Acerca de la necesidad de poner fin a un 'apareamiento incestuoso'

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Escrito por Victor Palacios Cabrera (ISAP), el jueves, 22 de noviembre de 2007 (Ha sido leído 1381 veces)
Una lectura, a la luz de la realidad salteña, del reciente libro de Al Gore.

En los tiempos que corren, y en otros tiempos también, mucho es lo que se ha escrito y se escribe sobre la crisis de la democracia, sobre los peligros que se ciernen sobre las libertades y sobre la igualdad.

Sin embargo, el reciente libro del líder del Partido Demócrata de los Estados Unidos de América, Al GORE, constituye si acaso el mas severo llamado de atención acerca de los ataques demoledores que, en una de las democracias mas avanzadas y antiguas, están produciéndose contra la razón y los principios que hicieron posible el debate de ideas, la participación efectiva de los ciudadanos en la toma de decisiones y la alternancia en el poder de diferentes opciones políticas.

El libro, por su contenido, por la información que maneja y por la personalidad y trayectoria de su autor, conmueve pronto a la sensibilidad democrática, con independencia de las fronteras donde esta sensibilidad se manifieste.

Las tremendas evidencias que GORE relata respecto de las mentiras a las que apeló el Presidente George W. BUSH para embarcar a su país en la guerra contra Irak (las mismas mentiras que le permitieron lograr consensos silenciosos o actitudes indiferentes en otras latitudes del planeta), constituyen en vivo ejemplo de la fragilidad de las modernas democracias.

Si la manipulación de las conciencias a través de la mentira, el miedo, el odio, la desinformación o el fanatismo, ha provocado enormes daños y amenaza a la democracia estadounidense, es fácil deducir la magnitud que alcanza esta misma amenaza cuando el análisis se traslada a repúblicas como la Argentina o a espacios mas acotados como la Provincia de Salta.

Se me antoja que a cualquier lector, suficientemente despierto e independiente, le será fácil encontrar en este libro analogías entre ciertas circunstancias de la vida política argentina bajo la hegemonía de la familia KIRCHNER y el fenómeno que con lujo de detalles y argumentos expone Al GORE con la mirada puesta en su país.

Y ello es así por cuanto la enorme capacidad de la televisión para modelar las conciencias, hasta llegar a determinar una porción importante de los votos en las elecciones, es prácticamente igual de amplia en ambos países. El imperio de lo banal y de lo efímero, la divulgación de contenidos destinados a ocultar la realidad, las maniobras orientadas a desviar la agenda pública en el sentido que más conviene a los poderes fácticos, la proscripción de la inteligencia independiente, son algunas de las características que emparienta a las televisiones de la Argentina y de los EEUU.

Nuestro autor, con machaconas citas al pensamiento de los “Padres Fundadores” de la república norteamericana, es enfático a la hora de valorar el imperio de la razón (frente al irracionalismo y la mera ignorancia) y de las libertades de expresión y de prensa, como condiciones sine qua non de la democracia moderna.

Sus abrumadoras denuncias acerca del “apareamiento incestuoso del poder y el dinero” apuntan a mostrar el funcionamiento real del régimen político estadounidense creado y asentado por George W. Bush, a la par que sirven para construir un principio de validez universal.

Allí donde riqueza y poder actúan en estrecho maridaje, la democracia está amenazada; corren riesgos sus valores y sus principios, y también sus reglas de procedimiento.

Por la sencilla razón de que el dinero ha encontrado, en la televisión y en las modernas técnicas del marketing y de la propaganda, una herramienta política eficaz, selectiva (en tanto está solamente al alcance de las fortunas más sólidas, sean estas individuales o corporativas), e indolora. Una herramienta política cuyos verdaderos detentadores pueden ocultar su identidad y que, en determinados casos, puede permitirles dar auténticos golpes de Estado incruentos, anónimos y concitadores de amplios consensos sociales fabricados.

En tales circunstancias, el poder (entendido como esta confluencia de riqueza, televisión y control del aparato del Estado por los agentes de la misma riqueza), expulsa del espacio público a la razón y a sus portadores naturales: intelectuales y pensadores independientes, ciudadanos dotados del sentido común.

