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Elogio de la Pomada Cobra

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Escrito por Luis Caro Figueroa, el miércoles, 08 de noviembre de 2006 (Ha sido leído 2918 veces)
Nuestros escritores y poetas -a los salteños me refiero- no se cansan de exaltar las virtudes "socializadoras" del vino. Otros, un poco más allá de nuestras fronteras, se han encargado de hacer algo parecido con el café. Ambos fluidos están conectados, al parecer, con la sociabilidad humana o, lo que es casi lo mismo, con la capacidad de los de nuestra especie de trabarnos en conversación con otros semejantes.

Si hacemos caso a estos apologistas del vino y el café (dejaré aquí de lado a los que defienden el hábito de fumar), no existe mejor costumbre para animar las tertulias y para estimular nuestros reflejos conversatorios, que un buen vaso de vino o una humeante taza de café.

Pomada Cobra
Pomada Cobra
Pero si ajustamos nuestro análisis al ámbito de las costumbres más típicamente salteñas, descubriremos con sorpresa que las conversaciones más animadas, las de mejor contenido, aquellas más organizadas, más cultas y mejor llevadas, no tienen ni al vino ni al café como mediadores. La observación detenida y profunda nos revela que estas nuestras más ricas conversaciones se producen generalmente -y por abrumadora mayoría- cuando requerimos los servicios de un "lustra" o reclinamos nuestra cabeza en un sillón de peluquero o peluquera.

Es en estas ocasiones donde explota con fuerza toda nuestra verborrágica salteñidad. Especialmente cuando estamos "con un pie en el cajón" y nos sometemos al ritual ancestral de "la pomada y la tinta", que son esparcidas por nuestro calzado con una singular maestría por el lustra en cuestión y en dosis que parecen haber sido previamente calculadas por una supercomputadora.

Creo que si los salteños somos honestos de verdad, en lugar de cantar loas al vino y al café, señalándolos como los auténticos y únicos propiciadores de nuestras habilidades oratorias, debiéramos de erigir un monumento a la Pomada Cobra (se admiten postulaciones de otras marcas) en un lugar destacado del centro capitalino.

Imagino a este futuro monumento, en su faz abstracta como un acto de elemental justicia, y en su faz arquitectónica no muy diferente al monumento erigido al "Alfajor Teuco" en plena plaza central de Cerrillos, obra de un intendente que, paradójicamente, regenteaba una panadería. Vamos, que hasta se podrían copiar los planos.

La pomada Cobra representa, para muchos salteños, más de lo que encierra su recipiente. Desde luego es difícil imaginar que nuestros lustras hubieran podido desarrollar tan sacrificado oficio, y mantenerlo a lo largo de los años, de no ser por aquellas aromáticas latitas. Es difícil encontrarse a alguien que no se sintiera íntimamente renovado después de aspirar por unos minutos aquel balsámico aroma, entre rancio y empireumático. Así como es casi imposible encontrar a algún salteño que haya conseguido obtener los mismos efectos, en su casa, con una lata de pomada comprada en un supermercado. Todos sabemos que huelen parecido, pero que por mucho que lo intentemos, ni con una batería de cepillos y abrillantadores, podríamos lograr en casa el efecto "charol espejo" que prometen y consiguen nuestros lustras más habilidosos.

Quién no ha elogiado alguna vez el sistema de apertura de la Pomada Cobra, la famosa espita en forma de mariposa, virtualmente infalible, que no nos condenaba -como las latas de Nivea, por ejemplo- a dejarnos las uñas en el intento. Quién no ha lamentado alguna vez haber olvidado una lata en el fondo del ropero por mucho tiempo y encontrarse su contenido ya duro y reseco.

En mis épocas, cuando se preguntaba a los niños de corta edad lo que querían ser "cuando sean grandes", a las tradicionales profesiones de abogados, médicos y bomberos, agregaban la de "lustra". Muchos padres solían regalar a sus hijos, para la fiesta de Reyes o el día del niño, un cajoncito de lustrar bien equipado, en el que nunca faltaban latas de los tres "gustos" principales de la pomada Cobra: el negro, el marrón y el incoloro. Hoy, con el avance de las tecnologías, el progreso y la comodidad, los niños quieren ser hackers, brokers o concejales. La profesión de "lustra", como otras, está afectada también por la llamada "carencia de vocaciones".

Pero así como deseamos que este oficio tan nuestro perviva, en condiciones cada vez más dignas y seguras, anhelamos que la tradicional pomada Cobra siga estimulando nuestras mejores conversaciones, nuestros mejores encuentros y nuestro mejor humor.


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