Sinceridad aborigen

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Escrito por Iruya.com, el viernes, 10 de noviembre de 2006 (Ha sido leído 3154 veces)
Al promediar los años ochenta, el viejo canal 11 de Salta, en un intento de extender su cobertura televisiva a áreas pobladas del interior provincial que se hallaban algo olvidadas, resolvió poner al aire, durante algún tiempo, un interesante programa conducido y producido por el periodista Eduardo 'Tuna' Esper.

El programa era una especie de magazine con temas variados, que se ocupaba de la vida cultural, social y deportiva del norte de la Provincia de Salta. Si no obtuvo más audiencia fue seguramente debido a que las máquinas U-matic de la emisora habían envejecido un poco y su respuesta en materia de ancho de banda era tan deficiente que reducía la fina estampa de Esper a unas sombras de tono ocre algo desdibujadas.

Pero el plato fuerte del programa era la parte deportiva y, dentro de ésta, el espacio dedicado a los ardientes partidos de la Liga del Bermejo, en muchos de cuyos equipos militaban habilidosos jugadores pertenecientes a etnias locales.

El Canal 7 de Buenos Aires, con Mauro Viale y Enrique Macaya Márquez, había impuesto la moda de transmitir los partidos intercalando una entrevista a los jugadores que convertían un gol, pero no al final del partido sino inmediatamente después de ocurrida la jugada. Ésto sólo era posible, claro está, en los partidos que se emitían en diferido.

Image Siguiendo esa línea de estilo, el conductor del espacio salteño se esmeraba en recabar la opinión de los goleadores al finalizar el encuentro y en pedirles que describieran la jugada.

Una tarde, Esper corrió varios metros para interceptar a un fornido aborigen que había, literalmente, roto la red de un potente disparo, asegurando el triunfo de su equipo. La pregunta del periodista no se hizo esperar: ¿Cómo fue su gol?

El todavía jadeante jugador, sorprendido por la entrevista, en lugar de despacharse con un lenguaje rebuscado, prefirió optar por la naturalidad y, haciéndose cargo de sus limitaciones en el empleo de la lengua de Cervantes, respondió a Esper de esta guisa: yoi parao la chuta con el pecho, ai nomás mi davueltao y PRRRR, ¡hasta l'aca!

Lo más curioso, es que para dar una mejor idea de la violencia del tiro, el aborigen hizo una sonora "pedorreta" (prrrrr) al tiempo que con el puño derecho a la altura de su pecho, hacía una seña de una obscenidad inconfundible.

"Así se meten los goles, mi amigo", apostilló Esper, cerrando una de las notas más inolvidables que haya producido la televisión salteña en muchos años.
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