Las fuerzas que bajo esta confluencia funesta se aposentan en los poderes públicos han descubierto, o redescubierto, la influencia destructora del miedo sobre la razón y sobre el comportamiento meditado de los ciudadanos. La amenaza terrorista, avivada tras el vil atentado del 11 de septiembre de 2001, fue inescrupulosamente utilizada por el Presidente Bush para disponer severas restricciones a las libertades y para avanzar sobre el sistema de controles y equilibrios que está en el código genético de la democracia estadounidense.

El libro de Al GORE instruye también sobre las dimensiones de los nuevos riesgos globales que se ciernen sobre la nación norteamericana y también, y por definición, sobre todo el planeta: crisis medioambiental, escasez de agua, terrorismo, drogas y corrupción, y pandemias.

2. Pero, mas allá de estas breves y deshilvanadas referencias al libro de Al GORE, mi propósito es extraer del texto algunas reflexiones vinculadas con la realidad política y cultura de la Salta que se apresta a vivir, esperanzada, un cambio político de gran calado.

Demás está decir que el Gobernador saliente utilizó, no solo durante la campaña y con efectos devastadores sobre la cultura cívica, el arma del miedo. Miedo al cambio, miedo a disgustar al poder, miedo a no figurar en las listas de las ayudas, miedo a los secretarios privados, miedo a no ganar licitaciones amañadas, miedo a no escalar, miedo a perder el puesto público.

El desdén por el equilibrio medioambiental es otra de las similitudes entre las políticas del republicano del norte y el caudillo del sur. Fue así como, por ejemplo, el señor Juan Carlos Romero nunca tomó debidamente en cuenta las amenazas que ciertas actividades humanas provocan sobre el planeta, frente a las que se movió con una mezcla de incredulidad, complicidad y cinismo, como lo prueban las recientes declaraciones en el sentido de que la conservación del bosque nativo “acarrea el peligro de convertir a Salta en un pulmón verde de la Argentina”.

Sobre este último punto, es casi imposible que el Gobernador saliente esté convencido de tamaño disparate conceptual. Usa el argumento del modo que recomiendan los expertos en propaganda y manipulación; el mismo que llevó al señor Bush a denominar a su proyecto para talar bosques nativos como “iniciativa de los bosques sanos”.

La búsqueda afanosa del poder absoluto, esto es, de la supresión de la división de poderes y de la anulación de las instancias de control ciudadano, es otro elemento mas de los muchos que identifican la trayectoria del Gobernador saliente y de su admirado vecino de La Florida.

Por supuesto que en Salta las fórmulas utilizadas para esta creación de un régimen hegemónico fueron más burdas: el clientelismo asociado a la pobreza y a la política social rebajaron las necesidades de inversión publicitaria, lo mismo que el hecho de que el anterior Gobernador fuera el propietario del mas poderoso grupo mediático de la Provincia.

El control abrumador de la legislatura (logrado merced a absurdas leyes electorales) y de amplios segmentos del poder judicial, no requirieron en el caso de Salta de elementos sofisticados como la teoría del “ejecutivo unificado” (aunque hay quién dice que el Arquitecto del régimen salteño es un apasionado lector d Samuel Alito), o de los “dictámenes firmados”, una creación original del constitucionalismo del norte.

La inexistencia, en Salta y a diferencia de lo que ocurre en EEUU, de un sólido segmento de economía de mercado y, correlativamente, las dimensiones fantásticas del capitalismo de amigos que ha cultivado son singular esmero el régimen anterior, agrava, si acaso, las consecuencias dañosas que para la democracia salteña tiene el maridaje entre poder y riqueza.

De todo lo anterior es fácil deducir la magnitud de los desafíos que enfrenta el señor Juan Manuel Urtubey, siendo quizá el fomento del acceso de los salteños a Internet, la garantía de la libertad de expresión y la promoción de la libertad de prensa, el primer bloque de medidas que deba adoptar, para restaurar la democracia herida, pero también como garantía de gobernabilidad y de desarrollo de su mandato.

El siguiente paso, tan urgente como el anterior, tendrá que ser la quiebra de los lazos entre la riqueza y el poder. Por peligroso, intrincado y duro que esto resulte.


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