llegadas desde Iruya, Chirusa, quienes luego llegarían a formar -todas- hogares pujantes y nobles; inquilinos puntillosos y pulcros (el señor Rosa de la Veterinaria); farmacéuticos de un solo diagnóstico (aquel almeriense para quién cualquier dolencia era productos de la "debeledá"); tintoreros infalibles (como “Solvente” Onaga); mecánicos de alta escuela (que frecuentaban el taller “El Chamaco” erigido en el canchón de tía Paca); artistas plásticos (como el prolífico escultor Arancibia). Sin olvidar a los dos primeros industriales metalúrgicos de Salta: los hermanos Briones. En el barrio encontraron novias o esposas destacados dirigentes políticos como don Juan Bautista Romero (abuelo de Juan Carlos), Juan Manuel Urtubey, Marcelo López Arias, el teniente Coronel Sánchez. Los vínculos de los vecinos con el mundo de la política son sorprendentes. Allí vivieron gobernadores (don Roberto Romero, su hijo Juan Carlos, y Juan Manuel Urtubey); candidatos a Gobernador (Alberto Espeche); ministros (Saravia Toledo, Atilio Osvaldo y J. Armando Caro, Enrique Pfister Frías); altos mandos de la policía local (Eugenio Di Rico, Elías Boleas, o el citado José Gonzalez Villafañe); convencionales constituyentes (don Francisco Uriburu Michel, don Fernando Saravia Toledo); generales del ejército (Francisco Martínez); subsecretarios (Carlos A. Romero, conocido como Don Pila, y Aníbal O. Caro); diputados nacionales (Ricardo Munir Falú, Alfredo Pérez Vidal); magistrados (Héctor Yarade, Rodolfo Urtubey, Roque López Echenique, Rogelio Saravia Toledo). Como no podía ser de otra manera, en este estrecho espacio provincial se sucedieron crímenes pasionales y asesinatos espeluznantes (como el de aquella abuela asesinada por su nietecito), conflictos y desencuentros vecinales (unas veces producidos por ruidos que interrumpían siestas y otros por aventuras de zaguán), estallaron bombas terroristas, nacieron amistades duraderas (algunas de las cuales produjeron sus efectos en la vida política local), se filmaron películas, se frustraron algunos robos (merced, por ejemplo, al ingenio de aquel vecino desconfiado que amarraba a un árbol y con una poderosa cadena su popular Estanciera; o al arrojo de don José González Villafañe, que puso en fuga a un amigo de lo ajeno que intentó penetrar en casa sus vecinos de al lado), pero no pudieron impedirse otros (como el del emblemático Ford 38 de mi padre, hurtado por un militar sin graduación). Por sus calles pasearon Bigote Dulce (vilmente mutilado por delincuentes que le asaltaron); el repartidor de pan a caballo de panaderías “La Princesa”; el distribuidor de kerosén de “San Martín y Mendía”; Magdalena, la portentosa modelo que usó Guillermo Divito para crear sus famosas chicas y cuyas espléndidas caderas y curvas sufrieron un intento de agresión por parte de un vecino imberbe); mi adorada maestra de primer superior; el ciego místico que predicaba en los zaguanes de las casas aterrorizando a los niños; la marchante “Mamita Zanahoria”; el mal llamado “Turco Hindú” con su turbante gastado y su carrito con fruta de segunda; el canillita Rodolfo Aramayo; el exquisito pintor Guillermo Usandivaras; el cabo don Ramón Román Romano; Panchito Caliva "el de la vianda"; el segurata que terminó legislando; los doctores Mario A. Salvadores y Roberto Castro; el lechero de marras; el hielero de Casa Simkin; el heladero del barquito con los colores de Boca; y, engalanándolas, el profesor de historia y educación democrática don Carlos Cornejo Costas. Y, recuérdese, todo esto en no mas de 100 metros a la redonda. Más artículos de la categoría Personajes de Salta |






