Presentado el Diccionario de Americanismos de Salta y Jujuy |
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Escrito por el miércoles, 08 de noviembre de 2006 (Ha sido leído 4163 veces)Mandaron la yuta al DiccionarioCuando un joven Manuel Castilla apodó a uno de sus hijos Guaira y al otro Teuco, las palabras discurrían –lo mismo que ahora- en el norte argentino como un viento o como un río que no reconocía márgenes entre las lenguas. A Castilla le gustaban las palabras vinieran de donde viniesen y cuando ya no las podía utilizar en sus obras, se las zampaba a sus hijos. Titiritero uno y poeta el otro, los hijos del autor de “La tierra de uno” aún tienen que informar a muchísimos que se lo preguntan que guaira viene del quechua y significa viento, y que teuco es una palabra de origen toba y significa río. Lo mismo que un padre cuarentón no sólo tiene que advertir a sus hijos que no se hagan la yuta. Tiene que darles, además, una pequeña clase del uso y significado del término en no tan lejanos tiempos. Pero teuco, guaira y yuta han sido ahora recogidas en el nuevo Diccionario de Americanismos en Salta y Jujuy (DASyJ), de los profesores María Fanny Osán de Pérez Sáez y Vicente J. Pérez Sáez, publicado con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Provincia y presentado el viernes pasado en esta ciudad. En sus casi 900 páginas, el diccionario recoge nada menos que trece mil quinientos “americanismos” de uso en Salta y Jujuy que sus autores fueron recolectando desde hace al menos dos décadas mientras “recorrían las calles de las ciudades, las rutas principales, caminos sin pavimento y sendas sin demarcar”, en el marco de diversos proyectos del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Salta. Allí escuchaban de sus interlocutores a veces palabras “con ecos ancestrales” que se les antojaban únicas y también vocablos de uso en otros países de habla hispana pero con significados específicos en Salta y Jujuy. Términos de remotísimos orígenes indígenas o castellanos, pero también algún otro de indudable procedencia inglesa que adoptó sin problemas el español de salteños y jujeños. Palabras que utilizaron también un Francisco Zamora, un Héctor Tizón, un Juan Carlos Dávalos, o un Raúl Galán en sus novelas, cuentos o poesías. Así en el diccionario conviven –como lo hacen también en el habla de jujeños y salteños- , términos como chirimbolo, cuzco, ñaño, long play, catucho, antarca, yuta y llica, a muchos de los cuales el Word acostumbra aún subrayar en rojo. Voces en ocasiones utilizadas por miles y miles de salteños y jujeños, y en otras por minúsculas poblaciones de ambas provincias. Algunas con uso extendido entre los norteños, otras que apenas se usan ya y estaban, como el yaguareté, en serio peligro de extinción. El Diccionario de Regionalismos de Salta (1949), de José Vicente Solá es tal vez el antecedente más conocido de los salteños, pero también los trabajos lexicográficos de Juan Carlos Dávalos, los ficheros y glosarios de Augusto Raúl Cortázar y, para el caso de Jujuy, los trabajos de Andrés Fidalgo y de Teófilo Sánchez de Bustamante. El DASyJ, según sus autores, aprovecha sus aportes pero al mismo tiempo “incorpora a su propio contenido y a la organización de su macro y micro estructura los principios de las nuevas orientaciones de la Lexicografía teórica y práctica, con el auxilio de las ciencias lingüísticas, especialmente de la Sociolingüística, la Gramática, la Teoría de la comunicación, la Etnoantropología y el Folklore”. Isabel Cortazar de Seghezzo, Olga Armatta, Nelly Vargas Orellana, Susana Palacios, Claudia Forgione de Pelissero y Margarita Fleming de Cornejo también colaboraron en el nuevo Diccionario que se volverá indispensable para lectores espontáneos de habla española o extranjeros, estudiantes, docentes, profesionales de la comunicación, operadores turísticos e investigadores. Y también para periodistas. Con su lectura se conoce que “zampar” significa por aquí “dirigirse con palabras rudas, desconsideradas u ofensivas o contar algo de modo inesperado o crudamente”, así que lo más posible es que Castilla no le haya zampado los mencionados apodos a sus hijos. De todos modos, el Diccionario no tiene propósitos normativos y nadie debería invocarlo para prohibir algún uso de un término puesto que, por lo que se colige de la lectura del DASyJ, el español de jujeños y salteños sigue moviéndose como el viento y el río, desde sus orígenes remotos. Por el contrario, los autores parecen requerir de los lectores el mismo espíritu con que Neruda perseguía las palabras. “Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto…” Más artículos de la categoría Cultura |


